Avanza septiembre, el mes en que la Iglesia nos invita a posar con más detenimiento nuestra mirada en la Palabra de Dios. Así que los invitamos a una nueva cita con La Biblia.
En las dos entregas anteriores las citas que compartimos giraban en torno al rezar y al creer. Y rezar y creer en Dios se multiplica, da frutos, se engrandece, si construimos una comunidad, terreno donde nuestra fe se transforma en acción, donde nuestra fe en Dios y el amor que él siente por nosotros y nosotros por él, viaja desde nuestro corazón hacia nuestras manos, que dan, que reciben. Sobre la comunidad, hablan las siguientes citas de La Biblia.
El que habla un lenguaje incomprensible se edifica a sí mismo, pero el que profetiza edifica a la comunidad. Mi deseo es que todos ustedes tengan el don de lenguas, pero prefiero que profeticen, porque el que profetiza aventaja al que habla un lenguaje incomprensible. A no ser que este último también interprete ese lenguaje, para edificación de la comunidad. Supongamos, hermanos, que yo fuera a verlos y les hablara en esa forma, ¿de qué les serviría, si mi palabra no les aportara ni revelación, ni ciencia, ni profecía, ni enseñanza?
Primera carta los Corintios 14, 4-6
La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos.
Hecho de los Apóstoles 4, 32.
En resumen, sea que ustedes coman, sea que beban, o cualquier cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios.
Primera carta a los Corintios 10, 31.
Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros con diversas funciones, también todos nosotros formamos un solo Cuerpo en Cristo, y en lo que respecta a cada uno, somos miembros los unos de los otros.
Carta a los Romanos 12, 4-5.
Porque el que preside la comunidad, en su calidad de administrador de Dios, tiene que ser irreprochable. No debe ser arrogante, ni colérico, ni bebedor, ni pendenciero, ni ávido de ganancias deshonestas, sino hospitalario, amigo de hacer el bien, moderado, justo, piadoso, dueño de sí. También debe estar firmemente adherido a la enseñanza cierta, la que está conforme a la norma de la fe, para ser capaz de exhortar en la sana doctrina y refutar a los que la contradicen.
Carta a Tito 1, 7-9.
Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo –judíos y griegos, esclavos y hombres libres– y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.
Primera carta los Corintios 12, 13.
Practiquen el amor, a ejemplo de Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y sacrificio agradable a Dios.
Carta a los Efesios, 5, 2.
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