“Oh sí, la gruta era mi cielo”
Por la señal de la Santa Cruz +
de nuestros enemigos +
líbranos, Señor, Dios nuestro +
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo +
Oración Inicial
Madre Inmaculada, que mostraste tu gran amor a los hombres, apareciendo en la gruta de Lourdes e instruyendo a la joven Bernardita; te rogamos que alegres nuestros corazones. Y así, como hiciste brotar en la gruta de Lourdes un hermoso manantial de aguas cristalinas para curar el cuerpo, derrama sobre nuestras almas las más dulces y fértiles aguas de la gracia, que sacien nuestra sed de las cosas de la tierra, y que limpien nuestro espíritu para ser dignos de entrar en la gloria del cielo. Amén.
Lectura bíblica del noveno día:
“Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos” Mateo 5, 3
Cuando terminaron las apariciones, fueron aumentando las multitudes, cosa que alegró mucho a Bernardita. Todos los que iban a pedir gracias a la gruta, querían verla, escucharla, hablarle. Por su delicada salud no podía atenderlos. Debía a menudo, estar en cama. Las religiosas la recibieron en el asilo de Lourdes, para tratar de darle una vida más tranquila, enseñarle a leer y escribir, y cuidar de su salud.
Sintiéndose llamada a la vida religiosa, deja el asilo para irse al noviciado. Mientras prepara su partida, le ofrecen ir a la gruta a despedirse. Bernardita sintió una gran angustia. Le costaba alejarse de Lourdes, separarse de su familia, sobre todo dejar la gruta, donde tantas veces había conversado con la Virgen. En la gruta, se arrodilla y con lágrimas en los ojos dijo: “Oh sí, la gruta era mi cielo”. Y así dejó Lourdes para siempre.
En la gruta, Bernardita había prometido ser una víctima ofrecida por los pecadores, y esto le fue plenamente concedido. Supo de sufrimientos íntimos, de mortificaciones voluntarias, de dolorosas enfermedades y de humillaciones, que se transformaron para ella en camino de santidad.
- Pedir la gracia que se desea alcanzar de Nuestra Señora de Lourdes en esta novena.
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
Oración Final
Santa María, Madre de Dios y de la Iglesia, que quisiste aparecer en Lourdes para invitarnos a todos a la oración, la penitencia y conversión; acudimos a ti, Madre nuestra, con la esperanza de conseguir tu ayuda. Te pedimos que nos acerques cada día más al que es para nosotros: “Camino, Verdad y Vida”, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén +