«El enfermo que tiene fe se convierte en misionero de luz en medio de su amor»
Evangelio según san Mateo 5, 13-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
“Ustedes son la sal de la tierra, pero si la salve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla y que la pise la gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa.
Brilla así su luz ante los hombres para que vean sus buenas obras y den gloria a su Padre que está en los cielos.
Palabra del Señor
Transcripción de La Voz del Pastor del 8 de Febrero de 2026
El Señor está con nosotros. El Señor camina con nuestras familias. El Señor camina con nuestros pueblos. Y en esta semana vamos a celebrar a la Santísima Virgen María en la advocación de Nuestra Señora de Lourdes y celebraremos la Jornada Mundial del Enfermo. Por lo tanto, oraremos para que el Señor nos conceda la salud y oraremos por todos los servidores de la Pastoral de la Salud.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo,
clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
Ustedes son la luz del mundo, nos acaba de decir el Señor Jesús, capítulo 5 de san Mateo. Ustedes son la luz del mundo. Se lo está diciendo a los discípulos de aquel tiempo, pero nos lo dice a nosotros, los discípulos de todos los tiempos, hombres y mujeres, somos luz porque Él ilumina nuestra vida.
Desde el bautismo nosotros recibimos la luz de Jesús, nos convertimos en un pueblo que camina iluminado por Jesús, que ha dicho: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no camina en tinieblas. Tendrá la luz de la vida”. Por lo tanto, no es una luz propia, no es que nosotros brillemos por nuestras virtudes, es que la presencia de Jesús de Nazaret en nuestra vida nos hace brillar, y esa luz se convierte en obras, en obras concretas, en amor concreto. Y eso ilumina y llena de esperanza el corazón de los que sufren, de los que reciben la bondad y la misericordia de nuestras buenas obras.
Esa luz debe brillar en nuestras familias, esa luz debe brillar en nuestra sociedad, esa luz es Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, a quien nosotros seguimos, a quien amamos y a quien anunciamos con nuestro testimonio, con las obras y con nuestro estilo de vida.
Esta semana cuando vamos a celebrar la Jornada Mundial del Enfermo, el miércoles que es el 11 de febrero en la memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, queremos convertir en luz nuestras obras junto al enfermo, el niño, el anciano, el enfermo terminal. Todos cercanos a ellos somos cuidadores e iluminamos y llenamos de esperanza a quien está sufriendo la enfermedad. Pero cuando nos acercamos al enfermo, es el enfermo el que nos ilumina.
El enfermo que tiene fe, se convierte en misionero de luz en medio de su amor, de su paciencia y de su fortaleza.
Que el Señor ilumine nuestra vida y que podamos ser luz en el mundo.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
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