Por la señal de la Santa Cruz+
de nuestros enemigos +
líbranos, Señor, Dios nuestro +
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo +
Amén +
Acto de contrición
Pésame Dios mío, me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido, pésame por el infierno que merecí, por el cielo que perdí, pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como vos, antes querría haber muerto que haberte ofendido y propongo firmemente no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
Oración introductoria
Mi buen JESÚS, mi Redentor y amigo.
¿Qué tengo yo que Tú no me hayas dado?
¿Qué se yo que Tú no me hayas enseñado?
¿Qué valgo yo, si yo no estoy contigo?
¿Qué puedo yo, si Tú no estás conmigo?
Gusanillo en el mundo desterrado,
que busca solo en Ti, su Bien amado,
puesto que eres la meta que persigo.
Sin vanidad, Señor, por ti me hiciste;
sin que te lo rogase, me criaste,
Señor, mi Dios… ¡y en la cruz me redimiste!
Si en criarme y redimirme te esforzaste,
¿qué menos obrarás de lo que obraste,
en perdonar la obra que Tú hiciste?
Meditación Diaria
Día tercero: Francisco y el sacerdocio
Francisco fue ordenado sacerdote en 1576, perteneciendo a la Orden de los Franciscanos. Vivió la espiritualidad de san Francisco, eso lo llevó a amar la pobreza arduamente. El ser desprendido es uno de los elementos claves del sacerdocio. Unido a esto podemos ver su gran amor por evangelizar. Su gran deseo era poder ir a misionar en África y la providencia de Dios lo trajo a misionar en nuestras tierras.
Un sacerdote debe ser misionero por esencia, todo cristiano debe caminar en esta tierra como discípulo-misionero. Hoy Francisco nos invita a buscar hombres para que Dios les encargue la mayor obra que puede dar: “anunciar su Reino”.
Reflexión: ¿Rezo por las vocaciones sacerdotales? ¿Acompaño a los sacerdotes de mi comunidad? ¿Me preocupo por los sacerdotes y les muestro mi cercanía?
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
Oración final
Señor, que diste a tu iglesia un fervoroso evangelizador en san Francisco Solano, te pedimos, por tu intercesión, un ardiente deseo de predicar la Palabra de tu Hijo Jesucristo, con ocasión o sin ella, en cada momento de nuestra vida diaria. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.