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La manifestación de Cristo como mesías

por Card. Rubén Salazar Gómez
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Empezamos hoy la Semana Santa, durante cinco semanas nos vivimos preparando que fue el tiempo de Cuaresma, para que llegando a este día del Domingo de Ramos, primer día de la Semana Santa podamos vivir una Semana Santa, escuchemos con atención pasión de nuestro señor Jesucristo:

Del santo Evangelio según SAN MATEO 27, 11 -54

EN aquel tiempo, Jesús fue llevado ante el gobernador Poncio Pilato, y este le preguntó: 

S. «¿Eres tú el rey de los judíos?», C. Jesús respondió: 
– «Tú lo dices». 
Y, mientras lo acusaban, los sumos sacerdotes y los ancianos no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó: 
«¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?». 
Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato: 
«¿A quién quieren que les suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?», 
Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir: 
«No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él». 
Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. 
El gobernador preguntó: 
S. «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?». C. Ellos dijeron: 
S. «A Barrabás», 
C. Pilato les preguntó: 
S. «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?». C. Contestaron todos: 
S. «Sea crucificado». C. Pilato insistió: 
S. «Pues, ¿qué mal ha hecho?», 
C. Pero ellos gritaban más fuerte: s. «[Sea crucífícado!». 
Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo: 
«Soy inocente de esta sangre. ¡Allá ustedes!», C. Todo el pueblo contestó: 
S. «¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!». 
Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. 
¡Salve, rey de los judíos! 
C. Entonces los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo: 
S. «Salve, rey de los judíos». 
Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar. 
Crucificaron con él a dos bandidos 
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su cruz. 
Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. 
Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz 
Los que pasaban, lo injuriaban, y, meneando la cabeza, decían: 
«Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz». 
Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también diciendo: 
«A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz y le creeremos. Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: «Soy Hijo de Dios»». 
De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban. 
«EIÍ; tu. lemá sabaqtaní?» 
Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente: 
 -su, Elí, lemá sabaqtaní?», C. (Es decir: 
~ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»), C. Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron: 
S. «Está llamando a Elías». 
Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber.
Los demás decían: 
S. «Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo», 
C. Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu. 
Todos se arrodillan, y se hace una pausa. 
Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que él resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos. 
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados: 
S. «Verdaderamente este era Hijo de Dios». 
Palabra del Señor. 

Transcripción de La Voz del Pastor del domingo 5 de abril de 2020

El Domingo de Ramos tiene como dos características, hay una primera parte del domingo que es la que nosotros celebramos con la procesión de los ramos, y la lectura del texto del Evangelio que nos narra la entrada triunfal de nuestro señor Jesucristo a Jerusalén.

Es una invitación que se nos hace, a descubrir desde el primer momento de la Semana Santa el triunfo de Cristo, sobre la muerte y por lo tanto la resurrección de Cristo, en ese sentido el Domingo de Ramos como que anticipa el Domingo de Pascua y nos pone un marco fundamental para entender toda la celebración de la Semana Santa.

 El Domingo de Ramos entrando el Señor a jerusalén es decir manifestándose plenamente como el mesías como el prometido de todos los profetas, como el hijo del padre que viene a salvarnos y el Domingo de Pascua como el Señor resucitado, que da la vida al mundo a todos los que creen en él, de esta manera que toda la Semana Santa queda permanentemente unida, y permanentemente iluminada por estos dos acontecimientos fundamentales.

 La manifestación de Cristo como mesías, la manifestación de Cristo mesías resucitado, fuente de vida para todos los que creen en él.

 Yo los invito a que a vivir así la Semana Santa porque a veces nos perdemos en detalles en cosas, no tenemos como el sentido fundamental de todas las semanas y si esto es así, por eso es que se lee hoy en una segunda parte de la celebración, en la eucaristía se lee el relato de la pasión de nuestro señor Jesucristo, es un relato sobrecogedor, lástima que nosotros lo escuchemos solamente en Semana Santa, el domingo de Ramos y el viernes Santo,  lástima que solamente una vez al año como que se ha colocado plenamente ante nuestros ojos lo que significó la pasión y muerte del señor Jesucristo.

Nosotros generalmente mantenemos la imagen de Cristo crucificado como el signo fundamental del cristiano, en esto nos distinguimos fundamentalmente de otras confesiones cristianas no católicas para los cuales la cruz prácticamente ha desaparecido como signo, no, nosotros mantenemos el signo del Señor crucificado del Señor en la cruz muriendo por nosotros para darnos la vida porque indudablemente allí descubrimos el máximo la máxima prueba, el máximo signo del amor de Dios por nosotros, tanto amó Dios al mundo que le entregó a su hijo único, le entregó a su hijo,  el Señor muere la cruz víctima de la injusticia y de la violencia de los seres humanos, el Señor muere en la cruz cargando sobre sí todo el horror del pecado humano, todas las mentiras, toda la calumnia, toda la injusticia, toda la violencia, toda la indiferencia, a todos los irrespetos, todas las violaciones, todo lo que constituye, desafortunadamente la existencia de los seres humanos sobre esta tierra odios, envidias, rencores, asesinatos, muertes, infanticidios y todo eso lo asume él y no lo carga lo carga y lo carga, de tal manera que sufre la muerte decir va hasta el extremo de lo que significa asumir la realidad horrible del pecado humano, va hasta entregarse a sí mismo.

 Por eso tenemos que tener siempre presente ese amor de Dios no un amor teórico, no el amor manifestado en Cristo que muere por nosotros pero es una muerte, no para quedarse en la muerte no es la muerte, por la muerte, es la muerte para vencer la muerte y por lo tanto para darnos la vida de esta manera que la vida del cristiano es un pasar permanentemente de la muerte del pecado a la vida que el Señor le ofrece en su resurrección, es un estar en ese paso, y paso se dice en hebreo pascua pasa paso permanente de la muerte a la vida, porque es el paso permanente del amor de Dios que se nos manifiesta en Cristo muerto  y resucitado por nosotros.

Acojámoslo, acógenoslo, la fe es eso acoger al cien la fe es sencillamente ser capaces de reconocer que por nosotros no somos sino pobres pecadores, que no tenemos fuerzas para amar, que no tenemos fuerzas para hacer el bien que no tenemos fuerzas para liberarnos de todo lo que significa el pecado, de nuestra envida, la lujuria, la gula la avaricia, todo eso que hace que nuestra vida sea una esclavitud permanente de nuestras pasiones con nuestras propias fuerzas no somos capaces necesitamos que el Señor, que es Dios mismo vengan asuma toda esa realidad nuestra la clave en la cruz y de esa manera la destruya dándonos con la resurrección que es el triunfo de la vida sobre la muerte la posibilidad de vivir y de vivir en plenitud, ese es el sentido de la Semana Santa ojalá lo vivamos desde hoy, desde este Domingo de Ramos, y lo vivamos realmente como un compenetrarnos con esos acontecimientos salvadores, con acontecimientos de los cuales Dios se manifestó de una manera única, e irrepetible, y por lo tanto una ocasión también para nosotros única, de encontrarnos con ese amor de Dios, de aceptarlo plenamente en el corazón y empezar a vivir una vida nueva.

Es nuestra oportunidad, esa es la gracia que el señor luz brinda en esta Semana Santa, no la perdamos, no la perdamos, que desafortunadamente en los últimos años se ha ido creando más bien que las semana Santa es una semana de vacaciones, y entonces es una semana de vacaciones, entonces hay que irse de paseo, hay que irse de turismo, hay que irse a lo que sea, menos a concentrarnos en ese amor infinito de Dios que se nos daba que se nos manifiesta que se nos ofrece y que no está en nuestras manos por su gracia recibirlo y aceptar, vivamos las Semana Santa.

 La bendición de Dios todopoderoso, Padre Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre, Amén.

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