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Jesús y la oración constante

por Pbro. Eduardo Acosta

A Jesús le gusta enseñar con parábolas y con ejemplos concretos de la vida de las personas. En esta oportunidad, su clase magistral será sobre la oración. 

En una oportunidad, Jesús quiere que sepamos la importancia que tiene la oración en la vida de sus discípulos. Y se inventa una parábola, Por un lado está el juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres: le faltan las dos notas esenciales para vivir la virtud de la justicia. Una  situación que se presenta tantas veces. Como si no los dijera ahora mismo, para las circunstancias que estamos sufriendo.

El juez y la viuda

Y una mujer viuda que es el símbolo de todas las personas indefensas y desamparadas de todos los tiempos. Esa mujer le va a servir para indicarnos dos características fundamental de la buena oración: que sea perseverante y con una fe viva. Dice San Lucas: “Había en una ciudad un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. También había en aquella ciudad una viuda, que acudía a él diciendo: «Hazme justicia ante mi adversario». Y durante mucho tiempo no quiso. Sin embargo, al final se dijo a sí mismo: «Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda está molestándome, le haré justicia, para que no siga viniendo a importunarme». Concluyó el Señor: “Presten atención a lo que dice el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche, y los hará esperar? Les  aseguro que les hará justicia sin tardanza”


Acciones y actitudes

En la vida sobrenatural, como en las cosas humanas, hay acciones que se realizan una sola vez: recibir el Bautismo, la Confirmación, el sacramento del Orden Sagrado. Otras, es necesario llevarlas a cabo muchas veces. Por ejemplo, perdonar, comprender, sonreír. Y hay acciones y actitudes que son de siempre, para las que hará falta vencer el cansancio, la rutina, el desánimo. Entre éstas se encuentra la oración, manifestación de fe y de confianza en nuestro Padre Dios, aun cuando parezca que guarda silencio. San Agustín, al comentar este pasaje del Evangelio, pone de relieve la relación que existe entre la fe y la oración confiada: «Si la fe flaquea, la oración perece», enseña el Santo; pues «la fe es la fuente de la oración y «no puede fluir el río si se seca el manantial del agua». Nuestra oración –¡tan necesitados estamos!– ha de ser continua y confiada, como la de Jesús, nuestro Modelo: Padre, ya sé que siempre me escuchas [4]. Él nos oye siempre.(Hablar con Dios)

El rezo de Moisés

En tanto, en el libro del Éxodo se propone la figura de Moisés rezando en la cima de un monte, mientras Josué se enfrentaba a los amalecitas en Rafidín. El autor sagrado quiere significar la misma enseñanza que Jesús expresa en la parábola. Hay que rezar con perseverancia y con fe. 

Vemos en el texto A Moisés en actitud de súplica. Mientras tenía en alto las manos, vencía Israel; cuando las bajaba, vencía Amalec. Y para que Moisés siguiera orando, Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado. Así, mantuvo en alto las manos hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su tropa, a filo de espada.(cfi Éxodo 17,8-13) Muy claro. No debemos cansarnos de orar. Y si alguna vez comienzan a hacernos mella el desaliento, hemos de pedir a quienes nos rodean que nos ayuden a seguir rezando, sabiendo, con una fe viva, que ya en ese momento el Señor nos está concediendo otras muchas gracias, quizá más necesarias que los dones que le pedimos. Dios siempre escucha y sabe que es lo mejor en ese momento.

Recemos como Moisés. Con perseverancia en medio del cansancio. El no podía mantener los brazos en alto tanto tiempo. Pero, con la ayuda de Aaron y de Jur, el Pueblo escogido pudo vencer a los ámalecitas. Ahora en nuestro país es mucho lo que está en juego. Es dura la pelea. Solo Dios sabe lo que falta. Entre todos sigamos orando, haciendo el bien y comprobaremos que Dios no pierde batallas.

La oración eficáz

Volvamos a la parábola para terminar.  El comentario lo pido prestado. «El final inesperado sucede precisamente después de un continuo ir y venir de la viuda y de las reiteradas negativas del juez. Termina por ceder el juez, y la parte más débil obtiene lo que deseaba. Y la razón de esta victoria no está en que haya cambiado el corazón del administrador de la justicia: la única arma que ha conseguido la victoria es la petición insistente, la tozudez de la mujer, la constancia que vence la oposición más tenaz. Y concluye el Señor con un fuerte giro: ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche, y les hará esperar? Nos hace ver que el centro de la parábola no lo ocupa el juez inicuo, sino Dios, lleno de misericordia, paciente y celoso por los suyos.”(Pasaje de: Francisco Fernández Carvajal. “Hablar con Dios )

¡Que claro es el Señor¡. Apretemos en la oración de petición. Trabajemos más nuestra coherencia de vida. El mal no puede derrotar el bien. Hagámoslo rezando el Santo Rosario en familia. Es una oración siempre eficaz. 

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