Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?”. Jesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido y la rotura se hace más grande. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, el vino se derrama y los odres se pierden. ¡No, el vino nuevo se pone en odres nuevos, y así ambos se conservan!”.
1) Se acercaron: Vemos aquí algo distinto a lo que hace Jesús. Jesús sale para animar y curar, estos discípulos salen para cuestionar. ¡Hay veces que vos y yo tenemos cada salida! Como que nos empecinamos en cuestionar y dudar del otro. Yo te entiendo que debe haber una cuota de desconfianza, pero el que estés desconfiando de todo el mundo y cuestionando a todo el mundo me parece un poco de más, porque te quita la paz. No seas una persona que todo el tiempo está cuestionando y dudando de los demás. ¿Estás generando momentos agradables?
2) Está el esposo: Creo que es bueno que puedas mirar tus momentos y tus tiempos. Date el espacio de estar con Dios y hablar con Él. Hay momentos en los que no tendrás ganas de rezar ni darte un lugarcito para estar con Dios, pero vos debes buscar esos momentos. La vida espiritual tiene esas etapas, momentos en que estás a “full” con las cosas de Dios y momentos en que se hace más duro hablar con Dios.
3) Odres nuevos: Cuando encontrás a Cristo hay un antes y un después. Conocer a Cristo te lleva a mirar la vida de una manera distinta y te da a vos mismo oportunidades. Es por ello que no tenés que bajar los brazos y debes darte cuenta que hay cosas que ya pasaron y no es necesario que las traigas hoy a tu vida. Da vuelta la página y seguí adelante. Dios está con vos. Hasta el cielo no paramos.
El equipo de 10 Minutos con Jesús está conformado por sacerdotes y laicos de EE.UU., México, Inglaterra, España, Colombia, Kenya, Filipinas, que hacen posible que miles de personas de todo el mundo pasen 10 minutos diarios de conversación con Jesús a través de WhatsApp, Spotify, Telegram, Instagram, YouTube, Ivoox, Podcast de Apple, Google Podcast.
Oración inicial
Señor mío, Dios mío creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia, te pido perdón de mis pecados y Gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía, inmaculada; San José, mi padre y señor; Ángel de mi Guarda, intercede por mí.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 9, 9-13)
En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió. Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?” Jesús los oyó y les dijo: “No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.
Oración final
Te doy gracias Dios mío por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en este rato de oración. Madre mía, inmaculada; San José, mi padre y señor. Ángel de mi guarda, intercede por mí.
Jesús, al pasar, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. El se levantó y lo siguió. Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?”. Jesús, que había oído, respondió: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.
1) Sígueme: Es interesante ver a Jesús caminante y a Mateo sentado. Porque es probable que veas a Jesús cuando pares un poco y te sientes en la vida. La vida es un constante caminar. Tenés que hacer cosas, moverte, decidir, pero también es bueno que te sientes, escuches, mires y contemples. Tenés que buscar esa manera de aquietarte para dejarte encontrar. Es más, si no paras, la vida se encarga de pararte y, cuando paras, no te queda otra que mirar y escuchar.
2) Pecadores: Caravaggio, es un pintor cuya historia conocí en Roma. Cuentan que fue un gigante de la pintura y convirtió a mucha gente con su pintura, pero en su vida personal no daba muchos ejemplos. Pero aprendí de él que los dones que Dios te da no son para vos, sino que son para los demás. Podés hacer tanto bien en la vida de otros con tus dones, aunque muchos te juzguen por tu estilo de vida. No dejes que el juzgar de la gente detenga esa lucecita que puedes dar a los demás.
3) Misericordia: En el cristianismo estamos llamados a vivir una vida entregada a Dios y dando oportunidades a los demás, no ser un cristiano cerrado al otro, sino cercano y vivo. Hoy salí al encuentro del otro. Capaz que, a quien muchos señalen hoy, pueda ser en el mañana la persona que ayude a muchos. No estamos llamados a señalar, sino a animar y vivir, porque esta vida se la vive viviendo. Aprendemos con los errores que cometemos y comprendemos que esta vida es una sola. Hasta el cielo no paramos.
Con “Desiderio desideravi”, la Carta Apostólica al Pueblo de Dios, Francisco invita a superar tanto el esteticismo que solo se complace en la formalidad exterior como la dejadez en las liturgias: “Una celebración que no evangeliza no es auténtica”.
Una Carta Apostólica al Pueblo de Dios sobre la liturgia, para recordar el sentido profundo de la celebración eucarística surgida del Concilio e invitar a la formación litúrgica. El Papa Francisco publica Desiderio desideravi, que con sus 65 párrafos desarrolla los resultados de la plenaria de febrero de 2019 del Dicasterio del Culto Divino y sigue el motu proprio Traditionis custodes, reafirmando la importancia de la comunión eclesial en torno al rito surgido de la reforma litúrgica postconciliar. No se trata de una nueva instrucción ni de un directorio con normas específicas, sino de una meditación para comprender la belleza de la celebración litúrgica y su papel en la evangelización. Y concluye con un llamamiento: “Abandonemos las polémicas para escuchar juntos lo que el Espíritu dice a la Iglesia, mantengamos la comunión, sigamos asombrándonos por la belleza de la Liturgia” (65).
La fe cristiana, escribe Francisco, o es un encuentro vivo con Él, o no es. Y “la Liturgia nos garantiza la posibilidad de tal encuentro. No nos sirve un vago recuerdo de la última Cena, necesitamos estar presentes en aquella Cena”. Recordando la importancia de la constitución Sacrosanctum Concilium del Vaticano II, que condujo al redescubrimiento de la comprensión teológica de la liturgia, el Papa añade: “Quisiera que la belleza de la celebración cristiana y de sus necesarias consecuencias en la vida de la Iglesia no se vieran desfiguradas por una comprensión superficial y reductiva de su valor o, peor aún, por su instrumentalización al servicio de alguna visión ideológica, sea cual sea” (16).
Después de haber advertido contra la “mundanidad espiritual” y el gnosticismo y el neopelagianismo que la alimentan, Francisco explica que ” Participar en el sacrificio eucarístico no es una conquista nuestra, como si pudiéramos presumir de ello ante Dios y ante nuestros hermanos” y que “la Liturgia no tiene nada que ver con un moralismo ascético: es el don de la Pascua del Señor que, aceptado con docilidad, hace nueva nuestra vida”. “No se entra en el cenáculo sino por la fuerza de atracción de su deseo de comer la Pascua con nosotros” (20). Para sanar la mundanidad espiritual, es necesario redescubrir la belleza de la liturgia, pero este redescubrimiento “no es la búsqueda de un esteticismo ritual, que se complace sólo en el cuidado de la formalidad exterior de un rito, o se satisface con una escrupulosa observancia de las rúbricas. Evidentemente, esta afirmación no pretende avalar, de ningún modo, la actitud contraria que confunde lo sencillo con una dejadez banal, lo esencial con la superficialidad ignorante, lo concreto de la acción ritual con un funcionalismo práctico exagerado” (22).
El Papa explica que “hay que cuidar todos los aspectos de la celebración (espacio, tiempo, gestos, palabras, objetos, vestiduras, cantos, música, …) y observar todas las rúbricas: esta atención sería suficiente para no robar a la asamblea lo que le corresponde, es decir, el misterio pascual celebrado en el modo ritual que la Iglesia establece. Pero, incluso, si la calidad y la norma de la acción celebrativa estuvieran garantizadas, esto no sería suficiente para que nuestra participación fuera plena” (23). “Si faltara el asombro por el misterio pascual que se hace presente en la concreción de los signos sacramentales, podríamos correr el riesgo de ser realmente impermeables al océano de gracia que inunda cada celebración” (24). Este asombro, aclara Francisco, no tiene nada que ver “con la vaga expresión “sentido del misterio”: a veces, entre las supuestas acusaciones contra la reforma litúrgica está la de haberlo – se dice – eliminado de la celebración. El asombro del que hablo no es una especie de desorientación ante una realidad oscura o un rito enigmático, sino que es, por el contrario, admiración ante el hecho de que el plan salvífico de Dios nos haya sido revelado en la Pascua de Jesús” (25).
¿Cómo podemos entonces recuperar la capacidad de vivir plenamente la acción litúrgica? Ante el desconcierto de la posmodernidad, el individualismo, el subjetivismo y el espiritualismo abstracto, el Papa nos invita a volver a las grandes constituciones conciliares, que no pueden separarse unas de otras. Y escribe que “sería banal leer las tensiones, desgraciadamente presentes en torno a la celebración, como una simple divergencia entre diferentes sensibilidades sobre una forma ritual. La problemática es, ante todo, eclesiológica” (31). Detrás de las batallas sobre el ritual, en definitiva, se esconden diferentes concepciones de la Iglesia. No veo cómo se puede decir, señala el Pontífice, que se reconoce la validez del Concilio y no aceptar la reforma litúrgica nacida de la Sacrosanctum Concilium (31).
Citando al teólogo Romano Guardini, muy presente en la Carta Apostólica, Francisco afirma que sin formación litúrgica, “las reformas en el rito y en el texto no sirven de mucho” (34). Insiste en la importancia de la formación, en primer lugar en los seminarios: ” Una configuración litúrgico-sapiencial de la formación teológica en los seminarios tendría ciertamente efectos positivos, también en la acción pastoral. No hay ningún aspecto de la vida eclesial que no encuentre su culmen y su fuente en ella. La pastoral de conjunto, orgánica, integrada, más que ser el resultado de la elaboración de complicados programas, es la consecuencia de situar la celebración eucarística dominical, fundamento de la comunión, en el centro de la vida de la comunidad. La comprensión teológica de la Liturgia no permite, de ninguna manera, entender estas palabras como si todo se redujera al aspecto cultual. Una celebración que no evangeliza, no es auténtica, como no lo es un anuncio que no lleva al encuentro con el Resucitado en la celebración: ambos, pues, sin el testimonio de la caridad, son como un metal que resuena o un címbalo que aturde” (37).
Es importante, continúa explicando el Papa, educar en la comprensión de los símbolos, lo que resulta cada vez más difícil para el hombre moderno. Una forma de hacerlo “es, sin duda, cuidar el arte de la celebración”, que ” no puede reducirse a la mera observancia de un aparato de rúbricas, ni tampoco puede pensarse en una fantasiosa – a veces salvaje – creatividad sin reglas. El rito es en sí mismo una norma, y la norma nunca es un fin en sí misma, sino que siempre está al servicio de la realidad superior que quiere custodiar” (48). “Uno no aprende el arte de celebrar porque asista a un curso de oratoria o de técnicas de comunicación persuasiva (no juzgo las intenciones, veo los efectos), sino que “es necesaria una dedicación diligente a la celebración, dejando que la propia celebración nos transmita su arte” (50). Y “entre los gestos rituales que pertenecen a toda la asamblea, el silencio ocupa un lugar de absoluta importancia”, que “mueve al arrepentimiento y al deseo de conversión; suscita la escucha de la Palabra y la oración; dispone a la adoración del Cuerpo y la Sangre de Cristo” (52).
A continuación, Francisco observa que en las comunidades cristianas su forma de vivir la celebración “está condicionada -para bien y, por desgracia, también para mal- por el modo en que su pastor preside la asamblea”. Y enumera varios “modelos” de presidencia inadecuada, aunque sean de signo contrario: ” A continuación, Francisco observa que en las comunidades cristianas su forma de vivir la celebración “está condicionada -para bien y, por desgracia, también para mal- por el modo en que su pastor preside la asamblea”. Y enumera varios “modelos” de presidencia inadecuada, aunque sean de signo contrario: “rigidez austera o creatividad exasperada; misticismo espiritualizante o funcionalismo práctico; prisa precipitada o lentitud acentuada; descuido desaliñado o refinamiento excesivo; afabilidad sobreabundante o impasibilidad hierática”. Estos modelos tienen una raíz común: “Un exagerado personalismo en el estilo celebrativo que, en ocasiones, expresa una mal disimulada manía de protagonismo. Esto suele ser más evidente cuando nuestras celebraciones se difunden en red”, mientras que “presidir la Eucaristía es sumergirse en el horno del amor de Dios” (57).
El Papa concluye la carta pidiendo “a todos los obispos, presbíteros y diáconos, a los formadores de los seminarios, a los profesores de las facultades de teología y de las escuelas de teología, y a todos los catedráticos y catequistas, que ayuden al santo pueblo de Dios a sacar de lo que siempre ha sido la fuente primaria de la espiritualidad cristiana”, reafirmando lo establecido en la “Traditionis custodes”, para que “la Iglesia eleve, en la variedad de lenguas, una oración única e idéntica capaz de expresar su unidad” y esta oración única es el Rito Romano surgido de la reforma conciliar y establecido por los santos pontífices Pablo VI y Juan Pablo II.
Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad. Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: “Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados”. Algunos escribas pensaron: “Este hombre blasfema”. Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: “¿Por qué piensan mal? ¿Qué es más fácil decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o ‘Levántate y camina’? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. El se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres.
1) Atravesó: Cuán interesante es que en tu vida no te quedes quieto. Jesús podría disfrutar de esos buenos momentos, pero asume que su misión y su vida son un constante desafío. Vos también mira a más, no te quedes con los aplausos o tus logros, eso es momentáneo. Volver a mirar para qué estás y adentrar en seguir haciendo cosas. No dejes que nada te aquieta en esta vida, anímate a cosas nuevas y hasta distintas. Porque de cada desafío se obtiene un logro, incluso cuando hay fracaso, porque de todo se aprende, pero quien no arriesga no gana.
2) Un paralítico: Hoy también pasamos por una parálisis; situaciones y momentos en que no nos podemos mover, porque cada vez que hoy tu mente te hace sentir paralizado y gira en tu cabeza el “no voy a poder”. Pero también está esa parálisis afectiva en donde ya no tenés ganas de nada porque a quien le abriste el corazón te lo fulminó. Esas parálisis te llevan a no querer intentar seguir caminando, por eso hoy Jesús viene ante vos para volver a recordarte que tenés oportunidad, si querés. Date la oportunidad de volver a caminar…
3) Los escribas: También en esta vida te encontrarás con gente que va a hablar de vos, pero que eso no te lleve a no hacer las cosas. Jesús sabe que lo critican y que hasta lo quieren matar, pero eso no lo lleva a no actuar, porque sabe que está salvando una vida. Cuántas veces no actuamos por miedo al qué dirán, pero también estamos dejando de lado el poder lograr un bien a otro. No dejes de hacer un bien por miedo al qué dirán. Hasta el cielo no paramos.
El testimonio de los apóstoles Pedro y Pablo que, ante la persecución, la prisión y la muerte, se levantan y combaten en su misión de llevar el Evangelio de Jesucristo centraron la homilía del Papa en la celebración de la solemnidad de los patronos de Roma y de la tradicional bendición de los palios que serán impuestos a los arzobispos metropolitanos nombrados en el transcurso de este año.
El rito de la bendición de los palios que serán impuestos a los 44 arzobispos metropolitanos nombrados en el transcurso del año, muchos de ellos presentes esta mañana en la Basílica vaticana, abrió la sugestiva celebración de la Solemnidad de los Apóstoles Pedro y Pablo, presidida por el Papa Francisco. Presentados al Pontífice por el cardenal protodiácono James Michael Harvey y tras la fórmula de juramento recitada por cada metropolitano, dio inicio la celebración eucarística que como cada año contó con la presencia de una delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla.
Las dos primeras lecturas tomadas de los Hechos de los Apóstoles que dan testimonio de Pedro y Pablo inspiraron las palabras de Francisco al destacar la actitud de ambos apóstoles ante la persecución, la prisión y la muerte. En primer lugar, Pedro que, arrojado a la cárcel por Herodes, es despertado por un ángel que lo conmina a levantarse rápido para liberarlo. Luego, Pablo que resume su vida y su misión como un “buen combate”. Dos aspectos, levantarse rápido y pelear el buen combate, que a decir del Pontífice, pueden ayudar a las comunidades cristianas a abordar el proceso sinodal en curso.
Atravesar el umbral de las puertas cerradas
El despertar de Pedro y levantarse– explicó el Pontífice – evoca la Pascua, ese resurgir, salir a la luz y “dejarse conducir por el Señor para atravesar el umbral de todas las puertas cerradas”, una imagen significativa para la Iglesia y para cada discípulo y comunidad cristiana que están llamados a levantarse rápidamente para “entrar en el dinamismo de la resurrección” y dejarse “guiar por el Señor en los caminos que Él quiere mostrarnos”.
“A veces, como Iglesia, nos abruma la pereza y preferimos quedarnos sentados a contemplar las pocas cosas seguras que poseemos, en lugar de levantarnos para dirigir nuestra mirada hacia nuevos horizontes, hacia el mar abierto. A menudo estamos encadenados como Pedro en la prisión de la costumbre, asustados por los cambios y atados a la cadena de nuestras tradiciones. Pero de este modo nos deslizamos hacia la mediocridad espiritual, corremos el riesgo de “sólo tratar de arreglárnoslas” incluso en la vida pastoral, el entusiasmo por la misión disminuye y, en lugar de ser un signo de vitalidad y creatividad, acabamos dando una impresión de tibieza e inercia”.
Una fe sin formalismos, una iglesia libre y humilde
El Santo Padre recurre al pensamiento del padre de Lubac quien cuestionaba que esa pereza e inercia hacía que la fe cayera “en el formalismo y la costumbre, en una religión de ceremonias y devociones, de ornamentos, de “cristianismo clerical, formalista, apagado y endurecido. De allí el llamado de Francisco a hacer del Sínodo el impulso para una Iglesia que se levanta
“El Sínodo que estamos celebrando nos llama a convertirnos en una Iglesia que se levanta, que no se encierra en sí misma, sino que es capaz de mirar más allá, de salir de sus propias prisiones al encuentro del mundo. Una Iglesia sin cadenas y sin muros, en la que todos puedan sentirse acogidos y acompañados, en la que se cultive el arte de la escucha, del diálogo, de la participación, bajo la única autoridad del Espíritu Santo. Una Iglesia libre y humilde, que ‘se levanta rápido’, que no posterga, que no acumula retrasos ante los desafíos del ahora, que no se detiene en los recintos sagrados, sino que se deja animar por la pasión del anuncio del Evangelio y el deseo de llegar a todos y de acoger a todos”.
Un “todos” que para el Papa, como repitió varias veces, significa que “trae a todos, ciegos, sordos, cojos, enfermos y pecadores”, porque “hay lugar para todos en la Iglesia”. Una Iglesia de “puertas abiertas” que son sirva para “desechar a la gente, para condenar a la gente”. Y como uno de los arzobispos metropolitanos le comentó ayer al Pontífice: “Para la Iglesia no es el tiempo de las despedidas, es el tiempo de la acogida”.
La Iglesia sinodal significa que todos participan
Hablando de Pablo, quien describía su vida como “un buen combate” por las “innumerables situaciones, a veces marcadas por la persecución y el sufrimiento, en las que no escatimó esfuerzos para anunciar del Evangelio de Jesús”, el Santo Padre advirtió que muchos no están dispuestos a acoger a Jesús y prefieren “ir tras sus propios intereses y otros maestros”. Recordó entonces que Pablo en su batalla pide a la comunidad y a cada uno que continúe su labor con la vigilancia, el anuncio, la enseñanza.
“Y aquí me vienen en mente dos preguntas. La primera es, ¿qué puedo hacer por la Iglesia? No quejarnos de la Iglesia, sino comprometernos con la Iglesia. Participar con pasión y humildad. Con pasión, porque no debemos permanecer como espectadores pasivos; con humildad, porque participar en la comunidad nunca debe significar ocupar el centro del escenario, sentirnos mejores que los demás e impedir que se acerquen. Iglesia sinodal significa que todos participan, ninguno en el lugar de los otros o por encima de los demás”.
El “buen combate” del que habla Pablo para Francisco es una batalla “porque el anuncio del Evangelio no es neutro, no deja las cosas como están, no acepta el compromiso con la lógica del mundo, sino que, por el contrario, enciende el fuego del Reino de Dios allá donde, en cambio, reinan los mecanismos humanos del poder, del mal, de la violencia, de la corrupción, de la injusticia y de la marginación”.
Una Iglesia que promueve la cultura del cuidado
En este contexto, el Pontífice planteó su segunda pregunta: “¿Qué podemos hacer juntos, como Iglesia, para que el mundo en el que vivimos sea más humano, más justo, más solidario, más abierto a Dios y a la fraternidad entre los hombres?
“Es evidente que no debemos encerrarnos en nuestros círculos eclesiales y quedarnos atrapados en ciertas discusiones estériles, sino ayudarnos a ser levadura en la masa del mundo. Juntos podemos y debemos establecer gestos de cuidado por la vida humana, por la protección de la creación, por la dignidad del trabajo, por los problemas de las familias, por la situación de los ancianos y de los abandonados, rechazados y despreciados. En definitiva, ser una Iglesia que promueve la cultura del cuidado, la compasión por los débiles y la lucha contra toda forma de degradación, incluida la de nuestras ciudades y de los lugares que frecuentamos, para que la alegría del Evangelio brille en la vida de cada uno: este es nuestro “buen combate”.
Metropolitanos: Centinelas vigilantes del rebaño
El Papa concluyó su homilía con un saludo a la delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla y a su patriarca Bartolomé, pero en especial se dirigió a los arzobispos metropolitanos presentes en la bendición de los palios que les serán impuestos una vez que regresen a sus sedes episcopales.
“En comunión con Pedro, ellos están llamados a ‘levantarse rápidamente’ para ser centinelas vigilantes del rebaño y a ‘pelear el buen combate’, nunca solos, sino con todo el santo Pueblo fiel de Dios”.
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?”. Ellos le respondieron: “Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas”. “Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?”. Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Y Jesús le dijo: “Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”.
1) Jesús preguntó: Porque espera que quienes lo siguen también estén atentos a la realidad que gira a su alrededor, que no vivan en una burbuja religiosa, en donde parece que todo pasa en el núcleo allí, con los apóstoles. Hay que mirar la realidad que nos rodea. Es necesario mirar a la gente y alrededor. Es algo que también pasa en estos tiempos, incluso dentro de los que integramos la Iglesia. Parece que nuestro mundo gira alrededor de la parroquia o movimiento y, ya está, dejando de lado lo que pasa en nuestra familia o en nuestro barrio. (Xanax) También hay que estar atentos a ello. Es importante escuchar al otro, escuchar a esa persona que no está metida en las cosas de Dios, escuchar al que piensa distinto. Incluso pasa esto en tu vida, que te quedas en tu núcleo de amigos y no estás escuchando lo que otros están viendo de vos o de tu actuar. ¿Qué dice la gente de vos? Pero no para que te condicione, sino porque hay una realidad que capaz no estás viendo. Uno se puede armar su círculo vicioso y dejar de ver el todo.
2) Tú eres: El acto de fe que muestra Pedro es clave, porque marca un antes y un después. Es interesante leer hoy este texto, ya que estamos en esta etapa de sinodalidad que nos vienen planteando hace un tiempo. En primera medida, escuchar, pero hay un segundo paso: “acentuar” verdades de fe. Clarificar que no somos populistas, somos cristianos que escuchamos y también que confirmamos nuestra fe en Dios, en cosas que son claras de nuestra vida cristiana. Vos podés escuchar y recibir aportes, pero en vos hay cosas esenciales que marcan tu vida y tu fe, las cuales tenés que acentuar. No tenés que ser una persona que actúe por la opinión de otros, tenés que ser una persona que mejore lo que sos con la opinión de otros.
3) Tú eres Pedro: Cuando haces el proceso en el que vos te encontrás con la escucha, pero acentúas en tu fe lo que es Dios en tu vida y cómo actúa, viene un tercer paso: confirmar tu identidad. Lo que vos sos y lo que te planifica y plenifica, ya que es Dios quien confirma con actos lo que vos sos. Veamos más claro. Tu vida debe pasar por escuchar a los demás sobre lo que dicen de ti, pasar a verte a ti y luego confirmar lo que vos sos con hechos concretos que pasan en tu vida, ya que es Dios quien te va confirmando con actos concretos lo que vos sos. Porque como dice la filosofía: “el obrar sigue al ser”. Vos haces cosas en tu vida por lo que sos. Pidamos por el Papa y por su salud, ya empezó a caminar nuevamente, que la Virgen lo cuide y proteja. Hasta el cielo no paramos.
Este es un seminario online, tendrá una duración de 45-60 minutos, es en vivo, los participantes tendrán la oportunidad de hacer preguntas, la Universidad FASTA entregará un certificado digital de asistencia. Para participar en el seminario pedimos un aporte voluntario. Este aporte nos permite continuar con este tipo de programas de formación cristiana.
El milagro de Juan Pablo I quien será proclamado Beato este 22 de septiembre de 2022
Temas a tratar:
Breve síntesis de la vida de Juan Pablo I. Puntos que lo relacionaron con la Argentina. (https://attap.umd.edu)
Pontificado: lo dicho y hecho en 33 días. Su muerte.
Proceso de canonización. El milagro. Hechos ocurridos.
Dictado por:
Pbro. Lic. José Dabusti
Estudió filosofía en la UCA y una parte de la teología en la UNSTA SEMINARIO. En Toledo, España.
Fue ordenado sacerdote en 1991.
Actualmente, es párroco de Nuestra Señora de las Mercedes.
Encargado de los procesos pre-judiciales de nulidades matrimoniales.
El Padre Dabusti fue el Sacerdote que le rezó a Juan Pablo I para pedir el milagro de la curación de Candela una niña que en ese entonces tenía 11 años y estaba hospitalizada a punto de morir
Dos testimonios extraídos del X Encuentro Mundial de la Familia, que el domingo 26 echó el cierre en Roma.
Familia cubana: Dios nos invita a mirar del techo hacia arriba
“Hemos venido con muchísima alegría porque veníamos con toda la familia, con nuestros tres hijos, a encontrarnos con otras muchísimas familias del mundo entero”, lo dijeron los miembros de la Comisión de Familia, representantes de la Conferencia Episcopal de Cuba para el X Encuentro Mundial de las Familias, el último día de congreso teológico pastoral al señalar que, “el saber qué la familia es un regalo, un don de Dios, qué hay tantas familias, que así también lo viven y lo creen. Entonces, celebrarlo y aquí en Roma y junto con el Papa, que está defendiendo tanto a la familia, pues es verdad que es una ilusión y una alegría tremenda”.
Al comentar, el tema central de este último día de congreso, los representantes cubanos señalaron que, los testimonios de esta jornada han sido profundos, sobre todo, la de una familia que perdió a tres de sus cuatro hijos. También, el testimonio de la santidad en la vida familiar que pudiera sintetizar en las dos frases que nos dejaron, además, de toda la riqueza del testimonio: “mirar más arriba del techo, nuestro techo nos roba mucho la paz por poner lo material en la mesa, por garantizar lo mínimo para el sostenimiento de la vida y, sin embargo, la invitación es mirar más arriba del techo, del techo hacia arriba”. Han sido dos mensajes que recojo y que en acción de gracias ofrezco al Señor por ponerlos en mi vida.
Asimismo, los delegados de la Comisión de Familia señalaron que, no solo Cuba, sino toda la Iglesia sigue teniendo este desafío de coger esta invitación a ser Iglesia sinodal, a aprender a hacer pastoral sinodal, con participación, con comunión, con servicio, en salida, con misión. Lo que hemos visto aquí, nos ha ofrecido la confirmación en la fe y en el regalo que es Jesús, el Magisterio de la Iglesia, la Palabra de Dios y el mismo amor de Dios para toda la familia. Que esto podamos comunicarlo nosotros, en ese modo tan novedoso y no por novedoso ajeno, porque es el modo de Jesús de comunicar la vida y el amor en el seno de la familia a la sociedad, y toda Cuba también necesita de eso.
Finalmente, los más jóvenes de esta familia cubana invitaron a los jóvenes del mundo “a tener esperanza, que hay gente buena en el mundo”, y que vale la pena apostar por el matrimonio y la familia. Estos días de Encuentro han sido muy buenos y nos han alentado a que, “deseemos la vida en familia, que podamos ayudar a otros a que también lo desean y puedan compartir y disfrutar de la vida en familia, que ya nosotros lo disfrutamos desde que nacemos”.
El matrimonio es un caminar diario, nunca una meta alcanzada”
“Nuestra Iglesia está atenta a las necesidades que tienen las familias dominicanas”, afirmaron John y Sandra Martínez, delegados de la Comisión de Familia de la Conferencia Episcopal de República Dominicana, en entrevista con Vatican News en el último día del Congreso Teológico-Pastoral.
Desde el Aula Pablo VI, los dominicanos expresaron que “es una esperanza saber que, con el acompañamiento, estamos llamados, principalmente los matrimonios, a llegar a las familias para atraerlas a Dios y vivir la santidad”.
“El Papa Francisco ha sido iluminado con el Espíritu Santo”, manifestaron con emoción, añadiendo que “se abre un mundo de esperanza” e invitaron a seguir luchando, porque “hay familias que están viviendo la santidad” en su vida cotidiana.
La pareja, que lleva 46 años de matrimonio, se declaró “loca” y “enamorada” de los matrimonios jóvenes. En efecto, en su país, como nos contaron, están dedicándose a implementar una experiencia de acompañamiento pastoral a los jóvenes, titulada “Camino hacia el matrimonio” y “Después de la boda, ¿qué?”. Refiriéndose al catecumenado, uno de los temas abordados en las ponencias, consideraron que su propuesta no es un “cursillo”, “sino un proceso, quizá la experiencia que estamos llevando no sea un catecumenado en sí, pero para nosotros, es lo más cerca que estamos de eso que el Santo Padre pide a la Iglesia para que podamos formar buenos matrimonios para el futuro de la Iglesia”.
Desde su experiencia, John y Sandra estimulan a los padres a “ser testimonio vivo para sus hijos”, de educarlos “en esa verdadera comunidad de amor”.
Con palabras enérgicas, sostienen que “tenemos que seguir adelante”, sin desvanecer, porque “no todo está perdido”, “la familia hay que resguardarla”, “la Iglesia doméstica hay que preservarla”.
Preparados para la eucaristía presidida por Francisco esta tarde a las 18:30 en la Plaza de San Pedro, dirigen un mensaje al Pontífice: “Que el Santo Padre sepa que hay mucha gente, muchos matrimonios, muchas familias que estamos rezando por él, lo estamos apoyando en todas las medidas, en todas esas orientaciones que él tiene para nosotros como Iglesia, así que al Santo Padre, todo nuestro amor de República Dominicana”.
Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía. Acercándose a él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: “¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!”. El les respondió: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”. Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma. Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: “¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?”
1) Un fuerte temporal: La vida está marcada por momentos. Hay momentos en los que parece que todo va bien, y hay momentos en los que sentís que no te sale ni una. Pero también están esos momentos que te marcan, porque sentís que tocas fondo… que no te sale nada. Es un plus de que todo está oscuro y que no podés ver nada. Es plus porque es no ver nada más la inestabilidad de no poder estar en pie. Es ahí cuando te viene el miedo y la angustia porque no sabes qué va a pasar con tu vida. No entendés nada y querés salir como sea de toda esa situación que estás pasando. ¿Vos pasaste momentos así? ¿Cuándo fue ese momento de incertidumbre, de tocar fondo?
2) Él dormía: Parece que Dios desaparece en estos momentos duros, como que no lo sentimos, no lo vemos. Son esos momentos en los que, aparte de sentirme solo en lo exterior, me siento solo en lo interior, cayendo en la situación de que ni tengo ganas de hablar con Dios y de hasta enojarme con Dios. Es un silencio de Dios que desespera y me lleva a enojarme con Él y también conmigo.
3) Calma: Cuando recurrimos a Dios, Él actúa y nos lleva a la calma. Es reconocer que es Dios y que su poder llega cuando menos lo pensamos. Pedile a Jesús que llegue la calma a tu vida, que te ayude a tener esa paz que no podés conseguir por vos mismo. Que aparezca en tu vida Jesús, para tener la paz que solo Dios puede darte. Hoy, pedí fe para confiar y paz para seguir adelante. Hasta el cielo no paramos