Inicio Historias Te recomiendo a mi médico, se llama Jesús

Te recomiendo a mi médico, se llama Jesús

por J.R. Arévalo
jose-arevalo

A veces los planes de Dios no tienen sentido para nosotros. Ahí estaba yo a mis veintinueve años con todos estos planes de comenzar una vida en común con mi prometida y ahora me encontraba en una encrucijada

Para el veinticuatro de julio de dos mil doce, mi novia Iti y yo habíamos sido novios por cinco años, teníamos seis meses de estar comprometidos y estábamos en medio de todos los preparativos de la boda, búsqueda de casa y todo aquello que implica hacer vida en común. Nos íbamos a casar por la iglesia el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción. Que providencial resultó ser ese día, ya la Virgencita sabía que íbamos a necesitar de toda su ayuda y auspicio.
 
Después de consultar a dos otorrinolaringólogos y un internista fui a pasar consulta con una Neumóloga, la doctora Choto de Parada, ella me dejó algunas medicinas y unos rayos X de tórax “pero sáquese una placa de Rayos X de tórax, porque ya tiene más de tres meses con tos”- me dijo en aquel momento. A la doctora me la había recomendado la doctora de la clínica empresarial. Ese veinticuatro de julio, me llamó la doctora de la clínica en el trabajo y me sentó, me dijo que en mi placa había aparecido un tumor del tamaño de una naranja, que no se sabía si era maligno pero que estaba ubicado en el mediastino, que era necesario que fuera ese mismo día donde la doctora Choto nuevamente. Salí del trabajo muy temprano ese mismo día, en casa hablé con mis padres e Iti y les conté la información que tenía hasta el momento.
 
Por la tarde la doctora nos explicó que era necesario hacerme un TAC para confirmar el tumor. Te imaginarás que con esas noticias mi madre era una bola de nervios y a todos nos caían las noticias como baldes de agua fría. Esa misma tarde me hicieron el TAC y los resultados confirmaron que era un tumor. La doctora ya no me dejó salir del hospital, pues era necesario hacerme una biopsia para determinar si el tumor era benigno o maligno, aunque las posibilidades que fuera benigno eran muy bajas. Entre al hospital un martes donde comenzaron a administrarme medicamentos en preparación para la biopsia que me hicieron el jueves por la noche. Nunca me habían puesto bajo anestesia general, solo logré contar de 10 a 9 y caí dormido. Cuando desperté en la sala de recuperación estaba desorientado, esto que voy a contarte pasó en cuestión de unos 2 segundos: traté de hablar, me atraganté con mi saliva, tosí, escupí sangre, sentí un dolor punzante, intenso y profundo en mi costado derecho, me llevé la mano al costado, sentí una manguera que salía de mi costado y se apoderó de mi un terror espantoso, unos cuantos segundos después el enfermero encargado de sala de recuperación me ubico, me recordó que me habían hecho la biopsia y me dijo que no me preocupara por la sangre, que cuando me sacaron el tubo de ventilación me rasgaron parte del paladar.
 
Unos cuantos días después de la biopsia llegaron los resultados y confirmaron que yo tenía un linfoma, es decir, cáncer. Esa palabra es difícil de asimilar, difícil de comprender y de aceptar. Puede llegar a producir un terror y un desbalance físico y emocional, ya que a veces es sinónimo de muerte. En mi caso, lo que provocó fue que volteara mis ojos al cielo, cual niño pequeño pidiéndole a su papá que lo tome en brazos y lo levante. Oré desde el más profundo y oscuro valle de mi vida para que mi padre celestial viniera en mi ayuda.
 
Como dicen, “a Dios orando y con el mazo dando”, por lo que de inmediato buscamos un oncólogo y consultamos con el Dr. Menéndez Leal quien, no conforme con los resultados de la biopsia pidió que los enviáramos a Estados Unidos.
 
A veces los planes de Dios no tienen sentido para nosotros. Ahí estaba yo a mis veintinueve años con todos estos planes de comenzar una vida en común con mi prometida y ahora me encontraba en una encrucijada, iba a comenzar una batalla por mi vida. Pero no estaba solo, Iti estaba dispuesta a caminar a mi lado durante esa difícil prueba, hubiese sido fácil para ella cancelar o posponer la boda. Además de Iti tenía el apoyo de toda mi familia, mis padres y mis hermanos, en especial de los cuidos de mi madre quien me puso en una dieta estricta de puros vegetales que me hizo rebajar diez libras en una semana.

José R. Arévalo y su esposa el día de su boda

José R. Arévalo y su esposa el día de su boda

 
Decidimos que no íbamos a parar la boda, si me iba a casar pelón, así sería. Continuamos con nuestras vidas, celebrando mi cumpleaños número treinta en medio de la incertidumbre de no tener un diagnóstico claro y aún sin saber cual sería el tratamiento, hasta que finalmente vinieron los resultados de Estados Unidos. Linfoma No Hodgkin de células grandes tipo B. Con el diagnóstico también tuvimos un tratamiento: 8 rondas de quimioterapia R-Chop y 25 rondas de radioterapia.
 
La primera quimio la recibí el uno de septiembre de dos mil doce. Ingresé tres días antes al hospital porque el tumor era tan grande que el doctor tenía miedo que sufriera de síndrome de lisis tumoral; para evitar esto me dieron esteroides por tres días para disminuir la inflamación del tumor lo más posible. Iti no estuvo para esa primera quimio, ya que como teníamos todos nuestros planes armados, ella ya tenía un boleto para ir a Miami a visitar a su papá y buscar algunas cosas para la boda.
 
Los síntomas de la semana siguiente fueron devastadores. Debilidad total de mi cuerpo, diarrea, problemas en los riñones, sabor y olor metálico una sensación de disgusto constante; dormía con el aire acondicionado al máximo y a dieciséis grados porque me quemaba por dentro. La buena noticia es que esa primera quimio devasto casi el cuarenta por ciento del tumor. La mala es que comencé a perder el cabello, pronto vi como mi almohada amanecía tapizada de cabellos hasta que llegó un punto en que parecía pollo recién nacido.
 
Puesto que no pude ir a trabajar, perdí mi trabajo pues en la empresa donde trabajaba estaba por servicios profesionales, aún con planes de boda no tenía un hogar que ofrecerle a Iti, tampoco tenía trabajo como para ser el proveedor de mi hogar, pero teníamos toda la fe puesta en Dios ya que, si había permitido esta prueba, también nos iba a iluminar el camino a seguir.
 
Durante ese tiempo, Iti y mi familia sufrieron más de lo que yo sufrí. En una ocasión, un día llegó un grupo de oración amigos míos a orar por mi mientras Iti estaba de viaje. Era un grupo carismático y a través de los dones del Espíritu Santo me dieron un mensaje para Iti que decía algo muy parecido a “Dile a Martita: Yo soy María Rosa Mística, sé por lo que estás pasando, apóyate en mí que yo te ayudaré”.
 
Aunque Iti aparentaba que todo estaba bien, por dentro no era así. Tenía miedo, ese miedo que provoca la palabra “cáncer”. En las noches, bajaba a la terraza de su casa cuando ya todos dormían para que no la vieran triste, temerosa y agobiada. Ahí, tenía una imagen de María Rosa Mística, a quien le pedía su intercesión. Una noche, cuando sus fuerzas desfallecieron y no pudo más, en su oración le dijo a María que la prueba era muy grande, que ya no podía más. Que ella sabía que lo que Iti estaba pasando porque, así como ella había visto morir a su hijo y no había podido hacer nada por ayudarle, así se sentía ante mi enfermedad. Nadie sabía esto, muchos menos estos amigos que habían llegado a orar por mí, con este mensaje no quedo duda alguna en el corazón de Iti que su oración si era escuchada. Desde ese día, la prueba no se hizo más fácil, pero Iti sentía esa paz que sólo viene de Dios y la confianza que todo iba a estar bien.  
 
Nos casamos el ocho de diciembre de dos mil doce, yo pesaba 139 libras y parecía el profesor X, Iti era una visión magnífica de blanco y el Padre Jaime nuestro párroco de la parroquia Cristo Redentor preparo un sermón maravilloso especialmente dedicado a nosotros dos. Hicimos nuestros votos matrimoniales conscientes de aquella partecita de “en la salud y en la enfermedad”, con la esperanza plena que aunque más adelante en el camino “por sus llagas yo ya había sido sanado” como dice Isaías 53:5. Y así fue, después de seis sesiones de quimioterapia porque las últimas dos no me las hicieron y después de veinticinco sesiones de radioterapia, viajamos con Iti a Estados Unidos para hacerme un PET scan. Un cuatro de julio de dos mil trece, los resultados del examen arrojaron la noticia: ¡Yo estaba libre de cáncer!
 
Quisiera decirte que el crédito es mío por haber superado esa enfermedad, pero no es así. Cuando me dirigía hacia mi casa ese veinticuatro de julio a contarle a mis seres amados del tumor, yo hice un pacto con el Señor y le dije “Señor, hagamos un trato, yo nunca voy a reclamarte ni a preguntarte por qué has permitido que me llegue esta prueba; a cambio solo te pido que así como permitiste que llegara te lo lleves y me sanes”. Desde ese día puse mi confianza en el Señor, yo nunca supe en que consistía la medicina que iba a tomar, nunca supe que efectos secundarios podía darme, porque sabía quien era mi médico de cabecera.
 
Quisiera decirte que tengo todo el mérito de haberme casado en las condiciones que lo hice, pero fueron las lágrimas de Iti las que al final me empujaron a hacerlo.
 
Si tu te pudiste levantar por tu cuenta este día, dale gracias a Dios, cualquier problema que estés pasando hoy, recuerda que pudo haber sido peor, que por lo menos tienes tu salud, y si por alguna razón no gozas de salud, te recomiendo a mi médico, se llama Jesús. Al final el Señor me restauró mi salud como se lo pedí, restauró mis finanzas y nos dio un techo un lecho y una mesa en la cual jamás ha faltado el pan. A veces los planes de Dios no tienen sentido para nosotros. Pero recuerda que “Sabemos, además, que Dios dispone todas las cosas para bien de los que lo aman, de aquellos que Él llamó según su designio” Rm 8:28.

 

José escribió el libro Un Alto en el Camino el cual puede
ser adquirido en Amazon

Un Alto En El Camino

 

Tu ayuda nos permite mantener esta página y 
 el proyecto de Misioneros Digitales

¡Gracias por tu generosidad!
¡Dios te bendiga!

 

Misioneros Digitales Donaciones

 

 

 

 

Related Articles

2 comentarios

Avatar
Astrid Alfaro julio 4, 2018 - 11:24 am

Gracias por compartir tu testimonio de vida de Fe de animo. Dios bendice todo lo que sucede para bien de los que le aman es una frase que Dios me ha inspirado en los momentos dificiles de mi vida y he visto su amor siempre. Bendiciones en su hogar y su amor

Reply
Avatar
Rita Valdez julio 4, 2018 - 9:13 pm

Para Dios nada es imposible si oramos con Fe. El sabe de nuestras necesidades porque nos ama pero quiere que seamos verdaderos hijos, que recurramos a El y le contemos nuestras penas, alegrias. que linda historia. Gloria a Nuestro Dios .

Reply

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: