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Porque hasta el cielo no paramos… ¿cómo trabajo la espiritualidad?

por Editor mdc
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¿Qué es la espiritualidad católica para vos? ¿Cómo te ayuda en tu caminar hacia el cielo? ¿Cuánto tiempo le dedicás a Dios?

Cada uno vive la espiritualidad de manera diferente. Podría buscar libros que expliquen cómo trabajar la espiritualidad y escribir sobre el tema desde la teología; pero prefiero compartir lo que me dicta Dios al corazón. Aunque más de uno me podría decir que el título asusta, quise bajarlo a tierra para que intentemos reconocer y vivir la espiritualidad en lo cotidiano, como nos enseñó Jesús.

Preguntas y respuestas

Nuestras creencias son una fe viva y presente, los católicos no seguimos una idea ni adoramos objetos, tenemos una relación íntima con una persona concreta: Jesús. Una vez que sentimos que Él camina con nosotros, la respuesta que le damos depende mucho de cómo alimentamos esa fe.

Te invito a preguntarte y contestar con sinceridad: ¿Cómo siento mi fe? ¿Quién es Jesús para mi? ¿Me dejo guiar por el Espíritu Santo? ¿Creo que Dios es alguien cercano o lejano? ¿Converso con Él? ¿Lo trato como a un amigo o como a una mitología o personaje de la Historia? ¿Me preocupa que aumente mi fe? ¿Soy realmente consciente de cuánto me ama y me alienta a ser feliz de su mano?

Después de buscar y buscar el significado de la espiritualidad, llegué a la conclusión de que es el crecimiento de mi vida interior que se refleja en las obras. El punto de partida está en zambullirnos dentro nuestro y ver cuánto tiempo le dedicamos a la vida interior.

El trabajo espiritual que hacemos con la gracia de Dios tiene como fin acercarnos a nuestra meta, la vida eterna. Como nos enseña San Pablo en la segunda carta a los Corintios (12, 9-10), el Padre nos dice: “Te basta mi gracia porque mi poder triunfa en la debilidad”.

Así como dedicás tiempo a tu estudio o trabajo, a tus amigos y al ocio, la propuesta de hoy es que en cualquier momento o situación renueves tu encuentro personal con Jesús. ¿Cómo? Con los ojos y los oídos abiertos, con las manos tendidas, con la actitud dispuesta a dejarte encontrar por Él.

Día a día

Nuestra vida espiritual es como un edificio que se construye día a día. Los cimientos de la obra son la lectura de las Sagradas Escrituras, la oración humilde y la participación en la Santa Misa. El desafío es asumir el compromiso de que estas acciones para crecer en la fe sean parte de tu vida.

Con todo, hay veces en las que ponemos lo mejor de nosotros y sentimos que fallamos. En tal sentido, San Pablo nos ilumina nuevamente con su testimonio. En la carta a los Romanos (7, 18-20) expresa: «Puedo querer hacer el bien, pero hacerlo, no. De hecho no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Por lo tanto, si hago lo que no quiero, eso ya no es obra mía sino del pecado que habita en mí». Pidamos con fe entonces, no caer en tentaciones que nos alejan de Dios.

Por otro lado, caminar de la mano de Dios es tener la certeza espiritual de que él nos sostiene. Confiados en su Providencia, tenemos que aprender a descubrir qué es lo que quiere de nosotros, cuál es su Voluntad en cada situación que vivimos.

Orar desde el corazón es hacerlo desde los acontecimientos de la vida diaria: confrontar lo que ocurre fuera y dentro nuestro con la espiritualidad que nos da paz y alegría aunque todo parezca oscuro. Así como Jesús se retiraba a orar y tenía su momento de encuentro a solas con el Padre, vos también podés buscar un lugar y dedicar tiempo para charlar con Dios.

Dios está en los detalles, está en nosotros encontrarlo en las cosas simples de la vida. Seguir sus pasos consiste en dirigirme al hermano con una sonrisa, en llamar por teléfono o visitar a alguien que no veo hace mucho, en valorar la ayuda de un amigo. Gran parte de practicar nuestra fe es estar atento a las necesidades del prójimo y hacer lo posible por satisfacerlas con alegría.

Está en cada uno ver las pequeñas grandes oportunidades que se presentan en el día a día. Que Dios nos bendiga, porque hasta el cielo no paramos.

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