Te alabo, Señor, por tu grandeza que nos entregaste en tu humildad desbordante que todo lo llena. Te doy gracias por tu espera eterna que acoge a los corazones arrepentidos que buscan tu consuelo.
Inunda mi alma con tu Santo Espíritu para poder vivir la Cuaresma como un tiempo de gracia. Acompáñame en este proceso de peregrinación interior y transformación de mi vida. Hazme ver todo aquello que debo cambiar, mis debilidades e imperfecciones que debo mejorar. Dame tu fuerza y perseverancia para luchar contra aquello que endurece mi corazón.
Te doy gracias, Señor, porque sé que me miras con ternura y paciencia y porque tu mirada me consuela, me llena de paz y me colma de esperanza.
Amén
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