Mama Antula nos enseña que su legado sigue inspirando a quienes creen en la solidaridad, la fe y el compromiso con los demás.
Que la paz de Cristo reine siempre en sus corazones.
Yo soy Mama Antula, la primera mujer santa argentina.
Nací en Santiago del Estero, al bautizarme me pusieron el nombre de María Antonia de Paz y Figueroa.
Desde joven quise dedicar mi vida a Dios. Trabajé junto a los jesuitas, ayudando en la misión de enseñar a rezar y a conocer más a Jesús. Aprendí a hablar quechua y fueron los indígenas quienes me pusieron Mama Antula.
Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, continué con su obra, recorriendo a pie largas distancias para llevar los ejercicios espirituales a distintas comunidades.
Con mucha fe, organizaba reuniones abiertas para todos. Eran momentos para rezar, escuchar y encontrar paz.
No busqué reconocimiento, pero mi ejemplo dejó una huella profunda. Fui una mujer que caminó junto a su pueblo, llevando esperanza en tiempos difíciles.
En 2016, el Papa Francisco me declaró beata, y el 11 de febrero de 2024 me proclamó santa, convirtiéndome en la tercera persona nacida en Argentina en llegar a los altares.
Hoy, mi historia sigue inspirando a quienes creen en la solidaridad, la fe y el compromiso con los demás. Mi vida recuerda que incluso en medio de la adversidad, es posible construir caminos de encuentro y comunidad.
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