El Señor está en el templo de Jerusalén, y ve como la gente da ofrendas para el templo y observa de muy delicadamente a una persona, escuchamos con atención:
Lectura del santo evangelio según san Marcos 12,38-44.
En aquel tiempo, Jesús instruyendo al gentío les decía: cuidado con los escribas les encanta pasearse con amplio ropaje, y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes, y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones, esos recibirán una condenación más rigurosa.
Estando Jesús sentado en frente del Tesoro del templo observaba a la gente que iba echando dinero, muchos ricos echaban mucho, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas, es decir, unos centavos.
Llamando a sus discípulos les dijo: en verdad les digo que está viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie, porque los demás han echado de lo que les sobra, pero está que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.
Palabra del señor.
Transcripción de La Voz del Pastor de noviembre 11 de 2018
La persona a la que el Señor observa de manera especial es una pobre viuda, las viudas en la antigüedad, especialmente en Israel, eran las personas más débiles, eran las personas generalmente más pobres, porque al perder el esposo, que las alimentaba, que las cuidaba, que era el que sostenía el hogar, pues indudablemente, quedaban en una situación de total desamparo por eso el hecho de que esta pobre viuda echó unas moneditas en la alcancía del templo, para el Señor es un gesto bellísimo que indica, como ella dio todo lo que tenía.
Miren ustedes, que el reto que nos plantea el Señor al ponernos de ejemplo la pobre viuda, es un reto enorme. Porque nosotros vivimos en una sociedad en que más bien, se nos pide acaparar, cada uno quiere cada vez tener más cada Uno, quiere cada vez más dinero, más comodidad, más cuestiones materiales, más edificios, más casas, más carros, etcétera. (Xanax)
Vivimos a la cacería de los bienes materiales, el eslogan, el tema fundamental de la sociedad del que vivimos escapare tenga cada vez más. Y el Señor aquí nos pone como ejemplo a una viuda que teniendo posición dio lo poquísimo, que tiene qué significa esto para nosotros esto significa que en lugar de acaparar nosotros tenemos que ver cómo lo que recibimos del Señor que muchos siempre lo podemos compartir con los que más.
Necesitan nosotros vivimos en un país en el que hay muchos pobres muchos, pocos la tercera parte de la población es pobre, decir vive bajo los niveles fundamentales de los necesarios para subsistir dignamente, y hay un porcentaje dentro de esa tercera parte de pobres hay un porcentaje muy alto de miserables, o sea de aquellos que no tienen nada que cada día se despiertan sin saber si van a poder sobrevivir a lo largo del día.
Esto significa que nosotros no podemos ser indiferentes frente a la situación del país, no podemos ser indiferentes y por otra parte, nos encontramos con un creciente afecto por la corrupción y que la corrupción es robar el dinero, que le pertenece a los demás, robar el dinero que les pertenece a los más pobres, para tenerlo yo, para acapararlo, qué contradicción absurda la que vivimos nosotros en Colombia, La pobreza y la corrupción tenemos que romperlo pero como lo vamos romper indudablemente, que son necesarias las leyes anticorrupción pero más que eso lo que tenemos es que cambiar profundamente nuestro corazón, tomar una conciencia clara de que no somos dueños absolutos de lo que tenemos que todo lo que hemos recibido el Señor, es para compartirlo con los demás si yo recibo más que el otro es que para que ese más que recibo lo pueda compartir con aquel que tiene menos y de esa manera ir creando un verdadero sentido de solidaridad y esa solidaridad empieza con el bien público en Colombia hemos ido creando una cosa que es absurda realmente a nosotros no nos interesa el bien público, el bien común, pensamos que tenemos que aprovecharnos del bien común para nuestro provecho personal y por eso nace fácilmente el vandalismo, la gente arranca las cosas públicas para llevárselas para su casa o para tenerlas ellas o sencillamente las dañan, no tenemos el sentido de que debemos vivir todos en una sociedad en la que las estructuras permitan que no haya ningún pobre ningún marginado ninguna persona que no tenga los fundamentales para vivir, esa mentalidad tiene que cambiar pero tiene que cambiar a partir de cada uno de nosotros del corazón de cada uno de nosotros allá en nuestro corazón, tenemos que cambiar el esquema no es cada día tengo más sino cada día tengo más para compartir con los que no tienen y así vamos rompiendo ese círculo vicioso de la corrupción de la pobreza y de la miseria y de ese desconocimiento absoluto del bien común que tenemos los colombianos.
Pero tenemos que empezar por nosotros, por cada uno de nosotros, en nuestro corazón rechazar todo lo que suena avaricia, a deseo de acumular de acaparar todo, eso va muy unido indudablemente con nuestro egoísmo, por eso es fundamental el que aprendamos un sano amor a nosotros mismos, buscar nuestro bien o bienestar pero nunca en detrimento del bien y del bienestar de los demás. sino que por el contrario
El Señor siemrpre en la Eucaristía viena darnos todo lo que necesiitamos. La bendición de Padre, Hijo y del Espíritu Santo descienda y permanezca con ustedes para siempre Amén.
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