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Los haré pescadores de hombres

por Card. Rubén Salazar Gómez
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El Evangelio de hoy es muy hermoso, escuchémoslo con mucha atención:

Evangelio según san Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se  retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón  y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del  profeta Isaías:

   «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,  camino del mar, al otro lado del Jordán,  Galilea de los gentiles.   El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande;   a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,  una luz les brilló». 

  Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:    «Conviértanse, porque está cerca el reino de los cielos».   Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a    Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando    la red en el mar, pues eran pescadores.   Les dijo:   «Vengan en pos de mí y los haré pescadores de hombres».  

 Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.   y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo  de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca restaurando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. 

 Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.   Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas,   proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad  y toda dolencia en el pueblo.   

Palabra de Dios

Transcripción de La Voz del Pastor del 26 de enero de 2020

Este Evangelio que acabamos de escuchar tiene como dos grandes partes, en la primera, se muestra como la predicación, del ministerio de cristo nuestro Señor, realiza todas las promesas hechas por los profetas en el antiguo testamento, del salvador que viene a traer la luz de Dios sobre la humanidad, y una luz que viene sobre todos los seres humanos la región de neptalí, zabulón toda esta parte de galilea era considerada tierra de paganos, pues bien allí Cristo nuestro Señor inicia su ministerio para darnos a entender desde el primer momento, que su ministerio su misión es para todos los seres humanos, sin ninguna distinción.

 Y una segunda parte ella el llamamiento de los primeros discípulos, esto es bien interesante porque implica que nuestro Señor desde el primer momento de su ministerio quiso asociarse a su tarea, un grupo de personas, y no los más inteligentes, el papá Francisco con mucha frecuencia nos hace caer en la cuenta de que el Señor no nació en un palacio hijo de un emperador, sino que nació en un pesebre, y se rodeó de gente humilde, campesinos, bueno más que campesinos pescadores, gente sencilla, gente humilde de la galilea, entonces en ese llamamiento que el Señor hace, a estos pescadores, también estamos nosotros todos involucrados, porque desde el primer momento el Señor nos invita también a todos nosotros, representados en aquellas dos parejas de pescadores, a que de verdad nos sigamos y que seamos también nosotros de alguna manera pescadores de hombres, es decir que en primer lugar nosotros cada uno de nosotros, en nuestra vida personal sigamos a Cristo, seamos discípulos de Cristo,’ discípulo es el que aprende y el que aprende no simplemente una teoría sino el que imita al maestro, es aquel que vive como vive el maestro, en este caso concreto Cristo es nuestro maestro, y nosotros somos sus discípulos, nosotros escuchamos su palabra, nosotros transformamos nuestra vida a la luz de esa palabra de Él, pero al mismo tiempo tenemos que llevar a los demás, por eso el Señor inmediatamente les dice los voy a hacer pescadores de hombres, es decir los envía de alguna manera, ya desde momento a misión, les hace comprender que su tarea de seguirlo a él tiene una repercusión para con los demás, tiene una repercusión que va más allá de la realidad personal, para hacer de ellos instrumentos de Evangelización, instrumentos portadores del Evangelio.

Discípulos misioneros, ese es como los dos aspectos que al mismo tiempo están íntimamente unidos en la identidad nuestra como cristianos, discípulos del Señor y misioneros del Señor, vivimos cada uno de nosotros en nuestra vida personal, la realidad de que Cristo nos salva, nos libera, nos ilumina, nos conduce y al mismo tiempo nos hacemos testimonio hacia los demás de esta vida que vivimos como fruto de la salvación, que el Señor realiza en nosotros, y que por lo tanto nos permite poder llevar a los demás invitar a los demás a que ellos también reconozcan a Cristo y lo sigan y transformen su vida.

 Esto no es fácil y menos en el mundo de hoy en que realmente tenemos una confusión terrible de ideas, de propuestas, de todo lo imaginable, pero nosotros sabemos que hemos encontrado la luz estamos iluminados permanentemente por esa luz, y por lo tanto damos testimonio de esa luz.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre, Amén.

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