El secreto de la Madre Teresa
Por la señal de la Santa Cruz+
de nuestros enemigos +
líbranos, Señor, Dios nuestro +
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo +
Oración inicial
Santa Teresa de Calcuta, tú permitiste que el amor sediento de Jesús en la cruz, se convirtiese en una llama viva dentro de ti. Llegaste a ser luz de su amor para todos.
Enséñame a dejar que Jesús entre y posea todo mi ser, tan completamente, que mi vida también pueda irradiar luz y amor hacia los demás. Amén.
Lectura bíblica del sexto día:
“Perseveren en la oración, velando siempre en ella con acción de gracias” Colosenses 4, 2
El secreto de la Madre Teresa y de sus Misioneros de la Caridad es aquel que Jesús enseñó en el Evangelio: la oración.
Para la Madre Teresa, se revela en una secuencia de inevitable lógica, anotado en unos pequeños cartones, que ella repartía como tarjetas de visitas:
- El fruto del silencio es la oración
- El fruto de la oración es la fe
- El fruto de la fe es el amor
- El fruto del amor es el servicio
- El fruto del servicio es la paz.
Madre Teresa decía: “Cuando miramos la cruz, vemos cuanto nos amó Jesús. Cuando miramos el tabernáculo, vemos cuánto nos ama. A menudo, la mejor forma de rezar, es volviendo nuestra mirada intensa y ferviente hacia Cristo: yo lo miro y Él me mira”.
No es posible comprometerse en el apostolado sin ser un alma de oración, sin olvidarse constantemente de sí mismo y sin someterse a la voluntad de Dios, para que Él pueda pensar a través de nuestro espíritu y trabajar a través de nuestras manos, porque todo lo podemos, si su fuerza está con nosotros.
- Pedir la gracia que se desea alcanzar de santa Teresa de Calcuta en esta novena.
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
Oración final
Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida; cuando tenga sed, dame alguien que precise agua; cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor; cuando sufra, dame alguien que necesite consuelo; cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro; cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado; cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos; cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien; cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos, cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender; cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona.
Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos. Dales, a través de nuestras manos, no solo el pan de cada día, sino también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo. Amén
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén +