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UN POCO DE BALANCE MATRIMONIAL

por José R. Arévalo
UN POCO DE BALANCE MATRIMONIAL

A menudo se suele escuchar que los matrimonios de hoy enfrentan más dificultades que los matrimonios de hace sesenta, cincuenta, treinta o veinte años.

Mucho se habla también que el ritmo de vida es más acelerado, que los niveles de estrés son muy altos. Lo de las dificultades aún no me lo creo, pienso que cada generación vive sus propias dificultades. Un día le pregunté a un señor con el que trabajaba “¿Cómo está don Héctor?” y el me respondió con una frase que me quedó grabada y que ahora ocupo frecuentemente; me contestó “aquí en la lucha, que es mucha”.

A lo que quiero llegar es: sí, nuestros niveles de estrés son muy altos, nuestro ritmo de vida es vertiginoso y esto lleva a los que viven en matrimonio a lidiar con muchísimas situaciones complicadas. Es cierto que hace sesenta años eran menos las mujeres que se aventuraban en el mundo laboral para quedarse laborando en casa como madres y atendiendo los quehaceres hogareños (tarea que aún hoy no es apreciada como se debe), también es cierto que el dinero alcanzaba más. 

Independientemente de las épocas en que nos toca transitar por este mundo, si tienes la dicha de estar en unión matrimonial, también tienes muchas dificultades que sortear y es ahí donde entra el balance en el matrimonio.

Tradicionalmente, se ha establecido que el hombre es el que da protección y sustento en el hogar y al menos en parte, esto sigue siendo así. Pero es necesario aclarar que un hombre debe proteger a su esposa, no porque ella sea débil, sino porque es importante para él. También hay que aclarar que, en muchas ocasiones, el hombre también necesita ser protegido y sentirse acogido. A lo largo de estos años de servicio en un grupo matrimonial me he dado cuenta que uno de los puntos que más estrés pone en el matrimonio es la disparidad en la apreciación del trato. Un hombre dirá que siente que su esposa no se interesa por él y la esposa dirá que él no aprecia todo lo que ella hace. Uno se siente descuidado y la otra se siente usada. 

A veces, el peor lugar para pulular esta en la misma cabeza, ante estos sentimientos de frustración y desencanto, lo mejor es dialogar. “Los dos serán una sola carne” Gen. 2:24 dice la escritura. Esto tiene tantas connotaciones, pero la que quiero traer a colación es esta: si ya no son dos, sino que es uno solo, entonces los esposos tienen la obligación y el derecho de hablarse de una forma respetuosa y ser oídos, comprendidos y respetados, así habrá balance.

 Con respecto al sustento, es necesario aclarar que hoy es más común que ambos traigan dinero a la casa y por tanto debe ser más común que ambos sepan administrarlo. No vale aquello de “lo tuyo es tuyo y lo mío es mío” o aquel otro dicho de “lo tuyo es mío y lo mío es mío”. Es obligación de ambos cónyuges llevar la provisión al hogar y es obligación de ambos administrarla correctamente, porque otra idea que gira alrededor de “Los dos serán una sola carne” es que ya no hay mío o tuyo, solo hay nuestro y todo debe aprovecharse para bien de los dos. 

He aquí una alocución hermosa respecto del matrimonio: Se dice que Dios no le dio dos alas a los seres humanos sino solo una; para que, buscando en esta tierra, encuentren a aquella persona que les complementará. Así unidos bajo el sacramento del matrimonio en un abrazo que dure todos los días de la vida ambos puedan juntar sus alas y alzar el vuelo.

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1 comentario

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Paula mayo 6, 2019 - 12:04 pm

Que bonita reflexión del final. Gracias.

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