Santa Bernardita nos enseña que Dios elige a los sencillos y de corazón puro.
¡Mis pequeños!
Soy Bernardita Soubirous. Nací en Lourdes, Francia. Cuando era niña, deseaba con todo mi corazón hacer la Primera Comunión.
Mi vida cambió cuando el 11 febrero de 1858 fui a buscar leña a la Gruta de Massabièlle. Ahí vi a una señora vestida de blanco, con cinturón azul, un rosario y una rosa amarilla en cada pie. Era resplandeciente y transmitía paz, como todo lo que viene del cielo.
En una de sus 18 apariciones, la Santísima Virgen me habló así: “Di a los sacerdotes que aquí mismo me levanten un Santuario”, “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Y en ese lugar, la Virgen hizo nacer una manantial milagroso que, por el poder del agua y su bendición, ha sanado a miles de peregrinos.
También me dijo: “No prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el próximo”.
En la “Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers”, fui enfermera y sacristana.
Padecí penas y enfermedades, las que ofrecí a Dios y así, a mis 35 años, recibí como premio el cielo.
Hoy mi cuerpo existe, como si estuviera dormida, es decir, permanece incorrupto.
Años más tarde, el Papa Pío XI me declaró santa.
Recuerden, pequeños: Dios elige a los sencillos y de corazón puro.
“Yo vi a la Virgen”. Sí, la vi, la vi. ¡Qué hermosa era!
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