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Pidamos al Señor que el nos transforme

por Card. Rubén Salazar Gómez
la-voz-del-pastor-2-septiembre

Cada domingo el Evangelio nos va aclarando nos va iluminando acerca de uno de los aspectos fundamentales que tiene nuestra vida cristiana como discípulos misioneros del señor Jesucristo, por eso el mensaje de este domingo es sumamente importante escuchemos con atención.

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 7,1-8. 14-15. 21-23

En aquel tiempo se reunieron junto a Jesús los Fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén, y dieron y algunos discípulos comían con manos impuras, es decir sin lavarse las manos, pues los Fariseos como los demás Judíos no comen sin lavarse ante las manos restregando, bien aferrándose a la tradición de sus
mayores y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos jarras y ollas.
 Y los Fariseos y los escribas le preguntaron
¿por que no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras? él les contestó bien profetizó Isaías de ustedes hipócritas, como está escrito, este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
  El culto que me dan está vacío porque la doctrina que enseñan sombre excepto su manto dejan a un lado el mandamiento de dios para aferrarse a la tradición de los hombres.
  Llamo Jesús de nuevo a la gente, y les dijo, escuchen y entiendan todos nada que tres de fuera puede hacer al hombre impuro, lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre, porque de dentro del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo frivolidad.
Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.

 Palabra del Señor

 

 

 

Transcripción la voz del pastor 02 de septiembre  de 2018

La ley se nos presenta siempre como algo que viene de fuera, son preceptos son normas, son disciplinas, son mandamientos que vienen de afuera, pero hoy el Señor nos hace tomar conciencia de que el verdadero cumplimiento de la ley tiene que nacer del corazón.
 
De un corazón que debe purificarse, ¿qué significa purificar el corazón? el Señor en el Evangelio nos lo dice de una manera muy clara de dentro del corazón nacen las vanidades las variedades pero también hacen los pecados grandes, las injusticias, las violencias, todo todo aquello que se traduce en ese ser incapaces de vivir juntos, de respetarnos de aceptarnos de ser solidarios y fraternos todo eso nace de un corazón que está podrido, que está dañado, porque es un corazón egoísta, porque es un corazón que busca solamente su propio bien, porque es un corazón en el cual somos duros, duros como una piedra incapaces de amar, por eso es tan importante el que nosotros entremos dentro de nosotros mismos y nos
Examinemos, miremos qué es lo que tenemos allá en el fondo de nuestro corazón,
cuáles son nuestros deseos qué es lo que buscamos a veces inconscientemente, ¿qué es aquello por lo cual estamos dispuestos a sacrificar cualquier cosa?
 

Esto es lo que el Señor pide hoy de nosotros que analicemos nuestro corazón, y que seamos verdaderamente capaces de purificar el corazón ahora cómo purificamos el corazón la única manera de purificar el corazón es acercarse al Señor, para que él nos transforme con la fuerza de su espíritu, ya el profeta Ezequiel nos decía que llegarán un día y que el cual el Señor
arrancará de nuestro interior el corazón de piedra y nos dará un corazón de carne.
 
Pues bien eso es lo que realiza cristo nuestro Señor por medio de su espíritu en nosotros nos limpia nos lava nos purifica transforma el corazón.
 
 Hoy deberíamos pedirle al señor de verdad Señor danos un corazón nuevo, danos un corazón capaz de amar danos un corazón verdaderamente solidario, y fraterno, porque entonces de verdad vamos a poder cumplir la ley, que es la ley del amor, porque toda la ley nosotros lo sabemos muy bien se resume en esas palabras: amarás al Señor tu Dios amarás a los demás como a tu prójimo pero eso repito no lo vamos a poder cumplir sino en la medida en que purifiquemos nuestro corazón, en que sabemos nuestro corazón, y eso es lo que el Señor hace en nosotros.
 
Ojalá hoy desde lo más profundo de ese corazón nuestro tantas veces egoísta e incapaz de amar pidamos al Señor que el nos transforme, nos cambie, nos haga de verdad sus discípulos nos haga capaces de amar como él nos ama como él nos amó hasta el extremo de entregarse a la cruz por nosotros, y como él permanentemente nos ama a lo largo de nuestra existencia.

 
El Señor viene a nosotros lo único que pide de nosotros es que le abramos el corazón para que él pueda actuar allí y transformarlos, hagamos.
 

La bendición de dios todopoderoso Padre Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén
 


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