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La Justicia en El Quijote (III)

por Egberto Bermúdez
El Quijote

Tercera entrega de esta serie de artículos dedicados a una de las facetas de este clásico personaje de la literatura universal, del cual el autor de este texto ya nos ha hablado en otras ocasiones.

La aventura de los galeotes

Don Quijote y Sancho vieron que venía una comitiva formada por doce hombres encadenados, porque eran delincuentes e iban custodiados por cuatro guardias a cumplir su condena remando en las galeras (Capítulo 22 de la primera parte). He aquí la conversación que se desarrolló entre caballero y escudero:

 —Ésta es cadena de galeotes, gente forzada del rey, que va a las galeras.

—¿Cómo gente forzada? —preguntó don Quijote—. ¿Es posible que el rey haga fuerza a ninguna gente?

 —No digo eso —respondió Sancho—, sino que es gente que por sus delitos va condenada a servir al rey en las galeras de por fuerza.

 —En resolución —replicó don Quijote—, como quiera que ello sea, esta gente, aunque los llevan, van de por fuerza, y no de su voluntad.

 —Así es —dijo Sancho.

—Pues, de esa manera —dijo su amo—, aquí encaja la ejecución de mi oficio: desfacer fuerzas y socorrer y acudir a los miserables.

 —Advierta vuestra merced —dijo Sancho— que la justicia, que es el mismo rey, no hace fuerza ni agravio a semejante gente, sino que los castiga en pena de sus delitos. (I, 22; 199-200)

Don Quijote detuvo a la comitiva y les pidió, con mucha educación y cortesía, a los guardias que le expliquen las razones por las que estos delincuentes van castigados a galeras. Los guardias le sugieren que se informe directamente con cada uno de ellos. El caballero empieza el interrogatorio y cada uno de los condenados, con mucha sorna y sarcasmo, le va informando de sus delitos. Uno iba encadenado por robar ropa, otro por alcahuete, otro por cuatrero, otro por no pagar una deuda y otro por seducir a unas jóvenes doncellas. Había uno de muy buen parecer, de edad de treinta años, con más cadenas que todos los demás y condenado a diez años, el famoso Ginés de Pasamonte, quien, además, le contó a don Quijote, que ya había escrito parte de su vida (“una novela picaresca”). El comisario comentó al caballero que Ginés era también conocido como Ginesillo de Parapilla, lo cual no le agradó al condenado, él que se encolerizó. En este momento, don Quijote logró calmar la situación e inmediatamente pronunció un discurso lamentando las desgracias de los galeotes y rogando al comisario que les dejase en libertad: “porque [sabe] que una de las partes de la prudencia es que lo que se puede hacer por bien no se haga por mal” (I, 22; 207). Además, “estos pobres no han cometido nada contra vosotros” (I, 22; 207, la letra negrita es mía). Con estas últimas palabras don Quijote está realizando una tergiversación de la justicia al convertir un asunto de justicia legal y penal en uno de justicia conmutativa (entre reos y guardias) [8] Por supuesto, el comisario no accede a las peticiones del caballero y responde:

—¡Donosa majadería! [..]. ¡Bueno está el donaire con que ha salido a cabo de rato! ¡Los forzados del rey quiere que le dejemos, como si tuviéramos autoridad para soltarlos, o él la tuviera para mandárnoslo! Váyase vuestra merced, señor, norabuena su camino adelante y enderécese ese bacín que trae en la cabeza y no ande buscando tres pies al gato. —¡Vos sois el gato y el rato y el bellaco! —respondió don Quijote.

Y colérico arremetió contra él, hiriéndole y derribándole de una lanzada. Inmediatamente, los guardias atacaron a don Quijote y en un momento de gran confusión, los galeotes aprovecharon para liberarse de sus cadenas y atacar a los guardias, los que huyeron despavoridos.

Don Quijote llamó y reunió a todos los galeotes y les ordenó que como muestra de agradecimiento por la libertad que les había concedido, fueran todos al Toboso a presentarse delante de Dulcinea y le contaran la extraordinaria “hazaña” realizada por su caballero. Ginés, que ya le había tomado el pulso a la locura de don Quijote, sirviendo de portavoz del grupo, se negó a que hicieran lo que les pedía, pues temían volver a caer presos de la Santa Hermandad. Ofreció, a cambio, que rezarían avemarías y credos por las intenciones del caballero.

Don Quijote, montado en cólera atacó a Ginés, pero él y sus compañeros se apartaron y empezaron a apedrear al caballero hasta que dieron con él y con su caballo en tierra. Uno de los galeotes le abolló la bacía en la cabeza a don Quijote y le robó la ropa a Sancho, dejándolo en cueros. Finalmente, todos los galeotes huyeron en distintas direcciones.

En resumen: es posible que, en esta aventura, Cervantes, a través de su protagonista, critique los procesos de justicia de su época [9], a lo mejor, piensa que la condena a galeras es demasiado severa para los delitos que cometieron los galeotes. Don Quijote cree que está haciendo justicia, pues le está dando a cada uno de ellos lo que le corresponde, que es la libertad. Se le olvida, sin embargo, que la justicia del rey los castiga porque han cometido delitos (como lo entiende bien Sancho). El caballero está poniendo su autoridad por encima de la del rey, ya que él posee un concepto muy elevado de su propia misión como caballero andante: “Así que somos ministros de Dios en la tierra y brazos por quien se ejecuta en ella su justicia” (I, 13; 112). Otra de las imprudencias que comete el caballero es creer cierto todo lo que le cuentan los galeotes. Además, tergiversa la justicia al querer sustraer el hecho juzgado del área de la justicia legal para llevarlo al de la justicia conmutativa. Estoy de acuerdo con el crítico Martín de Riquer cuando al analizar esta aventura comenta: “Lo cierto es que don Quijote revela en este episodio un desquiciamiento del concepto de la justicia, pues defiende no causas justas sino las más injustas que darse puedan, como es la de libertar a seres socialmente peligrosos, y que luego, al apedrear a don Quijote y a Sancho, pondrán de manifiesto la vileza de su condición. La aventura de los galeotes constituye una de las mayores “quijotadas” de don Quijote, dando a la palabra el sentido que ha adquirido en español” [10].


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