A las puertas del tercer domingo de septiembre, los invitamos a tener una nueva cita con La Biblia.
“Por aquellos días, Jesús se retiró al monte a orar y se pasó la noche en oración con Dios.” Estas palabras del evangelio de san Lucas nos dicen mucho. Porque nos dicen que no le rezaba Dios sino que Jesús lo hacía con Dios, con su Padre. Eso es a lo que estamos invitados a hacer, a rezar con Dios. Y también con la Virgen María, con los santos y santas, con nuestros hermanos y hermanas. Sobre el acto de orar hablan las siguientes citas con La Biblia.
No obstante, Señor, Dios mío, vuelve tu rostro hacia la oración y la súplica de tu servidor, y escucha el clamor y la oración que te dirige hoy tu servidor.
Primer Libro de los Reyes 8, 28.
Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando.
Evangelio según san Marcos 1,35.
Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán.
Evangelio según san Juan 15,7.
Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.
Hecho de los Apóstoles 1,14.
Eleven constantemente toda clase de oraciones y súplicas, animadas por el Espíritu. Dedíquense con perseverancia incansable a interceder por todos los hermanos.
Cartas a los Efesios 6, 18.
Ante todo, te recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, por los soberanos y por todas las autoridades, para que podamos disfrutar de paz y de tranquilidad, y llevar una vida piadosa y digna. Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, porque él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Primera carta a Timoteo 2, 1-4.
Si alguien está afligido, que ore. Si está alegre, que cante salmos. Si está enfermo, que llame a los presbíteros de la Iglesia, para que oren por él y lo unjan con óleo en el nombre del Señor. La oración que nace de la fe salvará al enfermo, el Señor lo aliviará, y si tuviera pecados, le serán perdonados. Confiesen mutuamente sus pecados y oren los unos por los otros, para ser curados. La oración perseverante del justo es poderosa.
Carta de Santiago 5, 13-16.
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