Por la señal de la Santa Cruz+
de nuestros enemigos +
líbranos, Señor, Dios nuestro +
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo +
Amén +
Acto de contrición
Pésame Dios mío, me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido, pésame por el infierno que merecí, por el cielo que perdí, pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como vos, antes querría haber muerto que haberte ofendido y propongo firmemente no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
Oración introductoria
Mi buen JESÚS, mi Redentor y amigo.
¿Qué tengo yo que Tú no me hayas dado?
¿Qué se yo que Tú no me hayas enseñado?
¿Qué valgo yo, si yo no estoy contigo?
¿Qué puedo yo, si Tú no estás conmigo?
Gusanillo en el mundo desterrado,
que busca solo en Ti, su Bien amado,
puesto que eres la meta que persigo.
Sin vanidad, Señor, por ti me hiciste;
sin que te lo rogase, me criaste,
Señor, mi Dios… ¡y en la cruz me redimiste!
Si en criarme y redimirme te esforzaste,
¿qué menos obrarás de lo que obraste,
en perdonar la obra que Tú hiciste?
Meditación Diaria
Día cuarto: Francisco y los enfermos
Francisco se dedicó al cuidado de su madre, que padeció de ceguera. Ya había muerto su padre y esto lo llevó a no solo cuidar de su madre, sino también a tanta gente que padecía enfermedad por la peste que acechaba a la sociedad española. Se dedicó a cada enfermo con un amor solícito y sin miedo a contagiarse.
El cristiano está llamado a cuidar a los enfermos. En ellos vemos el rostro verdadero de Dios, es en el enfermo donde encontramos nuestra fortaleza. En Montilla, Francisco hizo grandes milagros con los enfermos de allí; vos podés hacer grandes milagros a tu alrededor mostrando cariño y afecto a los que te rodean.
Reflexión: ¿Visito a los enfermos? ¿Hay alguien que necesite de mi visita? ¿Me preocupo por quien me rodea?
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
Oración final
Señor, que diste a tu iglesia un fervoroso evangelizador en san Francisco Solano, te pedimos, por tu intercesión, un ardiente deseo de predicar la Palabra de tu Hijo Jesucristo, con ocasión o sin ella, en cada momento de nuestra vida diaria. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.