“Hay que amar a Dios con la contemplación, también hay que amar al prójimo con la acción”
Hoy 4 de abril la Iglesia celebra a san Isidoro. Nació en Sevilla (España) en el año 556. Era el menor de cuatro hermanos, quienes también fueron elevados a los altares: san Leandro, san Fulgencio y santa Florentina. Su hermano mayor, san Leandro, que era obispo de Sevilla, se encargó de su educación logrando que el santo adquiriese el hábito de dedicar mucho tiempo al estudio y a la oración. Al morir Leandro, san Isidoro ocupó el cargo de obispo de Sevilla, y por 38 años administró la diócesis con notables éxitos, fue el obispo más sabio de su tiempo en España.
Es el último de los padres latinos. Se formó con lecturas de texto de Marcial, san Agustín, Cicerón y san Gregorio Magno con el que mantuvo una gran amistad. Poseía la mejor biblioteca de la nación. Escribió varios libros, entre ellos el más famoso fue “Las etimologías”, el primer diccionario que se hizo en Europa. También escribió “La historia de los visigodos” y biografías de hombres ilustres. Muchos historiadores y teólogos consideran al santo como un puente entre la Edad Antigua y la Edad Media que empezaba.
Fue figura principal en el Concilio de Toledo en el año 663, del cual salieron leyes significativas para toda la Iglesia de España y que contribuyeron a mantener firme la religiosidad en el país. Su influencia fue muy importante en toda Europa, principalmente en España, su ejemplo llevó a muchos a dedicar su tiempo libre al estudio y a las buenas lecturas. De todas las ciencias la que más le agradaba y recomendaba era el estudio de la Sagrada Biblia, escribió unos comentarios acerca de cada uno de sus libros.
Se preocupaba mucho por la instrucción del clero, por esto, se encargó de que en cada diócesis hubiera un colegio para preparar a los futuros sacerdotes, lo cual fue como una preparación a los seminaristas que siglos más tarde se iban a fundar en todas partes.
Decía san Ildefonso: “La facilidad de palabra era tan admirable en san Isidoro, que las multitudes acudían de todas partes a escucharle y todos quedaban maravillados de su sabiduría y del gran bien que se obtenía al oir sus enseñanzas”.
Su amor por los pobres era inmenso, como sus limosnas eran tan generosas, era continuamente visitado por gente necesitada.
Cuando sintió que iba a morir, pidió perdón públicamente por todas las faltas cometidas y rogó que oraran por él. Murió el 4 de abril de 636. El Concilio de Toledo lo denominó “gloria de la Iglesia Católica”. Fue canonizado por Clemente VIII en 1598. En 1722 Inocencio XIII lo proclamó Doctor de la Iglesia.
En el día de su celebración pidamos a san Isidoro su intersección
para saber combinar conocimiento y santidad, como él supo hacerlo, porque hasta el cielo no paramos.