Que tu amor, oh Divino Redentor, arda en mi interior como fuego abrasador. Que tu presencia en la Eucaristía sea la fuente de mi fuerza y mi consuelo.
Oh María, Madre Inmaculada, te tomo como mi Madre y Maestra. A través de ti, quiero estar unido a Jesús Sacramentado. Imploro tu poderosa intercesión para que mi consagración sea sincera y duradera. Que tu Corazón Inmaculado sea mi refugio y mi guía, y que tu amor me lleve a una unión cada vez más profunda con Jesús en la Eucaristía.
Que el Espíritu Santo me ilumine y me fortalezca para vivir según tu voluntad, oh Jesús, y para ser testigo de tu amor en el mundo. Que tu Reino se extienda en cada corazón, y que la Eucaristía sea el centro de nuestras vidas.
Amén
San Maximiliano Kolbe
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