El negro Manuel, primer devoto de Nuestra Señora de Luján
Por la señal de la Santa Cruz+
de nuestros enemigos +
líbranos, Señor, Dios nuestro +
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo +
Oración inicial
Madrecita de Luján, que acompañas mi caminar, a ti acudo con confianza, en Dios pongo mi alegría y mi pesar. Tú, que conoces mis alegrías, ayúdame a dar gracias siempre. Tú, que estás conmigo en mis penas, no te apartes de mí. Tú, que eres Madre de todos, enséñame a ser hermano y prójimo del necesitado. A ti encomiendo mi vida, mi patria y mi familia. Amén.
Lectura bíblica del tercer día:
“Cantaré eternamente el amor del Señor, proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones” Salmo 89, 2
El negro Manuel, que había sido bautizado con ese nombre, estuvo en el momento del milagro cuando la Virgen elije quedarse en esas tierras. Consideró que aquella era una señal divina. El resto de la caravana continuó su camino, junto con la otra imagen de la Virgen.
El negro Manuel se quedó en ese paraje para cuidar a la Virgen, nunca se apartó de ella. Fue testigo de la construcción de la primer ermita o capilla de adobe y paja. Comenzó a recibir a paisanos y familias que llegaban de distintos lugares, en sencilla peregrinación, mientras Manuel con esmero y devoción, mantenía siempre una vela, día y noche, iluminando la imagen. También ungía a los enfermos con el cebo de las velas para curar sus males.
Este hombre, dedicado como muchos de los suyos a ayudar en tareas rurales, se consideraba el esclavo de la Virgen. Manuel vino de África como un esclavo, sufriendo lo que sufrió, encontró en la Virgen alguien que lo quería. En la figura del negro Manuel, María elige a los pobres y más necesitados.
- Pedir la gracia que se desea alcanzar de Nuestra Señora de Luján en esta novena.
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
Oración final
¡Oh Virgen de Luján que señalas el camino de nuestro peregrinar! Haz que la prudencia de tu corazón la cultivemos también hoy, para que nuestras lámparas se aviven con una ardiente llama de fe, el pabilo de la esperanza y el aceite del amor, como verdaderos templos de Dios. Amén.
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén +