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Meditación del día 8 de marzo

por Pbro. Luis A. Zazano
Juan 4, 5-42 FB

Evangelio según san Juan 4, 5-42

Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José.
Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.
Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: “Dame de beber”.
Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.
La samaritana le respondió: “¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?”. Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.
Jesús le respondió: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva”.
“Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva?
¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?”.
Jesús le respondió: “El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed,
pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna”.
“Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla”.
Jesús le respondió: “Ve, llama a tu marido y vuelve aquí”.
La mujer respondió: “No tengo marido”. Jesús continuó: “Tienes razón al decir que no tienes marido,
porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad”.
La mujer le dijo: “Señor, veo que eres un profeta.
Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar”.
Jesús le respondió: “Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre.
Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre.
Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”.
La mujer le dijo: “Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo”.
Jesús le respondió: “Soy yo, el que habla contigo”.
En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: “¿Qué quieres de ella?” o “¿Por qué hablas con ella?”.
La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente:
“Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?”.
Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.
Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: “Come, Maestro”.
Pero él les dijo: “Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen”.
Los discípulos se preguntaban entre sí: “¿Alguien le habrá traído de comer?”.
Jesús les respondió: “Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra.
Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega.
Ya el segador recibe su salario y recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegría.
Porque en esto se cumple el proverbio: ‘Uno siembra y otro cosecha’
Yo los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos”.
Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: “Me ha dicho todo lo que hice”.
Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días.
Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra.
Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo”.

Sicar

1) Ciudad: Te enseño la técnica del “espanta pájaros”. Pues ¿dónde clava el campesino? ¿En el medio? ¿O en los costados del campo? Lo clava en el lugar donde está la mejor fruta. El campesino pone un monigote justo en el lugar donde están los mejores frutos. Pues si el pájaro fuera inteligente diría “Aquí está el mejor fruto”, pero no lo distingue. La metáfora nos dice que el miedo es el medio, por tanto aprende de esta mujer y convierte tu miedo en medios, porque tienes que alquimizar el miedo que tienes por distinguir lo que es el miedo a amenazas reales de los imaginarios. Esta mujer, que se encuentra con Jesús, en Jesús aprendió a saberse perdonada y aceptada. Convierte tus miedos en medios…

2) Mediodía: En la samaritana también aprendemos el desapego del pasado y del futuro. Preocuparse constantemente por el pasado y el futuro te hace no vivir el presente y eso lo vemos en esta mujer. Se encuentra con Dios, pero no lo reconoce. Su mirada está en un pasado condenante y en un futuro incierto, pero que lo siente con vergüenza. Eso la lleva a impedir vivir y disfrutar de un presente. Recuerda que el pasado no puede ser cambiado, pero sí ayuda que sea aceptado, como así también el futuro es incierto. Trata de enfocarte en el aquí y ahora, porque la vida se hace en el paso a paso. Es ahí donde podemos hacer la diferencia. Es aceptar lo que no podemos controlar, combinado con la búsqueda constante de la virtud y de esa auto transformación. Esto lleva a la paz interior y a la sabiduría, dos elementos que se lleva la samaritana luego de encontrarse con Jesús y es eso lo que tiene que habitar en vos. La incertidumbre y los desafíos son un paso para crecer en la vida, sabiendo que siempre estamos llamados a crecer y también a construir.

3) Don: Algo que voy aprendiendo es que las estadísticas no tienen la última palabra. Hay cosas que son improbables, pero no imposibles; como es improbable que te levantaras luego de esa enfermedad, improbable era que sobrevivieras a esa traición o a ese golpe o a ese quebranto económico; improbable era que ese corazón que tienes quiera volver a amar, después de lo que te hicieron sufrir, pero mira “aquí estás”. Es intentar otra vez: rotos, quebrados, con heridas, hasta con traumas. Puede que estemos perdidos, pero no muertos. Lo probable es lo común y lo imposible es otro territorio, es el de los audaces y de los que tienen fe, ¡porque Dios no se arrepiente de apostar por vos! Lo imposible siempre seduce a quien tienen fe, porque lo imposible siempre es la antesala de un milagro que no entendemos. La samaritana supo cambiar su historia aceptando su pasado y poniendo fe en su futuro. Algo bueno está por venir.


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1 comentario

Roxana Bontempo March 8, 2026 - 8:13 am Reply

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