Inicio MDC “Se valiente, la misión te espera»: un obispo en el Amazonas y una laica en Etiopía te lo explican

“Se valiente, la misión te espera»: un obispo en el Amazonas y una laica en Etiopía te lo explican

por Editor mdc
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La Iglesia celebra este domingo 22 de octubre la Jornada Mundial de las Misiones, más conocida como Domund bajo el lema “Se valiente, la misión te espera”

.En la rueda de prensa de presentación de esta jornada en Madrid (España), los misioneros españoles, Mons. Adolfo Zon, Obispo de Alto Solimoes (Brasil); y Belén Manrique, misionera laica del Camino Neocatecumenal en Etiopía, contaron su experiencia de cómo decidieron dejarlo todo para “llevar el amor de Dios” a los países más alejados.

¿QUÉ SON LAS MISIONES?

La misión de la Iglesia es llevar el Evangelio a todo el mundo. Llamamos “las misiones” a los territorios donde esa misión está comenzando y por eso es necesaria la ayuda personal de los misioneros y la ayuda económica de la Iglesia universal.

«Sólo un 18% de la humanidad conoce experiencialmente a Jesucristo y un 38% de los territorios de la Iglesia son zonas de misión», explica Anastasio Gil, director de Obras Misionales Pontificias en España (www.omp.es). Este sacerdote, incansable en la promoción misionera, ha recordado algunas exhortaciones del Papa Francisco al respecto: «Sin mística la misión no sirve para nada», «hay que tener pasión por la misión», «hay que ir más allá de lo inmediato».

 

El vídeo del Domund 2017 insiste en el concepto de «valentía» para salir

 

 

En Etiopía, con los pobres y las prostitutas

 

Belén Manrique, misionera laica en Etiopía

Belén Manrique, misionera laica en Etiopía

 

Somalí moribunda a Belén Manrique, misionera laica en Etiopía: “Cuando salga de este hospital quiero ir a tu Iglesia”.

Belén Manrique, misionera laica de 30 años, que ya lleva algunos años en Etiopía, anima a los jóvenes con ese «sed valientes». «El mejor proyecto de vida lo da el Señor; darse a los demás y responder a lo que Dios te pide te hará feliz. Dios sabe cómo llevar tu vida a algo mil veces más apasionante que lo que tú puedas pensar. Lo importante es encontrar a Cristo: sin ese encuentro, ni evangelizas en misiones ni en el bar de enfrente de tu casa», afirma. 

Belén explica su vocación como laica misionera. De niña, en el colegio, ya vio un vídeo de una fundación de Nacho Cano (el cantante de Mecano) que trabajaba con niños de la India. A ella le despertó un deseo de ir allí, y le asombraba que a sus compañeras el vídeo no les afectase como a ella. Años después, ya adulta, pudo pasar un tiempo en Calcuta, con las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa. «¿Cómo viven así, es que no son humanas, es que son dioses?», se planteaba ante su ejemplo, que le interpelaba. 

Hizo luego una experiencia misionera breve en Etiopía y vio que eso la llenaba, más que la vida en España como periodista. De vuelta a España, en una noche de Pascua con el Camino Neocatecumenal, «viví la presencia de Cristo, con su paz y alegría. Sentí que tenía que anunciar eso, que Cristo salva, a todo el mundo». En verano de 2014 llegó a Etiopía para colaborar en la misión del padre Christopher Hartley en la frontera con Somalia, «con gente que vive en condiciones muy pobres, de sufrimiento, y más aún entre las mujeres». 

En un entorno de islam radical, de miseria y de desprecio a la mujer, trabajó con las mujeres pobres que acaban como prostitutas de los soldados de la frontera, que luego enferman. «Nos hacíamos amigas de estas mujeres, para lo bueno y lo malo. Mueren de sida, de tuberculosis, y las acompañamos en esos momentos. Recuerdo una mujer enferma, moribunda, enfadada con la vida, que gritaba a todos, menos a nosotras, que la acompañábamos. Yo lavaba su ropa que olía muy mal y me sentía una privilegiada. Días antes de morir, nos dijo: ‘cuando salga del hospital, me gustaría ir a vuestra iglesia’. No pudo ir, pero ella conoció el amor de Dios».     

Actualmente Belén está en Adís Abeba, la capital etíope, preparando una misión «ad gentes» del Camino Neocatecumenal que, cuando cristalice, debería llegar a contar con 4 o 5 familias misioneras apoyadas por un sacerdote y un par de laicas, incluyéndola a ella. Ha dedicado el último año a aprender allí la lengua local, el amhárico.

En el Amazonas, entre la selva y las drogas

 

Mons. Adolfo Zon misionero en Brasil, en la desembocadura del Amazonas

Mons. Adolfo Zon misionero en Brasil, en la desembocadura del Amazonas

 

“¿Crees en Jesucristo? Anúncialo”. Decidió entonces entregar su vida a la causa misionera con la familia de los Javerianos, y desde 1993 vive en Brasil.

Adolfo Zon nació en Orense hace 61 años y es desde hace tres el obispo de Alto Solimoes, un territorio selvático del Amazonas brasileño, en la frontera con Colombia y Perú, del tamaño de «una Andalucía y media», en el que la gente se desplaza, sobre todo, por los ríos. «Hay solo unos 30 kilómetros de carretera asfaltada», señala. 

Adolfo Zon ya era seminarista y quería ser sacerdote cuando, con 22 años, leyó un cartel del Domund que decía: «¿Crees en Cristo? Anúncialo». Decidió entrar en los misioneros javerianos y con ellos sirvió desde 1993 en Brasil, en la desembocadura del Amazonas. Ahora es obispo en la otra punta del país. «Pero en ambos destinos he encontrado muchos laicos muy eficaces, comprometidos y evangelizadores», señala. Solo así se puede evangelizar allí. «Mi primera parroquia tenía 62 comunidades», recuerda. 

En Brasil aprendió a combinar la Palabra de Dios y la vida diaria. Desde la Doctrina Social de la Iglesia acompañó sindicatos de pescadores y campesinos y asociaciones que alimentaban niños y mantenían escuelas cuando los poderes públicos no lo hacían. «Hoy esos niños son universitarios ya formados», dice con satisfacción. Habla mucho de «sembrar sabiendo que otros cosecharán». 

Un día que le entristeció pero luego integró como una enseñanza útil fue aquel en que pidió a sus feligreses que le siguieran en una campaña… y le dejaron solo. «Entendí que yo no estaba para dirigir ni salvar a nadie, sino para acompañar y servir con los sacramentos, la pastoral, etc… acudir a lo que me llamaran». 

A veces los ríos se desbordan y los caimanes dan sustos en los pueblos. Otras veces se ha quedado en su barca sin gasolina, o enredado o atrapado en medio del río, esperando un rescate. Más triste ha sido ver como las balas de las bandas criminales, en un tiroteo, mataban hace 3 meses a una niña de la parroquia, muy cerca de su casa. «Hoy tenemos tres tipos de tráfico en nuestra triple frontera: de personas, de animales y de droga; esa es una fuente de problemas», señala. 

Y hay mucho trabajo que hacer con los indígenas de 11 etnias distintas en dos ríos, el Yabarí y el Solimoes. «Solo los indígenas picuna ya son unos 46.000», señala. Hay problemas de trata de blancas y, recientemente, un mal nuevo: una epidemia de suicidios de jóvenes y adolescentes, de causas aún poco comprendidas. 

Todo esto no le desanima. Quiere que vengan más misioneros a su diócesis (en la que no están ni los javerianos con los que ha trabajado toda su vida). «Esta experiencia es fantástica, con una vida que tiene muchos desafñios pero está llana de alegría», asegura. 

Para apoyar el Domund y las misiones visite:
www.omp.es/domund/ 

 

Fuente: www.religionenlibertad.com / www.omp.es

 

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