Ante la grandeza de tu presencia en este Sacramento de Amor, te adoro con profunda humildad.
Gracias, Señor, porque no quisiste dejarnos solos: en la hostia consagrada permanece vivo el mismo corazón traspasado en la cruz, que aún derrama gracia, consuelo y misericordia sobre el mundo.
Transforma mi pobre corazón y hazlo semejante al tuyo: paciente, humilde y manso. Fortalece mi fe, renueva mi esperanza y enciende en mí un amor pleno por ti.
Enséñame a reconocerte y servirte en mis hermanos, especialmente en los más débiles y olvidados.
Permanece siempre en mí, Jesús, y haz de toda mi vida un acto continuo de adoración a tu Sagrado Corazón Eucarístico.
Amén
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