Evangelio según San Juan 17, 1-11a
Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo:
“Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti,
ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado.
Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste.
Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera.
Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra.
Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti,
porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos.
Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado.
Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti.”
Jn 17, 1-11: Glorificado
1) Levantó: Escuché alguna vez que uno en definitiva tiene el tamaño de los rivales que elige. El ser dueños de nuestras reacciones y nuestras actitudes nos hace comprender que el primer esfuerzo que uno tiene que trabajar es el propio. Uno debe desarrollar el “tolerar” y, al mismo tiempo, y por sobre todo, tiene que trabajar su propio carácter.
2) Enviado: Ser maduro es discernir qué es bueno para mi alimento espiritual. Hay cosas que pueden ser entretenidas, pero que no me alimentan. Es importante madurar en la vida espiritual y poder comprender qué me hace bien y qué me hace mal. Tampoco es bueno caer en una dependencia espiritual donde espero que el cura o el pastor me esté diciendo todo el tiempo qué está bien y qué está mal. Es importante trabajar los sentidos espirituales.
3) Contigo: Einstein decía: “Dios no juega a los dados con el Universo”. Porque todo tiene un orden y un proceso en la vida. Woody Allen, cuando le contaron esta frase de Einstein, dijo: “Yo no diría que juega a los dados, más bien diría que juega a las escondidas”. Por eso, en este tiempo de preparación para Pentecostés pedile a Dios el don de ciencia para poder verlo en tu vida y comprender por dónde va tu vida. Algo bueno está por venir.
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