Tú eres nuestra esperanza, porque el mismo Jesús nos confió a ti en la hora de la cruz
Tú eres nuestra esperanza, María, porque has conocido todos los sufrimientos de nuestra pobre humanidad: la pobreza en Belén, las amenazas de la persecución y la huida al destierro, la inquietud de la peregrinación a Jerusalén, la angustia de la noche el Jueves Santo, los tormentos del camino del Calvario, la soledad al pie de la cruz.
Tú eres nuestra esperanza, porque en todas las circunstancias supiste corresponder completamente a la voluntad del Señor.
Tú eres nuestra esperanza, porque el mismo Jesús nos confió a ti en la hora de la cruz. Confiamos en ti como un niño confía en su madre, llévanos hasta tu Hijo Jesús: ayúdanos a seguirle hasta el fin en la certeza de que nuestra esperanza no sea defraudada.
Amén
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