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Transfiguración

por Editor mdc
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“En el esplendor de la nube se oyó una voz: Éste es mi Hijo el amado; escúchenlo”

Evangelio según san Marcos (9, 2-19)

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, subió aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos.
Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún lavandero del mundo.
Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús:
“Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para moisés y otra para Elías”.
No sabía qué decir, pues estaban asustados.
Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube:
“Éste es mi Hijo, el amado; escúchenlo”, De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitará de entre los muertos.
Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos. 

Palabra del Señor 

Transcripción de La Voz del Pastor del 28 de febrero del 2021

En este domingo la palabra nos propone subir con Jesús al monte, al monte de la transfiguración, estar con Él, vivir la experiencia de la transfiguración con Él, escuchar la voz que desde la nube, se dirige a nosotros, es la voz del Padre, invitándonos a escuchar al Hijo; pero, si subimos con Jesús, si vivimos la experiencia de la transfiguración, debemos retornar con Jesús, bajar del monte santo, bajar del monte de la luz, del monte Tabor y ponernos en camino, aún en medio de las oscuridades, en medio de los sufrimientos, en medio de las pruebas y fragilidades del mundo, de la sociedad, de su familia, y de la vida de cada uno de nosotros.  

Subir al monte nos exige ser dóciles al Señor; así como Abraham, ser dóciles al Señor para ponernos en camino, estar en el monte nos exige la quietud, la contemplación, y la escucha: Éste es mi hijo amado, escúchenlo a Él”pero, descender nos pone en camino misionero, usted y yo, debemos asumir la tarea de la misión en la realidad y ese subir y bajar con Jesús, es la experiencia de todos los días, en su vida y en la vida de un bautizado; se sube con Jesús en la oración y en la gracia de los sacramentos y en la escucha de la palabra, pero se desciende a la vida, no nos apartamos de la realidad, nos metemos como una semilla, como fermento, como la mujer que amasa y mete dentro de la masa la levadura, para que todo lo fermente.

Si hemos tenido la experiencia del encuentro con Jesús y la Cuaresma nos lo propicia, nos lo ofrece; si hemos escuchado la voz del Hijo amado del Padre, entonces no podemos guardar eso para nosotros, debemos descender a la vida de todos los días, a la vida real, a la vida con sacrificios, a la vida con oscuridad, a la vida llana, difícil, de todos los días, para que allí podamos ser portadores de la buena noticia de la salvación.

El tiempo de la Cuaresma nos invita a vivir la experiencia transfigurante, del encuentro con Jesús, pero a comunicarla, una transfiguración que nos convierte en misioneros de la buena noticia y en este momento, su familia, la sociedad y el mundo, nos necesitan transfigurados y misioneros.

Que el señor en esta semana nos permita, escuchar su voz en el silencio de nuestra conciencia y en la oración diaria. 

Que el señor bendiga a su familia y la transfigure.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

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