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La unidad de vida en Cervantes

por Egberto Bermúdez

Expresada de una manera sencilla, la unidad de vida es la armonía entre fe y vida. En el caso de Cervantes, en el prólogo de sus Novelas ejemplares, él está consciente de haber aprendido la lección de la paciencia durante sus años de cautiverio.

Expresada de una manera sencilla, la unidad de vida es la armonía entre fe y vida. San Pablo lo explica muy bien cuando escribe: “tanto si coméis, como si bebéis, o hacéis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”. (1 Co 10, 31) Por supuesto, este es un proyecto cuyo principal autor es el Espíritu Santo, a través de la gracia, pero que requiere de la cooperación del ser humano; por lo que, es también una lucha de toda una vida.

En el caso de Cervantes, en el prólogo de sus Novelas ejemplares, él está consciente de haber aprendido la lección de la paciencia durante sus años de cautiverio, pero también se muestra orgulloso de haber servido a su patria como soldado valiente y del sentido de servicio con que realiza su oficio de escritor. Piensa que sus obras deben ser ejemplares en un sentido doble: como modelos artísticos, pero también de honesto entretenimiento desde un punto de vista ético. Además, parece tener conciencia que por medio de ellas se juega la salvación: “que si por algún modo alcanzara que la lección de estas novelas pudiera inducir a quien las leyera a algún mal deseo o pensamiento, antes me cortara la mano con que las escribí que sacarlas en público. Mi edad no está para burlarse con la otra vida […]” (Prólogo a las Novelas ejemplares) Lo de “antes me cortara la mano” (recordemos que ya era manco), evoca las palabras de Jesús: “Y si tu mano derecha te escandaliza, córtala y arrójala lejos de ti; porque más te vale que se pierda uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo acabe en el infierno”. (Mt 5, 30)

Un prisionero virtuoso

Sabemos que Cervantes fue un prisionero virtuoso y un hombre de una fe profunda. La valentía del escritor durante sus cinco años de prisión en Argel está ampliamente documentada. Durante el cautiverio, su compañero, Antonio de Sosa, testifica que “se ocupaba muchas veces de componer versos en alabanza de Nuestro Señor y de su bendita Madre y del Santísimo Sacramento, y otras cosas santas y devotas, algunas de las cuales comunicó particularmente conmigo”. (Citado por Muñoz Iglesias, p. 328)

Si pasamos de la vida del escritor a su obra, comprobamos que también don Quijote se presenta como un caballero virtuoso y de una fe profunda cuando nos explica la relación entre la virtud y el cielo: “La senda de la virtud es muy estrecha (…) [Y] acaba en vida, y no en vida que se acaba, sino en la que no tendrá fin.” (II, 6) Además, enumera las virtudes del caballero andante: “… ha de ser teólogo, para saber dar razón de la cristiana ley que profesa, (…) ha de estar adornado de todas las virtudes teologales y cardinales (…) ha de ser casto en los pensamientos, honesto en las palabras, liberal en las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con los menesterosos y, finalmente, mantenedor de la verdad aunque le cueste la vida defenderla”. (II, 18)

Los últimos años

Es un hecho fehaciente que, en los últimos años de su vida, precisamente los de mayor producción literaria, la vida de piedad del escritor se intensifica. En 1609, en Madrid, entró en la Hermandad de los Indignos Esclavos del Santísimo Sacramento. Las obligaciones de los miembros de la Hermandad consistían en: la misa todos los días, el examen de conciencia, comulgar cada primero de mes, rezar a la corona de la Virgen, no faltar a los ejercicios de oración y disciplina, visitar los hospitales y asistir a los entierros de los cofrades. Tres semanas antes de su muerte entró en la Venerable Orden Tercera de San Francisco, a la que ya pertenecían su hermana Andrea y su esposa Catalina Palacios. Antes de morir recibió los sacramentos y nos dejó un ejemplo de buena muerte. Por último, por instrucciones suyas, lo enterraron en el convento de las trinitarias el 23 de abril de 1616. (Muñoz Iglesias, 328-329)

En conclusión, las virtudes humanas y las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad fueron esenciales en la vida del escritor Cervantes, pero, además, ocupan un lugar de honor en su obra maestra, de manera que es razonable afirmar que estamos ante una muestra excepcional de coherencia íntima entre fe, vida y literatura.

Egberto Bermúdez

Muñoz Iglesias, Salvador. Lo religioso en el Quijote. Toledo: Estudio Teológico de San Ildefonso. (Seminario Conciliar), 1989.https://soundcloud.com/egberto-bermudez/la-unidad-de-vida-en-cervantes?in=egberto-bermudez/sets/cervantes

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1 comentario

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Felux María 13 marzo 30, 2020 - 5:32 pm

Debo manifestar que me gusta estar en casa, lo que no ha sido aceptarlo por la situación en la cual vivimos del virus.
He tomado y así hago ese propósito de recibirlo como una Catequesis profunda del señor!!
Qué encuentro tal genial!!

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