Vamos ya en el tercer domingo de cuaresma el tiempo pasa muy rápidamente, hagamos un examen de conciencia de cómo hemos vivido el tiempo que ya ha transcurrido para que seamos capaces de aprovechar al máximo este tiempo de gracia, escuchemos con suma atención el Evangelio que va a ser proclamado:
Evangelio según San Lucas 13,1-9.
En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios.
El les respondió: “¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás?
Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.
¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?
Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera”.
Les dijo también esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró.
Dijo entonces al viñador: ‘Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?’.
Pero él respondió: ‘Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré.
Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás'”.
Jesús proclamó las bienaventuranzas y luego siguió diciendo a sus discípulos: «A ustedes que me escuchan, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian; bendigan a los que los maldicen, oren por los que los injurian. Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra,
Palabra del Señor.
Transcripción de La Voz del Pastor 24 de marzo de 2019
La cuaresma es un tiempo de conversión, hace ocho días la transfiguración del Señor nos invitaba a que toda nuestra existencia fuera un proceso permanente de transfiguración, es decir de conformación con la persona de Cristo nuestro Señor, ya que somos sus discípulos hoy el Señor nos pone claramente la necesidad de la conversión, ¿por qué? que desafortunadamente en el mundo en que nosotros vivimos la inmensa mayoría de las personas viven sin sentido, viven el día a día golpeados por los acontecimientos, sin darse cuenta verdaderamente para que viven, por eso con tanta frecuencia y estrés, hay malestar, y angustia hay depresión, e irá a irán cada vez que se presenta más la ira con un componente de la vida ordinaria de las personas, ¿porque todo? esto porque sencillamente no saben para qué viven y la vida no es fácil.
La vida es dura todos los días hay dificultades nuevas Señor hoy nos pide que nosotros nos convirtamos es decir que descubramos cuál es el sentido profundo que tiene la existencia, y ya nosotros cada domingo vamos descubriendo un poquito cuáles es el sentido somos hijos de dios, somos hermanos los unos de los otros.
Debemos vivir como hijos de dios como hermanos debemos amar a dios como hijos y por lo tanto con confianza con la entrega en sus brazos recibiendo de él la luz y la fuerza que necesitamos y con los demás en el amor, de solidaridad, de fraternidad, le ayudamos entonces la vida experimenten, la vida se llena de sentido y se llena de paz y de alegría.
El Señor es perentorio en el Evangelio de hoy, si no se convierte perecerá, si desafortunadamente es así, si nosotros vivimos a la loca si nosotros vivimos sin tomar conciencia de lo que significa nuestra existencia sencillamente nos pasamos la vida sin poder vivir, perdemos la vida, y no solamente perdemos la vida sino que hacemos daño a los demás, en cambio en la medida en que nosotros entramos en un proceso claro de ordenar nuestra vida, de organizar, nuestra vida
de darle sentido a nuestra vida de hacer que nuestra vida sea verdaderamente útil a los demás en ese mismo momento empezamos a vivir con verdadero provecho y actuaremos en paz ahora hay algo muy hermoso en el evangelio y es la pequeña parábola con la cual el Señor nos insta a no perder la oportunidad, nosotros durante este tiempo de cuaresma estamos recibiendo puede ser la última oportunidad de convertirnos al Señor, puede ser exactamente como en la parábola en la último chance, en la última oportunidad, la última ocasión, que tengamos para verdaderamente cambiar nuestra vida para darnos cuenta de que tenemos que vivir de una manera diferente, pero el Señor nos va a abonar para que podamos dar fruto y ese abono que el Señor nos da es su palabra son sus sacramentos especialmente el sacramento de la reconciliación, o de la penitencia, o de la confesión pues son nombres diferentes del mismo sacramento, y en la eucaristía.
Preparémonos a hacer una buena confesión una confesión en la cual pongamos delante del Señor nuestra vida tal como es para que el Señor la perdone, para que el Señor la ilumine, para que el Señor nos llene de su fuerza y de su gracia, y de esa manera podamos alcanzar esta conversión, que él nos pide no seamos reacios a la invitación del Señor aceptémosla porque puede ser la última oportunidad.
La bendición de Dios todopoderoso Padre e Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre, Amén
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