La santa de la caridad
Por la señal de la Santa Cruz+
de nuestros enemigos +
líbranos, Señor, Dios nuestro +
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo +
Oración inicial
Santa Teresa de Calcuta, tú permitiste que el amor sediento de Jesús en la cruz, se convirtiese en una llama viva dentro de ti. Llegaste a ser luz de su amor para todos.
Enséñame a dejar que Jesús entre y posea todo mi ser, tan completamente, que mi vida también pueda irradiar luz y amor hacia los demás. Amén.
Lectura bíblica del noveno día:
“Que cada uno de conforme a lo que ha resuelto en su corazón, no de mala gana o por la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría” 2 Corintios 9, 7
Al final de su vida, la Madre Teresa enfrentó problemas de salud. Murió en Calcuta el 5 de septiembre de 1997, tenía 87 años.
San Juan Pablo II la beatificó, y decía: “Su vida es un testimonio de dignidad. Ella había elegido ser no sólo la más pequeña, sino la sierva de los más pequeños. Su grandeza reside en su capacidad de dar, “de dar hasta que duela”.
En septiembre de 2016, el papa Francisco la canonizaba expresando: “la Madre Teresa, en todos los aspectos de su vida, fue una generosa dispensadora de la misericordia divina. Para ella, la misericordia era la “sal”, que daba sabor a su obra, era la “luz” que brillaba en la oscuridad de los muchos que ya no tenían lágrimas para derramar por su pobreza y su sufrimiento”.
Hoy en día, la Madre Teresa es un emblema de la caridad en todo el mundo, aunque su viaje espiritual nos recuerda que el camino hacia la santidad, nunca es fácil.
- Pedir la gracia que se desea alcanzar de santa Teresa de Calcuta en esta novena.
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
Oración final
Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida; cuando tenga sed, dame alguien que precise agua; cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor; cuando sufra, dame alguien que necesite consuelo; cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro; cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado; cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos; cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien; cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos, cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender; cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona.
Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos. Dales, a través de nuestras manos, no solo el pan de cada día, sino también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo. Amén
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén +