San Juan Diego, nos cuenta como fue su encuentro con ¡Santa María de Guadalupe!
Soy San Juan Diego, hoy quiero contarles mi encuentro con ¡Santa María de Guadalupe!
Era diciembre de 1531 caminaba por el cerro del Tepeyac, de pronto oí una voz que me llamaba: “Juanito, Juan Dieguito.”
Subí el cerro para ver quién era. Al llegar a la cima ¡la vi, era Ella, mi Señora con deslumbrante belleza!
Entonces me dijo: “Juanito, Juan Dieguito, ¡el más pequeño de mis hijos, deseo que me levanten aquí una casita, para dar mi amor y remediar las penas de todos mis hijos! Ve y exprésale mi deseo al obispo.
Fui ante el obispo Fray Juan de Zumárraga, pero no me creyó.
Mi Señora volvió al cerro pidiendo que insistiera. El obispo dudando, me pidió una señal.
Nuestra Madre prometió darla, pero mi tío, Juan Bernardino, cayó enfermo. Corrí en busca de un sacerdote tomando otro camino temiendo que mi Señora me detuviera.
¡Sin embargo, me encontró! Y al ver mi tristeza, dijo: “¿Por qué te asustas y afliges, no estoy yo aquí que soy tu Madre? Tu tío no morirá, está sanó.”
Lleno de gozo, subí al cerro donde mi Señora me envió, ¡lo encontré en pleno invierno, cubierto de hermosas rosas! Las corté y guardé cuidadosamente en mi tilma para llevarlas al obispo.
Al extender mi manto ante él, las rosas cayeron al suelo y en la tilma apareció la imagen milagrosa de Nuestra Señora de Guadalupe.
Todos cayeron de rodillas y el obispo mandó a construir el templo que nuestra Madre pedía al pie del Tepeyac.
Hoy, encontramos allí la hermosa Basílica de Santa María de Guadalupe, donde su imagen nos recibe con amor, brinda protección y consuelo.
¡Recordemos que la Madre de Dios, se quedó entre nosotros en mi sencilla tilma! Aun siendo yo, ¡el más pequeño y humilde de todos sus hijos!
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