Las palabras de un competidor de las artes marciales mixtas, que ha circulado por las redes sociales, provocaron la siguiente reflexión sobre el hecho de ser hombre o cómo serlo.
El competidor al que me refiero es Patrick Pimblett (27 años, nacido en Inglaterra) quien horas antes de participar en un combate se enteró de que uno de sus amigos se había suicidado. Tras ganar la pelea, en la entrevista posterior, realizada en el mismo ring, Patrick dijo. «“Me desperté el viernes a las 4 de la mañana con un mensaje que decía que uno de mis amigos se había suicidado. Esto ocurrió cinco horas antes del pesaje para la pelea, así que Ricky… Esta va por ti. Hay un estigma en este mundo, de que los hombres no pueden hablar. Escúchenme bien, si eres hombre y sientes un gran peso sobre tus hombros, y piensas que la única forma de resolverlo es suicidándote, por favor habla con alguien. Habla con quien sea. La gente te escuchará.» Y a continuación dice que preferiría tener a su amigo llorando sobre su hombro, que saber que en unos días asistiría a su funeral.
¿Qué nos pasa?
Leo estas palabras y me pregunto qué nos pasa a los hombres, que nos cuesta hablar o pensamos que no debemos mostrar nuestras emociones. Me pregunto por qué sigue pesando sobre nosotros ese mandato de que debemos ser el protector, el cazador, el proveedor. Y reparo en que entre otras muchas enseñanzas, el mismo Jesús nos mostró otra forma de ser hombre. Y no porque haya llorado al enterarse de la muerte de Lázaro. Pues ante su hora decisiva en la que iba a entregar su vida por nosotros, Jesús tuvo miedo o, como mínimo, se angustió mucho.
Así lo cuenta el apóstol san Lucas (Lc. 22, 44) «En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo.» Pero a pesar de sus dudas o temores, Jesús sabía que tenía alguien con quien hablar: el Padre. Y también sabía que contaba con un arma para enfrentar los momentos difíciles, que es la oración. Así también lo relata san Lucas: «Jesús les dijo: «¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren para no caer en la tentación» (Lc. 22, 46).
Los hombres alfa
Según la psicología el hombre alfa no se rinde ante las adversidades, es valiente, tiene espíritu de liderazgo, es ambicioso y cuenta con plena confianza en sí mismo. Si este es el modelo de hombre que el mundo de hoy nos presenta, pues, colegas del llamado sexo fuerte, nos han puesto una vara muy pero muy alta. Ante esto, nuevamente la Biblia nos muestra otra cosa. Me refiero al pasaje del hombre rico.
El apóstol san Mateo cuenta el encuentro de Jesús con el hombre rico y marca que éste le hace al Mesías tres preguntas para saber qué debe hacer para alcanzar la vida eterna. Y es ante la tercera respuesta de Jesús que él titubea, pues Jesús lo invita a vender todo lo que tiene, dárselo a los pobres y ha seguirlo. Mateo escribe. «Al oír estas palabras, el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes» (Mateo 19, 22). Moraleja; el hombre rico se rinde ante la adversidad o el desafío que le propone Jesús, se asusta, no se muestra como un líder, le falta ambición y duda.
Papá puede llorar
Vuelvo a la invitación de Patrick a que los hombres lloremos, que hablemos. En las últimas horas, a raíz de que el piloto de Fórmula Uno, Sebastián Vettel, anuncio su retiro de la competición a final de la temporada; se volvieron a ver muchas imágenes de su exitosa carrera; una de ellas es cuando se consagró campeón del mundo en el año 2010. Cuando el director del equipo para el que corría (Red Bull) le dice que es el nuevo campeón de la categoría principal del automovilismo, Vettel se larga a llorar.
Algo que yo pude hacer nueve años antes, cuando como consecuencia de otra crisis económica y política en mi país, Argentina, el gobierno argentino, en el mes de diciembre, confiscó los depósitos bancarios de los argentinos, el llamado corralito argentino. Recuerdo que presa de la angustia, me encerré en el baño a llorar para que mis dos hijas, que entonces tenían 5 y 3 años, no me vieran hacerlo.
Pienso en las palabras de Patrick y me preguntó si no hubiera sido mejor que mis hijas me vieran llorar y, aunque no comprendieran porqué lo hacía, recibiera sus abrazos. Quizás debí recordar que eso fue lo que ocurrió una mes antes, en noviembre, cuando me quedé por primera vez sin trabajo. Llorando, le dije a mi esposa que tenía miedo y ella me abrazó y me dijo que íbamos a salir adelante.
Porque, hombres, las lágrimas sanan; el llorar, te fortalece. Así se cuenta en el Evangelio: «En seguida cantó el gallo por segunda vez. Pedro recordó las palabras que Jesús le había dicho: «Antes que cante el gallo por segunda vez, tú me habrás negado tres veces». Y se puso a llorar» (Marcos 14, 72). Como bien sabemos, después de eso, Pedro no volvió a negar a Jesús.
No estamos solos
Porque y volviendo al estigma al que se refiere Patrick, no estamos solos para enfrentar la vida que Dios nos ha dado. Pues como se relata en el libro del Génesis, el Padre creo al varón y a la mujer. Y fue a ambos a los que les dijo que crecieran, que se multiplicaran y dominarán sobre la tierra y todo lo que en ella Él había creado. No se lo dijo sólo a Adán. (Génesis 1, 27-28).
Para terminar y contrariamente a lo que dice la famosa canción de Bob Marley («No mujer, no llores»)…. Hombre, por favor, llora.
PARA MÁS INFORMACIÓN Y AYUDA: PASTORAL DE ESCUCHA

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1 comentario
Qué excelente reflexión!! Cuesta hablar, más en los momentos difíciles.Del 2002 todos tenemos un recuerdo muy duro,en Uruguay, también.