Inicio La Voz del Pastor «Velen y oren para no caer en tentación»

«Velen y oren para no caer en tentación»

por Mons. Luis José Rueda Aparicio
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“No nos alejaremos de ti, danos vida para que invoquemos tu nombre”.

Evangelio según San Marcos 13, 33-37.

«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 
“Estén atentos, vigilen: pues no saben cuándo es el momento. 
Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. 
Velen entonces, pues no saben cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y los encuentre dormidos. 
Lo que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Velen!»

Palabra de Dios.

Transcripción de La Voz del Pastor del 29 de noviembre de 2020

Estamos iniciando un nuevo año litúrgico. Hoy es el primer día de este año y el año litúrgico nos va a permitir caminar en los misterios de Cristo Jesús. 

Al primer tiempo del año litúrgico lo llamamos Adviento. Hoy estamos empezando el Adviento y el Adviento tiene una característica muy importante en la vida de todos nosotros, los bautizados: es un tiempo para que abramos los ojos, para que abramos el corazón. Para que estemos despiertos. Para que velemos, dice hoy el evangelio. El Señor Jesús le está diciendo a sus discípulos: “¡Velen!”, y en muchos momentos se lo dijo. Les dijo allá en el Huerto de los Olivos: “Velen y oren para no caer en tentación”.

Pero usted puede decir: “Yo estoy velando. Yo estoy atento. Soy una persona con ojos abiertos. Estoy tratando de hacer la voluntad de Dios en mi vida. ¿Qué más tengo que hacer para estar velando?”. Este tiempo de Adviento, que nos ilumina en el vigilar, en el estar atentos a la presencia de Dios en nuestra vida y que nos va preparando para celebrar el nacimiento del Salvador, tiene esa característica espiritual: una espiritualidad de la esperanza, de la esperanza puesta en Dios.

Mirémoslo en tres momentos sencillos:

  1. El libro de Isaías, en el capítulo 64, nos dice hoy que nosotros somos la arcilla y nuestro Dios es el alfarero. Somos la arcilla y estamos en las manos de Dios. 

    La primera forma, para nosotros estar vigilantes y atentos, es descubrir si estamos siendo dóciles en las manos de Dios. Si estamos dejando que Él moldee nuestra vida, que Él moldee nuestro proyecto de vida, que Él sea quien moldea nuestra familia y la sociedad entera. Porque cuando nosotros cerramos los ojos nos miramos a nosotros mismos y nos volvemos rudos, nos volvemos rebeldes. No dejamos que la docilidad nuestra y de la arcilla de nuestra vida, se ponga en las manos de Dios para que Él moldee nuestra vida. 

    Primera enseñanza de la Palabra: para estar vigilantes, dejémonos moldear por las manos misericordiosas de Dios. Él es el alfarero y nosotros la arcilla.
  2. El salmo 79 nos dice: “No nos alejaremos de ti”. 

    Por favor, esto pongámoslo en práctica. Si queremos estar vigilantes, como nos manda el Señor en el evangelio de hoy, no nos alejemos de la presencia del Señor. Por favor, no nos alejemos de la oración. Antes al contrario: en tiempo de Adviento, final de año, intensifiquemos nuestra oración. Acerquémonos a la plegaria profunda, cercana, llena de fe y de confianza en el amor de Dios.

    Pero si usted puede, participe en la celebración de la Eucaristía. Si usted tiene salud, si usted puede participar en su templo parroquial con todos los protocolos, dígale al Señor con el salmo: “No nos alejaremos”, y esa será una forma de ir por el camino de la vida vigilantes y con la confianza puesta en el Señor.
  3. Y finalmente, en el capítulo uno de la Primera Carta a los Corintios que escuchamos hoy (que es la segunda lectura), se nos habla de mantenernos firmes. Y eso significa que en medio de las dificultades, que en medio de las pruebas, usted y yo vamos a ser perseverantes. 

    Tener los ojos abiertos, estar vigilantes, porque nos dice el Señor: “No sabemos el día ni la hora”. Le exige a usted, a su familia y a cada uno de nosotros, los bautizados, una firmeza, una perseverancia en el seguimiento de Cristo Jesús a toda prueba, pase lo que pase. 

Este año ha sido un año difícil. Mantenga firme su confianza en el Señor. Mantenga firme su corazón, su alma, su conciencia y toda su vida, en lo que el Señor va a hacer en usted en este fin de año y en el próximo año. 

Qué bueno empezar así el Adviento poniendo nuestra confianza en el Señor y permitiendo que nuestros sentidos, nuestra conciencia y nuestra vida, estén vigilantes. Velen y oren para no caer en tentación. 

Que el señor nos bendiga y acompañe en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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