Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración para todos los días
Todopoderoso y Eterno Dios, cuyo poder y bondad se manifiesta en los santos, elegidos por Ti, antes de la creación del mundo, para ser testigos de tu santidad y alabanza de tu gloria.
Te damos gracias por las virtudes que hiciste resplandecer en tu siervo San Nicolás,
protector de pobres, de doncellas, de niños, de perseguidos, de navegantes;
y buscador ferviente de la Unidad de la Iglesia.
Al venerarlo hoy como protector de nuestra parroquia, te pedimos llenos de confianza, que sigas alimentando nuestro espíritu con la fe que él anunció, con la esperanza que él vivió, y con la caridad que él practicó.
Te pedimos también la gracia particular que ahora te presentamos (breve silencio). A ti, Señor, fuente de toda santidad, la gloria, el honor y el poder por los siglos de los siglos.
Amén.
Tercer día
La ciudad de Mira, actualmente llamada Demre, ciudad de 2000 habitantes, sufría en el tiempo de San Nicolás, días de persecución y de herejías. Licinio había llevado la persecución en Oriente, a límites muy sangrientos. Nicolás fue encarcelado y desterrado, y liberado después por el emperador Constantino a raiz del Decreto de Milán. Entre tanto Arrio enseñaba la herejía de que Cristo no era de la misma naturaleza que el padre. Para afrontar la herejía se celebró el Concilio de Nicea, al que fueron convocados 318 obispos de Oriente y de Occidente. Entre ellos estaba San Nicolás, según consta en la relación de obispos orientales asistentes. El Concilio proclamó que Cristo es “engendrado, y no creado; de la misma naturaleza que el Padre”, como seguimos rezando en el Credo.
Preces
- Oremos hoy por todos los obispos del mundo; para que nos transmitan fielmente la fe de la Iglesia. Roguemos al Señor.
- Para que sean fieles a su ministerio en medio de la persecución, de la indiferencia, y de todos los retos de nuestro tiempo. Roguemos al Señor.
(Padre nuestro, Avemaría y Gloria)
Oración final
Imploramos, Señor, tu misericorida,
y te suplicamos, que, por intercesión de tu obispo San Nicolás,
nos protejas en todos los peligros de alma y cuerpo,
para que podamos caminar seguros por la senda de la salvación.
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.