Sor Faustina, apóstol de la Divina Misericordia nos enseña: “Dios es bueno y nos ama a todos. Su más grande deseo es sanarnos y perdonarnos con su corazón misericordioso”
Soy María Faustina Kowalska, llamada la apóstol de la Misericordia. Nací en Polonia en 1905 en una familia humilde.
Desde pequeña quise ser religiosa, pero mis padres no me lo permitían. A los 18 años, en un baile, donde todo era alegría, yo sentí una profunda tristeza. De pronto vi a mi lado a Jesús crucificado, cubierto de heridas, y me dijo: “Hija mía, ¿hasta cuándo me harás sufrir?. Abandoné el baile y acudí a la iglesia más cercana donde escuché estas palabras: “Ve inmediatamente a Varsovia, ahí encontrarás un convento”.
Después de 1 año ingresé a la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia.
En 1931, estando en mi celda, vi a Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada y con la otra tocaba su pecho del que salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido, y me pidió que pintara su imagen con la inscripción: “Jesús, en Ti confío”. “Deseo que esta imagen sea venerada primero en tu capilla y luego en el mundo entero”
Fui canonizada el 30 de abril del 2000, por el Papa Juan Pablo II quien instituyó la fiesta de la Divina Misericordia para el segundo domingo de Pascua como lo pidió mi Señor.
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