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En Venezuela hay ya un baño de sangre

por Editor mdc
Foto: Universidad Pontificia de Comillas

En las últimas semanas los obispos venezolanos han endurecido las críticas al Gobierno y, sospechan, empiezan a experimentar las consecuencias

Entrevista al arzobispo de Maracaibo, monseñor Ubaldo Santana realizada por el semanario católico Español Alfa y Omega

«No hay derecho a que nuestra gente tenga que sufrir tanto», decía el arzobispo de Maracaibo con lágrimas en los ojos, a un emocionado auditorio en una charla organizada la semana pasada por la iniciativa jesuita EntreParéntesis y la cátedra de América Latina de la Universidad Pontificia de Comillas. A la mañana siguiente monseñor Ubaldo Santana recibía a este semanario durante su visita a la Conferencia Episcopal Española. En particular, dice, le preocupa «la desnutrición infantil» y la falta de medicinas, «sobre todo las que se necesitan para los tratamientos más costosos, como el cáncer o la diabetes». Otro problema serio es, para él «la polarización política» en Venezuela, que dificulta una salida a la crisis. Todo ello –recuerda– acaban de denunciarlo los obispos venezolanos en su recién aprobada exhortación pastoral Jesucristo: luz y camino para Venezuela.

¿Cómo es ahora la relación de los obispos con el Gobierno? 

Sigue siendo difícil, quizá ahora más por las últimas intervenciones públicas de los obispos. Se están produciendo ciertas escaladas. Ha habido muchos más robos, asaltos a las parroquias… Vemos allí una forma de actuar que pareciera que estuviera como articulada o concertada. Y se están produciendo últimamente algunos hostigamientos y acosos a los obispos. Podemos decir que esto todavía es inicial, no sabemos si va a aumentar en el futuro, pero indudablemente no han mejorado las relaciones entre la Iglesia y algunos estamentos del Gobierno nacional.

Grupos populares que hayan sido armados, como se ha denunciado en otras partes del país, ¿los hay también en Maracaibo?

Grupos armados los hay en todo el país. En Maracaibo tenemos, además, grupos de delincuentes y pandilleros que parecieran gozar de cierta impunidad. Sabemos que hay mucho hacinamiento en las cárceles y algunas veces las autoridades han optado por la liberación masiva de presos para descongestionarlas. Y tenemos grupos de extorsión que operan en la ciudad, muchos encubiertos por organismos de la seguridad, y no pocas veces reforzados por efectivos de algunos de esos grupos, que de día ejercen el orden y de noche atracan. Y a esto se añade la presencia de los grupos armados irregulares en la frontera, procedentes de Colombia. Aseguran, previo pago de lo que llamamos una vacuna, la protección, el orden y la resolución de los pequeños conflictos vecinales.

¿Paramilitares?

Y guerrilleros, del ELN y de algunas facciones de las FARC, que siguen todavía operando. No todas las FARC se han desmovilizado.

El representante del Papa, monseñor Claudio Mario Celli, habló en noviembre del peligro de un baño de sangre en Venezuela. ¿Hay riesgo de una guerra civil, o más bien de que una parte de la población que está armada actúe contra la otra?

En este momento hablar de una guerra civil sería en términos muy asimétricos. La parte que posee armamento pertenece al oficialismo. Los grupos opositores no puedo decir que no tengan armas, porque hoy el tráfico de armas es incontrolable, pero quizá no en el número y la cantidad de los otros grupos. Eso no significa que no pueda existir un baño de sangre. De hecho, podemos decir que en Venezuela hay ya un baño de sangre de considerables proporciones. Hablamos de cerca de 30.000 asesinatos al año, y si no logramos encontrar caminos pacíficos para entendernos, ese número puede aumentar.

Acaba de celebrarse en Venezuela la primera asamblea de obispos y laicos. ¿Cómo resultó?

El balance ha sido altamente positivo. Se ha palpado una gran sintonía en el sentimiento de los laicos con respecto a la necesidad de un cambio político en el país, y esto lo recogió la exhortación. Hablamos de cómo puede jugar un papel más importante el laicado en la Iglesia y en su acción transformadora en las diversas realidades de la sociedad. También sobre la formación que se está ofreciendo a los laicos y su incidencia, porque vemos que no están suficientemente presentes como católicos en el mundo político, económico y cultural. El tiempo fue corto, pero dio pie a propuestas para futuros encuentros.

En la exhortación lamentan ustedes que la contribución a la paz en Venezuela del Papa ha sido malinterpretada. Ha habido críticas a que esta labor facilitadora del diálogo ha tenido como efecto la desmovilización de la oposición en un momento crítico…

Yo creo que ha sido un efecto indirecto, no buscado. El deseo del Santo Padre era ofrecer su ayuda, a pesar de que se conocía la complejidad del tema y la incertidumbre sobre la posibilidad de llegar a resultados concretos, o que podía aportar una razón para postergar opciones tan importantes como la puesta en marcha del referéndum revocatorio. Por parte del Gobierno se demostró desde el principio que no tenían interés en que se llevara a cabo el referéndum, pero la Santa Sede ha intervenido porque está profundamente convencida de que tarde o temprano tenemos que llegar a una solución pacífica. Es verdad, hubo en un primer momento la sensación de que la Santa Sede estaba actuando por un lado, y la Conferencia Episcopal, por otro…

¿Y era así? ¿Cómo se articula la actuación del episcopado con el enviado del Papa, monseñor Celli, y con el nuncio, monseñor Giordano?

La relación de la Conferencia con la Nunciatura ha sido muy intensa, frecuente y regular, a través de la presidencia de la Conferencia Episcopal. Ahora, cuando la Santa Sede toma la decisión de enviar a un facilitador y escoge primero al nuncio en Argentina, y luego a monseñor Celli, quizá ahí no estábamos nosotros perfectamente informados de quién venía, por qué venía y en calidad de qué, pero eso se subsanó con bastante rapidez, porque en cuanto monseñor Celli pudo, invitó a los obispos a una reunión para aclarar su rol, y los que no pudimos asistir a Caracas recibimos después información del nuncio. Pero la opinión pública no ha sido bien informada. En términos generales, la primera reacción fue de desconfianza y frustración sobre el rol que parecía jugar la Santa Sede, porque parecía más bien un freno y una distracción de lo que en ese momento significaba el enfoque sustancial de lo que se estaba buscando: una salida electoral, pacífica, no violenta, a través del referéndum.

¿Esa salida sigue existiendo? El 10 de enero se entró en los dos últimos años de mandato presidencial, con lo cual, de prosperar el referéndum revocatorio, ya no habría nuevas elecciones, sino que el número dos de Nicolás Maduro asumiría el cargo. 

Claro, el referéndum ya no tiene la misma fuerza. Ya no habría un cambio fuerte en la dirección política del país, sino la sustitución de unas personas por otras. Por eso ahora se piensa más bien en elecciones regionales, en elecciones nacionales e incluso algunos hablan del adelantamiento de elecciones presidenciales. Yo creo que lo que más puede encontrar consenso son aquellas opciones que figuran dentro del calendario electoral normal y que más se apegan a las fórmulas constitucionales.

Por: Ricardo Benjumea
Fecha de Publicación: 26 de Enero de 2017
FUENTE: www.alfayomega.es

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