Nuestra Señora de la Paz es la Patrona de El Salvador y su fiesta se celebra el 21 de noviembre

no nos abandones, aunque el paso de los años resquebraje nuestra fe
Desde la llegada de los españoles a América, las manifestaciones de María pronto dieron un tono mariano a todo el continente. El Salvador, con semejante nombre, no podía dejar de ser tierra de milagros. Y fue la Madre de El Salvador la que hizo lo necesario para que las generaciones se mantengan abrazadas al Manto que las protege.
La historia que dio origen a la devoción a Nuestra Señora de la Paz es sorprendente y esta devoción ha seguido alimentándose por medio de la fe popular que a fuerza de milagros ha visto la Mano de Dios expresarse a través de la Patrona del pueblo.
Historia del hallazgo
Según la leyenda, en el año de 1682, unos mercaderes se encontraban en las riberas del Mar del Sur (Océano Pacífico) y vieron en la playa una caja de madera que había sido posiblemente arrojada por la fuerza de las aguas. Los mercaderes trataron de abrir la caja para ver su contenido, pero estaba sellada y les fue imposible abrirla, por lo que optaron por dejarla abandonada en el mismo lugar. Pocos días después, otros mercaderes vieron la caja y estimaron que podía contener algo interesante. No pudieron abrirla con sus herramientas de modo que solicitaron a un vecino que les prestase una mula para conducir la caja a la Ciudad de San Miguel, donde había más posibilidades de abrirla.
Los caminos eran intransitables y peligrosos a causa de los bandidos y piratas. Y transportar aquella caja en burro resultaba incómodo, por lo que el recorrido tardó varios días, llegando a San Miguel el 21 de Noviembre.
Los conductores de la pesada carga habían dispuesto dar cuenta a las autoridades, pero la burrita, con la preciosa carga, se echó en tierra en plena plaza pública, frente a la antigua Iglesia Parroquial, donde actualmente se encuentra la Catedral Migueleña.
Se procedió entonces a abrir la caja. Después de retirar algunas envolturas, con gran sorpresa, se dejó ver el rostro resplandeciente de una imagen de la Virgen María con el niño en sus brazos.
La noticia se difundió inmediatamente. La región oriental de la Intendencia de San Salvador se encontraba en revueltas fratricidas en aquel momento y se dice que tan pronto la imagen fue reconocida y admirada por la población, estas terminaron inmediatamente. Una vez depuestas las armas, volvió la calma a los vecinos que llevaban tiempo en angustiosas situaciones de desorden. Y para perpetuar aquel acontecimiento de gran trascendencia, la pacificación del país se dio a la imagen de la advocación el nombre de Virgen de La Paz.
El origen de la imagen permanece en el misterio, pues nunca se pudo conocer qué destino tenía aquella caja, ni cómo llegó a las playas del Salvador
Protección Milagrosa
La fe y confianza depositadas en la Virgen de la Paz viven en el alma del pueblo salvadoreño y especialmente en el migueleño, desde que llegó a las playas del Salvador.
El 21 de septiembre de 1787, 105 años después del hallazgo, el volcán Chaparrastique, de la Ciudad de San Miguel hizo erupción. La lava ardiente casi llegaba a la ciudad amenazando su destrucción. Angustiados los vecinos, se congregaron en la plaza principal, junto a las autoridades locales, sacerdotes y religiosos franciscanos y mercedarios, quienes infundían confianza al afligido pueblo, exhortándolo a pedir a Dios misericordia con arrepentimiento de los pecados y a invocar la protección maternal de la virgen de la Paz.
Decidieron sacar la imagen de Nuestra Señora de la Paz a la puerta principal de la antigua Iglesia parroquial. La colocaron frente a las fuerzas volcánicas. Al aparecer la sagrada imagen, el pueblo gritó: ‘Sálvanos, Reina de la Paz’. Inmediatamente la lava tomó otro rumbo, apartándose de la ciudad. En el punto exacto donde la lava torció el rumbo hay un pueblo que se llama “Milagro de la Paz”. La lava cubrió grandes extensiones de tierras fértiles, a la vez que gran parte de la Laguna El Jocotal.
Después de efectuarse el portentoso milagro, en el cielo se dejó ver con toda claridad una bellísima palma formada por blancas nubes, cuyo pie fue a posarse en el inmenso cráter del turbulento volcán. Quienes vieron aquella magnífica señal quedaron tan admirados que el pueblo optó por colocar en la diestra de la Sagrada Imagen, una palma de oro en conmemoración de aquel gran acontecimiento, que la tradición se ha encargado de hacer prevalecer como algo notable, asombroso y único en estas latitudes.
En enero de 1833, cuando el país estuvo nuevamente agitado por enfrentamientos, ahora entre los llamados Nonualcos y Migueleños, la Virgen realizó otro milagro. El Salvador se encontraba nuevamente en una agitación por enfrentamientos internos de levantamiento popular, esta vez entre los llamados indios “Nonualcos” dirigidos por Anastasio Aquino y las autoridades del gobierno al mando del coronel Narciso Benítez. Posterior a la sofocación de la insurrección indígena, el bando del coronel Benítez junto a sus tropas entró en la ciudad de San Miguel. Contrariamente a lo esperado, en lugar de tomar represalias contra la población indígena y como gesto de mostrar benevolencia hacia los migueleños y sustentar la reconciliación, ordenó sacar de la iglesia parroquial la venerada imagen de Nuestra Señora de La Paz. Después de alinear sus tropas en torno a la imagen, se postró ante ella y colocó su espada a los pies de la Virgen, tomándola por testigo. El coronel Benítez volvió a tomar su espada y después de haberle rendido homenaje a la Virgen la regresó a su Santuario, dicho acontecimiento fue tomado como un milagro por la población, debido al caos inminente que presagiaba su visita a la comunidad indígena de la región oriental del país. La intercesión de la Virgen fue nuevamente crucial para la paz del país.
Sucedió otro hallazgo el jueves 25 de junio de 1903, entre cinco y seis de la tarde, un estruendo conmovió a la Ciudad de San Miguel. Un rayo fulminó sobre la cúpula de la Iglesia de San Francisco, templo santuario de nuestra Patrona e iglesia parroquial. La chispa produjo incendio, que comenzó en el camarín de la Virgen, quemando las vestiduras de la imagen, ennegreciendo y ampollando el retoque, sin dañar las perfecciones escultóricas.
La lluvia arreciaba y el huracán amenazaba a la Ciudad, derribando árboles y los tejados de las casas eran arrancados por la violencia de la tempestad. Pronto se supo la noticia de la desgracia, que en el momento se llenó el templo de fieles. La consternación era general.
Para restaurar la imagen, se llamó al escultor guatemalteco, Don Cipriano Dardón. Con ese fin se la llevó en procesión de desagravio de la Iglesia parroquial a la de Santo Domingo, llevando la Imagen y el Niño, con el rostro cubierto, en medio de una manifestación impresionante. El trabajo lo hizo el escultor en la sacristía de este último templo.
Descripción de la imagen
Si bien la estatuilla muestra una clara tendencia de origen europeo, no existen datos precisos sobre el posible escultor o el taller donde se esculpió la imagen. Sin embargo, se considera que posiblemente hubiese sido traída desde España, como la mayoría de las imágenes religiosas de ese tiempo. De hecho, los rasgos de su escultura coinciden mucho con las de otras imágenes marianas españolas. Fuera de eso, no se ha podido confirmar ninguna hipótesis.
La imagen de Nuestra Señora de la Paz está tallada en madera y ataviada con ropa, lleva bordados en la falda de su vestido blanco, el escudo nacional de la República del Salvador. La imagen lleva en su brazo izquierdo al Niño Jesús y en mano derecha una palma de oro en recuerdo de la erupción del volcán Chaparrastique en 1787, que amenazó con hundir la ciudad en un mar de lava fundida.
Con ocasión del Congreso Eucarístico Nacional, en 1942, su Santidad San Pío XII dirigiéndose al Pueblo Salvadoreño, exclamó: “Que Nuestra Señora de la Paz os coloque a todos bajo el amparo del simbólico ramo que en su Iglesia de San Miguel alza en su mano derecha y cuyo nombre amaríamos ver proyectado sobre el mundo entero.”

La Catedral Basílica
El nuevo Templo Catedral Basílica, dedicado a Nuestra Señora de la Paz, fue terminado en 1953. En el altar de mármol de Carrara, de gran belleza escultórica, luce toda su Realeza de Madre de Cristo, la imagen de Nuestra Señora de la Paz, rodeada de numerosos vitrales con bellos paisajes bíblicos.
En la parte exterior se aprecian las estatuas en mármol del Capitán Don Luis Moscoso, fundador de la Ciudad y la del Capitán General Gerardo Barrios, iniciador de los trabajos de la Catedral.
Benedicto XV concedió la coronación canónica de la imagen, que se efectuó el 21 de noviembre de 1921. El orfebre que realizó la corona de la Virgen utilizó 650 gramos de oro y muchas piedras preciosas, entre las que destaca una gran esmeralda rodeada de diamantes
El 10 de Octubre de 1966, el Papa Pablo VI, a través de la Sagrada Consagración de Ritos, constituyó y declaró de manera perpetua, a Nuestra Señora de la Paz, Patrona Principal de la República de El Salvador, con todos los honores y privilegios litúrgicos correspondientes.
Oración a Nuestra Señora de la Paz
Señora y Madre nuestra, Virgen Santa María, Reina de la Paz, Protectora de nuestra Iglesia Diocesana:
Venimos hasta ti para rogarte por la paz.
La Paz que el mundo busca sin encontrar.
La Paz que tu Hijo Jesucristo vino a traernos.
La Paz cuya única fuente verdadera es Cristo Jesús.
Rogamos que intercedas por nosotros para que nos abramos a la paz que viene de Dios.
La paz que es fruto de la justicia; que tiene como alma el amor a Dios y al prójimo.
Paz que exige que el hombre renuncie a la envidia y a la ambición, al orgullo y al egoísmo.
Acudimos a ti para que esa paz que Dios nos ofrece en Jesús, la recibamos, la conservamos y la llevemos al mundo.
Ayúdanos para que seamos artífices de la Paz.
Que tu maternal auxilio nos haga valientes, pacientes y eficaces para comprometernos a trabajar por la justicia, fundamento de la paz que todos necesitamos.
Nuestra Señora de la Paz, ruega por nosotros.