El cielo bajó a la tierra
Por la señal de la Santa Cruz+
de nuestros enemigos +
líbranos, Señor, Dios nuestro +
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo +
Oración inicial
¡Oh Virgen de la Medalla Milagrosa!, que te apareciste a santa Catalina Labouré en actitud de “mediadora”, para el mundo entero y cada alma en particular, entregamos a tus manos y confiamos a tu corazón nuestras súplicas. Dígnate presentarlas a tu Divino Hijo y concédenos lo que te pedimos, si está conforme a la voluntad Divina y útil a nuestras almas. Amén.
Lectura bíblica del tercer día:
“Mi socorro viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra” Salmo 121, 2
En la tarde del 27 de noviembre de 1830, la Santísima Virgen bajó del cielo para manifestarse a santa Catalina de una forma inolvidable. La Virgen se presenta de pie, al lado del cuadro de san José, entre resplandores de gloria. Tiene en sus manos una pequeña esfera y aparece en actitud de éxtasis, como de profunda oración. A veces miraba el cielo a veces la tierra. Después de dejar de apretar la esfera contra su pecho, mira a santa Catalina para decirle: “Esta esfera representa al mundo entero, y a cada persona en particular. Es el mundo donde viven mis hijos. Estos rayos luminosos son las gracias y bendiciones que yo expando sobre todos aquellos que me invocan como Madre. Me siento tan contenta al poder ayudar a los hijos que me imploran protección. Hay que hacer una medalla semejante a esto que estás viendo, todas las personas que la lleven sentirán mi protección y recibirán gracias especiales. Estas gracias serán abundantes para quienes confíen en ella”. Sor Catalina contempló a la Virgen hasta que desapareció y quedó repleta de buenos sentimientos, alegría y consolación.
- Pedir la gracia que se desea alcanzar de la Virgen de la Medalla Milagrosa en esta novena.
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
Oración final
Virgen Inmaculada de la Medalla Milagrosa eleva tus manos al Señor y vuélvelas luego hacia mí, Virgen poderosa. Envuélveme en los rayos de tus gracias, para que, a la luz y al calor de esos rayos, me vaya desapegando de las cosas terrenas, y pueda marchar con gozo en tu seguimiento, hasta el día en que me acojas en las puertas del cielo. Amén.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. +