El padre jesuita Anthony James Corcoran fue ordenado obispo en la Basílica de San Pablo Extramuros, en Roma
Del cardenal Giorgio Marengo
Roma (Agencia Fides) – El martes 29 de septiembre, el padre jesuita Anthony James Corcoran fue ordenado obispo en la Basílica de San Pablo Extramuros, en Roma.
Administrador apostólico de Kirguistán desde 2017, Mons. Corcoran comienza ahora una nueva etapa de su servicio en aquella tierra. Durante la homilía, el cardenal Giorgio Marengo lo invitó a mantener la mirada puesta en las «cosas más grandes» prometidas por Cristo, incluso en medio de las muchas responsabilidades concretas del ministerio pastoral.
«Veréis el cielo abierto»
«Veréis el cielo abierto…».
En Kirguistán, como en Mongolia y en otros países de Asia Central, el cielo se extiende inmenso más allá del horizonte. Para estos pueblos, el cielo eterno —Tengri— constituye un elemento importante de su espiritualidad ancestral y de su relación con Dios.
Sin embargo, en Cristo ese cielo se ha abierto y permanece abierto. En Él podemos contemplar a Dios hecho hombre y entrar en una relación personal con Él. En Jesucristo se nos ofrece un acceso nuevo y definitivo al Dios trino.
Este don de la salvación nos llega también a través de la Iglesia, unida a Cristo como su Esposa.
El Concilio Vaticano II recuerda que la Iglesia es en Cristo «como un sacramento, es decir, signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano».
También el Papa León XIV ha recordado que la Iglesia no se anuncia a sí misma: todo en ella debe conducir a la salvación en Cristo.
Una misión apostólica
Por esta razón, el Santo Padre ha querido que el Ordinario de Kirguistán el Padre Corcorán, sea un obispo, participando así del carisma de los Apóstoles, a quienes está unida la transmisión de la fe a través de las generaciones.
Es, por tanto, un día de gran alegría para la Iglesia en Kirguistán y para toda la Conferencia Episcopal de Asia Central.
Dirigiéndose al nuevo obispo, el cardenal Marengo recordó las palabras de Jesús a Natanael:
«Antes de que Felipe te llamara, te vi debajo de la higuera».
Cristo nos conoce y nos ama incluso antes de que nosotros mismos comprendamos plenamente nuestra vocación.
Una vida de servicio misionero
Mons. Anthony Corcoran ha recorrido un largo camino de vida religiosa y misionera.
Después de ingresar en la Compañía de Jesús, sirvió en la Federación Rusa, especialmente en Siberia, como superior provincial, rector del seminario menor de Novosibirsk, párroco y vicario general.
Posteriormente fue enviado a Kirguistán, donde ha servido durante varios años.
Hoy comienza una nueva etapa de su seguimiento de Cristo, entrando a formar parte del Colegio de los Obispos.
Mirar hacia las «cosas más grandes»
Sabernos conocidos y amados por el Señor nos permite mirar hacia realidades más grandes.
El obispo está llamado precisamente a ser un discípulo que levanta continuamente los ojos hacia Dios y conduce hacia Él al pueblo que le ha sido confiado.
El ministerio episcopal supone ocuparse de muchas cuestiones concretas: estructuras, proyectos, iniciativas pastorales y relaciones con las autoridades.
En Kirguistán, por ejemplo, se trabaja en la construcción de la catedral de Biskek y en distintas iniciativas para acompañar a la comunidad católica.
Pero el cardenal Marengo recordó que el obispo no debe afrontar estas tareas como el director ejecutivo de una empresa, sino como un hombre de Dios, configurado con Cristo, el Buen Pastor.
«Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí»
El lugar de la ordenación, la Basílica de San Pablo Extramuros, recuerda de manera especial esta llamada.
San Pablo llegó a entregar completamente su vida a Cristo:
«Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Gal 2,20).
Bajo el Altar de la Confesión se conservan, según la tradición, las cadenas que sujetaron a san Pablo durante su encarcelamiento en Roma.
El Apóstol fue un gran evangelizador porque fue, ante todo, un hombre profundamente unido a Cristo.
El anuncio del Evangelio es una obra espiritual en la que el Espíritu Santo es el verdadero protagonista.
Por eso, el ministerio de un obispo dará más fruto cuanto más permita primero que la gracia de Dios transforme su propia vida.
Los signos de la ordenación episcopal
La ordenación episcopal está llena de gestos que expresan esta realidad sobrenatural.
La postración del elegido, la imposición de las manos, la unción, el Libro de los Evangelios abierto sobre su cabeza y la entrega del anillo, la mitra y el báculo recuerdan que la misión del obispo no procede simplemente de una decisión humana.
Todo habla de un don recibido de Dios y de una misión: guiar en la fe al pueblo que le ha sido confiado.
La gracia de ser un pequeño rebaño
El cardenal Marengo recordó también unas palabras del Papa Francisco dirigidas a los obispos de Asia Central durante su visita a Kazajistán en 2022:
«El Evangelio dice que ser “pequeños”, pobres de espíritu, es una bendición, una bienaventuranza».
Reconocer la propia pequeñez permite abandonarse con mayor humildad al poder de Dios.
Francisco hablaba incluso de una «gracia escondida» en ser una Iglesia pequeña, un pequeño rebaño.
Una comunidad pequeña no tiene que apoyarse en su fuerza, en sus números o en sus estructuras. Puede caminar con sencillez junto a las personas, llevando la alegría del Evangelio a la vida cotidiana.
Como la levadura en la masa o como la pequeña semilla sembrada en la tierra, la Iglesia puede introducirse en las alegrías y sufrimientos de la sociedad para servirla desde dentro.
Una Iglesia que dialoga y camina junto a los pueblos
El servicio de la Iglesia en Asia Central favorece también el diálogo con la sociedad y enriquece a la Iglesia universal con los dones propios de los pueblos de aquella región.
El cardenal Marengo recordó que, poco antes, Mons. Corcoran se había encontrado junto a sus hermanos jesuitas con el Papa Francisco. La fotografía del Papa con el tradicional tocado de Kirguistán había recorrido Internet como una expresión de cercanía y encuentro.
La presencia cristiana en estas tierras está llamada a caminar junto a sus pueblos, compartiendo sus esperanzas y anunciando el Evangelio desde la cercanía.
Bajo la protección de María
Al finalizar su homilía, el cardenal invitó a todos a rezar por el nuevo obispo.
Pidió que esta nueva etapa de su vida transcurra bajo la protección de los Arcángeles y de la Santísima Virgen María, Reina de los Ángeles y de los Apóstoles.
De manera especial, recordó a la Mater Domini, tan querida por san Ignacio de Loyola y vinculada a los primeros pasos de la Compañía de Jesús.
A María fue confiado Mons. Anthony Corcoran para que continúe llevando al pueblo de Kirguistán el consuelo y la alegría del Evangelio.
Fuente: Agencia Fides 30 de septiembre de 2026.
Homilía del cardenal Giorgio Marengo, prefecto apostólico de Ulaanbaatar.
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