“La Santísima Virgen te espera”
Por la señal de la Santa Cruz+
de nuestros enemigos +
líbranos, Señor, Dios nuestro +
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo +
Oración inicial
¡Oh Virgen de la Medalla Milagrosa!, que te apareciste a santa Catalina Labouré en actitud de “mediadora”, para el mundo entero y cada alma en particular, entregamos a tus manos y confiamos a tu corazón nuestras súplicas. Dígnate presentarlas a tu Divino Hijo y concédenos lo que te pedimos, si está conforme a la voluntad Divina y útil a nuestras almas. Amén.
Lectura bíblica del segundo día:
“Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” Hechos 4, 20
El 18 de julio de 1830 todo era silencio donde dormía sor Catalina. Cerca de la medianoche escuchó que la llamaban por su nombre. Se despertó y vio a un niño, el cual le dijo: “Levántate pronto y ven a la capilla, la Santísima Virgen te espera”. En la capilla el niño le dijo: “Aquí está la Virgen Bendita”. Santa Catalina se arrodilló y apoyó sus manos sobre la Virgen y ésta le dijo: “Hija mía, el buen Dios quiere encomendarte una misión. Tendrás muchas penas que superarás pensando que lo haces por la gloria del buen Dios. Serás signo de contradicción, pero no temas, la gracia te acompañará para hacer lo que es necesario. Ven al pie del altar. De aquí, gracias serán derramadas sobre todos, grandes y pequeños, especialmente sobre aquellos que las buscan. Tu tendrás protección de Dios y de san Vicente, yo siempre te protegeré”.
Sor Catalina decía: “Fue el momento más dulce de mi vida, me sería imposible expresar todo lo que sentí”. Catalina creyó siempre que el niño que la había guiado era su ángel de la guarda.
- Pedir la gracia que se desea alcanzar de la Virgen de la Medalla Milagrosa en esta novena.
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
Oración final
Virgen Inmaculada de la Medalla Milagrosa eleva tus manos al Señor y vuélvelas luego hacia mí, Virgen poderosa. Envuélveme en los rayos de tus gracias, para que, a la luz y al calor de esos rayos, me vaya desapegando de las cosas terrenas, y pueda marchar con gozo en tu seguimiento, hasta el día en que me acojas en las puertas del cielo. Amén.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. +