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10 Minutos con Jesús. Hoy: ¿Dónde está Dios?

por 10 Minutos con Jesús

Ya en Semana Santa, compartimos una de las meditaciones que difunde el equipo de 10 Minutos con Jesús. El equipo de 10 Minutos con Jesús está conformado por sacerdotes y laicos de EE.UU., México, Inglaterra, España, Colombia, Kenya, Filipinas, que hacen posible que miles de personas de todo el mundo pasen 10 minutos diarios de conversación con Jesús a través de WhatsApp, Spotify, Telegram, Instagram, YouTube, Ivoox, Podcast de Apple, Google Podcast.

Señor mío y Dos mío creo firmemente que estás; aquí que me miras; que me escuchas. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto estos 10 minutos de oración contigo. Madre mía inmaculada, San José,  mi padre y señor, Ángel de mi guarda, interceded por mí.

Tres semanas

Estamos ya en la tercera semana de confinamiento. No sabemos cuándo acabará pero lo que sí sabemos es que lo que está tocando a su fin es la cuaresma. Mañana empieza la Semana Santa, con el Domingo de Ramos, y durante estas semanas, y especialmente en estas semanas de confinamiento, en esta cuarentena cuaresmal hemos procurado prepararnos bien. Hemos procurado, Jesús, disponer bien el corazón para escuchar más y mejor tu voz y la voz de los demás. Un tiempo para descubrir y encontrar a Diós. Descubrir a Diós. Algo que los fariseos por desgracia no hicieron. Llevamos ya unos cuantos días leyendo en el evangelio las discusiones que tenían con nuestro buen Dios. Le juzgan, le critican, le calumnian. Incluso llegan a decirle que está endemoniado. Se les podría aplicar lo que dice Chesterton sobre la mediocridad. ¿Qué es la mediocridad? Estar al lado de la grandeza y no darse cuenta. No supieron por la dureza de sus corazones descubrir a Diós,  que sí hicieron otros personajes del evangelio. Que sí queremos hacer Jesús nuestro cada uno de nosotros. Que sí  hicieron por ejemplo María, Marta y Lázaro. Por eso hoy en estos 10 minutos quería dejar un poquito de lado a los fariseos y hacer nuestra oración con el evangelio del domingo pasado, que como recuerdas es el evangelio de la resurrección de Lázaro.

Yo te aconsejo

Yo te aconsejo que leas la escena por tu cuenta. Y que mientras lees esa escena, procures meterte como si tú fueras un personaje más. Es una escena que ya conoces de memoria. Sabes lo que sucede. Sabes cómo termina. Pero  cuando la leas, por un momento te olvides de lo que pasa y que entres en la escena y sobre todo que tengas la mirada puesta en el más importante, en Jesús. En sus palabras, en sus reacciones, en sus gestos. Es un evangelio del que se podrían sacar muchas cosas; pero yo me voy a fijar solo en una, que es aquella con la que empieza San Juán el evangelio. Es el tema de la amistad. En aquel tiempo las hermanas de Lázaro le enviaron este recado: “Jesús, el que tú amas, está enfermo”. ¿Y porque me quiero fijar en la amistad? Pues mira, porque si lees este pasaje entero, te darás cuenta de que es una amistad que de buenas a primeras uno podría ponerla en tela de juicio. Como sabes Jesús amaba mucho a esos tres hermanos. De hecho así nos lo dice San Juan en el evangelio. Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Y las hermanas le envían a Jesús un mensaje para decirle que Lázaro está, mal está enfermo.Es muy bonito como describen esa relación de Jesús con Lázaro. “Tu amigo del alma está en las últimas”. Claro, ante una petición de ese calibre, uno espera pues que Jesús salga pitando. Si me dicen ahora mismo, por ejemplo, que uno de mis hermanos está enfermo, que está a punto de morir, yo me voy pitando al hospital en el que esté. Pues es un poco lo que le llegó a Jesús: “Señor el que tú amas, tu amigo está en las últimas”. ¿Y qué sucede? Que Jesús no va cuando se enteró de que estaba enfermo. Se quedó todavía dos días donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos “vamos otra vez a Judea” Y cuando llegan a Betania, Lázaro llevaba ya cuatro días muerto. Aquí uno podría poner en tela de juicio esa amistad con Cristo. No le quiere tanto. ¿Ha curado a otros? ¿Por qué le deja morir? ¿Por qué no sale pitando hacia Betania para curarle? ¿Qué tipo de amigo eres tú Jesús que permites la muerte de Lázaro? ¿Por qué Jesús mío, tú que eres amor puro, reaccionas así? ¿Por qué me choca esa reacción tuya que desquadra con lo que es la verdadera amistad? ¿Por qué no saliste corriendo a socorrer a Lázaro? Porque Jesús es lo que yo habría hecho en tu lugar. Y Jesús quizá te responde si efectivamente es lo que tú habrías hecho. Pero tú no eres Dios. El tema es que Jesús funciona con una lógica que no es la nuestra. Nosotros funcionamos con otra lógica. La lógica de Marta y de María. Se mueven en una lógica de amistad que es como la nuestra.  Nosotros sabemos que un amigo se reconoce en el momento de la dificultad y, en base al grado del problema que uno tiene, se pone de manifiesto como es un amigo. Por eso hay amigos y amigos. Los verdaderos amigos se muestran como tales según la grandeza del problema que hay que afrontar. Ante problemas pequeños están los amigos pequeños. Para los problemas grandes están los amigos grandes. Para los problemas verdaderamente complejos están los amigos auténticos. Jesús ¿qué tipo de amigo es? ¿Por qué ha dejado que muera o por qué llega en esa condición tan desagradable cuando ya no hay nada que hacer? Porque Jesús es un amigo que entra en juego a un nivel mucho más profundo que el nuestro. Nosotros esperamos que nuestros amigos nos ayuden con nuestros problemas, que resuelvan asuntos personales de mayor o menor calibre; pero Jesús es el amigo con mayúscula. Un amigo capaz de afrontar los problemas más potentes que existen. Capaz de afrontar y resolver aquellos problemas que humanamente ya no tienen solución. Es lo que hace con Lázaro. Afronta el mayor de todos los problemas: la muerte. Cuando ya no hay nada que hacer, llega Jesús. Cuando pensamos que ya no hay ninguna esperanza, llega Jesús. Cuando pensamos que algo ya no tiene remedio, llega el amigo con mayúscula. ¡Qué bueno eres Señor!

Un amigo en Lombardía

Cuando reconocemos que ya no hay nada que hacer, llega Diós, llega el amigo. Ha hace tres semanas, me llegó el testimonio de un médico de Lombardía, una región que está en el norte de Iitalia. Es su experiencia de conversión durante la pandemia del coronavirus, en esa región de Italia y, especialmente, en su hospital. Dice: “Nunca en las pesadillas más oscuras imaginé que podría ver y vivir lo questá sucediendo aquí en nuestro hospital. Desde hace tres semanas la pesadilla está fluyendo, el río se está haciendo más y más grande. Al principio vinieron algunos, y luego decenas, y luego cientos. Ahora ya no somos médicos sino que nos hemos convertido en clasificadores. Decidimos quién vive y quién debe ser enviado a casa. Hasta hace dos semanas mis colegas y yo éramos ateos. Era normal porque somos médicos y aprendimos ciencia y se le dijo a la ciencia que excluyera la presencia de Dios. Siempre me he reído de mis padres cuando iban a la iglesia. Hace nueve días un sacerdote de 75 años vino a nuestro hospital. Era un hombre gentil que tenía grandes problemas respiratorios. Llevaba un evangelio y nos impresionó que se lo leyera a los moribundos y que los moribundos le tomaban de la mano al estar todos los médicos cansados, desanimados, psicológica y físicamente agotados. Cuando teníamos tiempo, escuchábamos al sacerdote. Ahora tenemos que admitir que nosotros como humanos hemos alcanzado nuestros límites, más no podemos hacer. Más personas mueren diariamente. Estamos agotados. Ya tenemos dos colegas que han muerto. Nos dimos cuenta de que donde termina lo que el hombre puede hacer necesitamos a Dios. Comenzamos a preguntarnos cosas. Cuando tenemos algunos minutos libres, hablamos entre nosotros y no podemos creernos que de ateos feroces nos hayamos convertido en creyentes para encontrar nuestra paz, pidiéndole al Señor que nos ayude a resistir para que podamos cuidar a los enfermos. Ayer murió aquel sacerdote de 75 años. Hasta hoy, a pesar de que tuvimos más de 120 muertos, todos habíamos terminado creyendo. Estamos destrozados porque el anciano sacerdote consiguió durante su estancia traernos una paz que ya no esperábamos encontrar. El sacerdote se fue al Señor y pronto lo seguiremos nosotros. No sabemos cuándo. Llevó sin estar en casa más de seis días. No sé cuando comí por última vez y me di cuenta de mi inutilidad en esta tierra y quiero dedicar mi último aliento a ayudar a los demás. Estoy feliz de haber regresado a Diós. Mientras estoy rodeado por el sufrimiento y la muerte de mis semejantes”. Maravilloso testimonio. ¿Dónde está Dios? Dios está cuando humanamente ya no hay esperanza. Dios está en los imposibles de nuestra vida: Está en aquellos momentos en los que pensamos que ya no hay nada que hacer. Ojalá que en estos días de cuarentena, que en Semana Santa, tú también encuentres al amigo con mayúscula y pongas en sus manos tus limitaciones, tus miserias, tus desesperanzas. Ojalá escuches la voz de Cristo que te dice “no temas, yo soy la resurrección y la vida. Yo soy Dios, yo lo puedo todo. Yo hago nuevas todas las cosas  Yo soy el único capaz de convertir en vida con mayúscula esas situaciones de tu corazón, de tu alma, de tu existencia;  que tú consideras ya muertas. Esas cosas en las que piensas que ya no hay nada más que hacer, yo sí puedo. Confía en mi”.

Final, final

Te doy gracias Dios mío por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía inmaculada, San José, mi  padre y señor, Ángel de mi guarda, interceded por mí.

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