El 9 de abril pasado celebramos la Pascua e ingresamos en lo que se conoce como Tiempo Pascual, que culminará el domingo 28 de mayo con la celebración de Pentecostés. Todo esto, motivo suficiente para una nueva cita con La Biblia.
Una semana atrás celebramos lo que llamamos la semana mayor de nuestra Fe, donde el Hijo del Hombre entrega su vida para la salvación de todos. Son, fueron, días intensos, donde vemos y escuchamos cuánto Dios, a través de su hijo Jesús, nos ama. Días en que el Mesías nos enseña que el amor es la mejor herramienta para relacionarnos el uno con el otro, el motor humano y espiritual que debe impulsarnos a servir al prójimo. Días en lo que Jesús nos muestra que, a pesar de las dudas, uno puede mantenerse fiel al Padre, pues el Padre siempre estará a nuestro lado, de manera directa o a través de algún hermano o hermana que nos ayudará a cargar con nuestra cruz o saciará nuestra sed con agua, o con algún gesto o alguna palabra. Así que nos parece que el Tiempo Pascual, que empezó el Domingo de Pascua y finalizará el Día de Pentecostés, es un buen momento para meditar sobre todo esto. Con ese fin, hemos seleccionado los siguientes pasajes de La Biblia.
Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Evangelio según San Lucas. 24. 31-32.
Tengo siempre presente al Señor: él está a mi lado, nunca vacilaré.
Salmo 16, 8.
Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar».
Hechos de los Apóstoles 2, 39.
Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz: ustedes, que antes no eran un pueblo, ahora son el Pueblo de Dios; ustedes que antes no habían obtenido misericordia, ahora la han alcanzado.
Primera Carta de san Pedro 2, 9-10.
Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino? (Clonazepam) ». 6 Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí.
Evangelio según san Juan, 12, 5-6.
No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes.
Evangelio según san Juan, 14, 18.
¡Aclame a Dios toda la tierra! ¡Canten la gloria de su Nombre! Tribútenle una alabanza gloriosa.
Salmo 66, 1-2.
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