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Fraile de las dos orillas

por Editor mdc
La Habana

El Padre español Manuel Uña, único e insigne orador en la ceremonia por el aniversario 293 de la Universidad de La Habana, considera que aquella designación demuestra que Cuba y los dominicos mantienen un «diálogo presente, que aspira a buscar juntos la verdad». En conversación con Habana Radio, agradeció que desde un año atrás, Eusebio Leal, su amigo, le invitara a impartir esa Conferencia Magistral.

Como si esta tierra no fuera ya la suya luego de tanto tiempo aquí, el Padre Uña, como le llaman comúnmente quienes le rodean y quieren, confiesa con humildad que luego de dictar la Conferencia Magistral con que se conmemoraron los 293 años de la Universidad de La Habana, «regresé a casa impresionado por la respuesta del auditorio tan selecto, por la presencia de tantas personas que no disimularon su respeto y su acogida».

Un año atrás, había sido el Dr Eusebio Leal, Historiador de La Habana y su amigo, quien le invitara para ilustrar y deleitar a los concurrentes con esa grande y sencilla sabiduría suya, ausente de poses pedantes, y en reconocimiento obvio a un hecho insoslayable: fueron frailes de su Orden de los Predicadores quienes fundaron la primera universidad habanera.

A pesar de los días transcurridos desde aquel acto en el Aula Magna del alto centro de estudios, el agradecimiento sigue latiendo desde su alma.

«Experimenté gratitud por lo que se me había confiado y porque habían confiado en mí. Por el aprecio del Dr. Eusebio Leal, extendido en el Dr. Félix Julio (Alfonso), quien hizo realidad su deseo. Gratitud por la deferencia que me mostraron el Sr. Ministro de Educación, la Rectora de la Universidad y todo el auditorio allí presente. Gratitud a mis hermanos dominicos que me acompañaron, conscientes de que en mi palabra también estaba la de ellos», dijo a Habana Radio.

El padre Uña es un heredero consecuente de las enseñanzas de Santo Domingo, fundador de la Orden, y del legado de los frailes que en fecha tan lejana como 1517 abrieron los portones de la primigenia universidad habanera, entonces erigida donde hoy se alza nuevamente el Colegio de San Gerónimo de La Habana.

Como aquellos, Manuel Uña ha fundado ahora un Centro de estudios que lleva el emblemático nombre de Fray Bartolomé de las Casas, y defiende y enarbola la idea fundacional de los dominicos sobre la importancia del estudio, y la convicción de que «donde se produce el conocimiento y la investigación están las posibilidades de desarrollo de lo humano».

Pero son más las razones dadas por él a su escogencia, y las esbozó durante aquella intervención. «Que haya sido invitado a hablar en la Universidad no es solo una justa memoria de lo pasado, sino diálogo presente, que aspira a buscar juntos la verdad, venga de donde venga, y construir juntos un futuro mejor para todos».

Su primera vez aquí procedente de Sevilla fue en 1986, seguida de otros 33 viajes que le hicieron cruzar el Atlántico «hasta que, finalizado el servicio que se me había encomendado, vine para quedarme en la isla donde anteriormente se había quedado Fray Bartolomé de las Casas. ¡También uno es de las dos orillas!».

El viaje definitivo fue un día lluvioso de 1993, en plena crisis conocida como período especial. Y aquí está el Padre Uña, respetado y querido por todos quienes le conocen y por los feligreses del nuevo San Juan de Letrán, así como por los numerosos alumnos que pasan por su Centro de estudio.

«Confieso que me siento cautivado por esta ciudad que me ha acogido como a un hijo. Es la ciudad de las columnas y de las luces de Alejo Carpentier, la Real y Maravillosa porque contiene en su vasto escenario historia, alma y esa mezcla de realidades distintas, abigarradas, inesperadas, de las que ha ido surgiendo su originalidad», confió al auditorio en la conmemoración universitaria.

Y abundó: «Muchos eras mis deseos de conocerla, especialmente cuando escuchaba la bella exposición de nuestro admirado y querido Dr. Leal, maestro de comunicadores, en el programa televisivo que recogía la historia de la ciudad y de su gente. Asido a sus saberes fui aprendiendo a Andar La Habana y durante 27 años he sido testigo de cómo el empeño de la Oficina del Historiador de la Ciudad ha logrado devolver la vida a edificios sombríos, aparentemente muertos, dignificando sus espacios en beneficio de la comunidad».

Lo que fue está en lo que es 

Sentados ahora frente a frente, el Padre Uña, jovial como siempre, accede a la conversación que él llena de enseñanzas, con esa locuacidad tan pertinente en la Orden de los Predicadores de Santo Domingo, y con la llaneza de quien se refiere a Cuba y a lo cubano con el pronombre «nuestro».

— ¿Cómo le hace sentir el reconocerse heredero de la obra en Cuba de los frailes que fundaron la primera Universidad de La Habana, y cómo les recuerda a la luz de tantos años?

—El verbo «recordar» en este momento trae a mi memoria el nombre de un catedrático de la Universidad de Salamanca, reconocido internacionalmente, admirado en España por su decisión de buscar personas con visión de futuro, el Dr. Joaquín Ruiz Jiménez, laico dominico y buen amigo mío. El 28 de enero del año 2000 lo invitamos para que dictara una conferencia en nuestra aula Fr. Bartolomé de las Casas, y nos decía: «Cuando se llega, merced a la Providencia del Señor, a la octava generación del recorrido vital, importa conjugar con sencillez algunos verbos: recordar, agradecer y recrear» .Hago propia esta «conjugación verbal» para responder a su pregunta.

«Ante todo “recordar”, lo que no es fácil, pues como diría Antonio Machado: “Guardo la emoción de las cosas, pero hay muchas lagunas en mi memoria”. Muchas emociones se me agolpan en el recuerdo cordial.

«Este año 2021 celebramos los 800 años del fallecimiento de nuestro fundador, Santo Domingo de Guzmán. Hombre movido por el espíritu y apasionado por la verdad, evangelizador incansable, dispuesto siempre a cruzar las fronteras de las culturas o aquellas impuestas por las inevitables diferencias entre los seres humanos.

«Lo segundo que deseo recordar es la llegada de los primeros frailes dominicos a Cuba en abril de 1515. Y lo tercero, la fundación de la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana, el 5 de enero de 1728.

«Paso al verbo agradecer, con la intuición martiana de que “ha de saberse lo que fue, porque lo que fue está en lo que es”. En Cuba la presencia de la Orden ha sido decisiva, como se demuestra en el hecho de que muchas páginas de la historia cubana fueron escritas por dominicos y algunas de las más notables es ya imposible separarlas del pensamiento cubano. La comunidad del viejo San Juan de Letrán en O’Reilly y Mercaderes, fue cuna y semillero de creatividad y audacia donde se formaron en su pensamiento cristiano nuestros primeros científicos, literatos, grandes profesores y médicos de talla universal, así como los primeros ideólogos de los derechos y las inquietudes del joven pueblo cubano. Ellos fueron portadores de ideas que superaron la propia universidad y lucharon por ir más allá de lo que habían aprendido.

«Los frailes predicadores sabemos que hemos de “recrear” el carisma que nos ha sido dado, para que la memoria presente pueda abrir las puertas a un mañana renovado. No basta quedarnos anclados en glorias pasadas, como bien nos lo recordaba San Juan Pablo II el 23 de enero de 1998 en el Aula Magna de la Universidad de La Habana: “Recuerden que la antorcha que aparece en el escudo de esta casa de estudios, no es solo memoria, es proyecto y futuro”».

La Habana

El «microclima» de Letrán

— ¿Cómo se mantiene su compromiso con la Ilustración? ¿Cómo es el trabajo del centro Fray Bartolomé de las Casas hoy?

—La Ilustración fue un movimiento cultural e intelectual, se denominó de este modo por su declarada finalidad de disipar las tinieblas de la ignorancia de la humanidad mediante las luces del conocimiento y la razón, caracterizándose por la pluralidad y la tolerancia.

«En la actualidad, para nosotros los creyentes, la fe y la razón son como dos alas en las que el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad… (Fides et Ratio). La Orden de predicadores, que desde sus orígenes fue fundada para el estudio y tiene entre sus santos a grandes figuras del pensamiento universal como Alberto Magno y Tomás de Aquino, encuentra en los centros educativos un espacio de razón y fe. Allí donde se produce el conocimiento y la investigación están las posibilidades de desarrollo de lo humano.

«Fue en la primavera del año 1994, unos años antes de aquella inolvidable visita en la que el verbo “abrir” sería grito fundamental, cuando los frailes dominicos, movidos por un sueño comunitario, decidimos abrir un espacio que fuese lugar de encuentro, reflexión y diálogo para todos los cubanos. El 30 de marzo de 1995 se dictó en el aula Fr. Bartolomé de las Casas del nuevo San Juan de Letrán, en el Vedado, la primera conferencia. Era la primera, fue primera y fue profética, nos atrevimos a abrir caminos de vida, de encuentro, de reconciliación y diálogo en nuestra Cuba, convencidos de que “vivir en el propio tiempo nos obligaba a un verdadero diálogo con el hombre”. 

«Y desde entonces el areópago de nuestra aula se vio enriquecido con una verdadera sinfonía de pensamientos y voces de las más variadas ideologías y creencias. La rica experiencia del aula hizo que en el año 1998 abriéramos un espacio mayor, el centro Fray Bartolomé de las Casas, en el que hemos ofertado a la comunidad estudiosa de La Habana, un lugar propio para el provecho y deleite de la lectura y la reflexión.

«En nuestra casa se ha cultivado desde el primer momento el lenguaje del amor y la verdad, del respeto y del diálogo; se han estimado las convicciones ajenas, también el amplio abanico de tradiciones culturales y religiosas. Por haber creído en el hombre y en la mujer cubanos, nos hemos sentido respetados y hecho creíbles para todos los estamentos sociales. Es lo que ha creado el “microclima de Letrán”, que tanto valoran los que ahí llegan. En palabras del Dr. Fernández Retamar, de feliz memoria, Letrán es lugar de encuentro de “dos mundos”.

«En estos momentos, el número de alumnos supera a los mil, y como podemos leer en la portada de la página web del centro, ya son más de 20 años arrojando luz sobre nuestro pueblo. Una luz que no se ha hecho mortecina gracias al empeño de su Rector y demás miembros de la dirección, quienes han sido capaces de adaptarse a las nuevas circunstancias de las personas y de los tiempos, actualizando los métodos y las formas.

— ¿Cómo han sido estos años suyos en Cuba? ¿Me actualiza acerca del trabajo del Centro de estudios hoy? 

—Hoy se habla de la cultura de la memoria histórica: “Nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa” (Papa Francisco, Fratelli Tutti 249). Actualizar significa entretejer lo pasado con lo presente, conscientes de que la vida se define no por el tiempo que pasa sino por la calidad de los encuentros, de los vínculos que establecemos.

«Como usted bien sabe yo vine de lejos, pero después de unos meses en La Habana, fui descubriendo la necesidad de conocer mejor a las personas y la realidad que tenía delante. Para eso, necesité limpiar mis cristalinos y acercarme a ellas con una mirada “sin estrenar”. Tomé la determinación de algo que me ha resultado muy valioso: dejarme enseñar que es tan importante como el querer aprender, dosificar las relaciones, dando tiempo a la escucha atenta y sosegada. Esto me ha ayudado a no querer correr tras la vida y aprender a comunicarme con lo nuevo que encuentro en el camino. 

«Recrear ha sido mi verbo preferido, no repetir ni repetirme, sino “renacer” actualizando la vida. Esta urgencia que sentí de acercarme más y mejor a las personas dio paso a la creación del aula y del centro. Fue un sueño comunitario que “paso a paso y respetando el propio paso” se hizo realidad. Los hermanos de entonces: los frailes José Manuel Fernández, Luis Muñoz,  Antonio Bendito, Pedro Román y un servidor, acogimos las diferencias, la pluralidad de tonalidades y matices humanos, sorprendiéndonos al constatar cómo el diálogo abre las puertas de la confianza, del respeto, de la mutua valoración.

«No podemos hacer hoy lo que hizo la comunidad del viejo San Juan de Letrán en el año 1728, ni lo que hicimos los frailes del nuevo San Juan de Letrán del Vedado en 1994. Las de hoy son realidades nuevas, maneras nuevas, que reclaman un lenguaje nuevo para un momento nuevo. Le pido al Señor no permita que envejezca recordando otros tiempos, sino que sepa abrazar al pasado y sin adherencias abrirme al presente, para continuar arando los surcos donde pueda germinar el futuro. Futuro que quizás no vea con los ojos del cuerpo, pero sí intuir y disfrutar con los del alma».

Escuchar, como el estetoscopio

— ¿Cómo le hace sentir el ser heredero de quienes fundaron la Universidad de La Habana, y continuador de su obra?

—Me sentí agradecido por pertenecer a la Orden de Predicadores, heredero de su espíritu evangelizador. Es la Orden que me ha formado, ayudándome a ser una persona abierta, con una visión positiva del mundo que me ha tocado vivir. Y es la Orden la que después de terminar mi servicio como Provincial, me envió a Cuba, en unas circunstancias muy específicas. Me fascinan las palabras de mi hermano Fray Timothy Radcliffe: “Necesitamos sentirnos a gusto en el tiempo, y también necesitamos vivir dentro de una historia que abarca el pasado y el futuro. Construimos un hogar con las historias de nuestros antepasados y nos sentimos a gusto cuando compartimos la esperanza en el futuro” (Fr. Timothy Radcliffe, “Pasión por Cristo, pasión por la humanidad”, Publicaciones Claretianas, Madrid 2004, p. 206).

«Experimenté gratitud por lo que se me había confiado y porque habían confiado en mí. Por el aprecio del Dr. Eusebio Leal, extendido en el Dr. Félix Julio, quien hizo realidad su deseo. Gratitud por la deferencia que me mostraron el Sr. Ministro de Educación, la Rectora de la Universidad y todo el auditorio allí presente. Gratitud a mis hermanos dominicos que me acompañaron, conscientes de que en mi palabra también estaba la de ellos.

«Estoy contento con mi suerte, estoy encantado con mi vocación, con la edad que tengo, con estar en Cuba y con vivir este momento. ¡Para estar desencantado no nací!

«Me sentí responsable de ser hijo de la familia de los Predicadores que ha escrito páginas tan gloriosas, también en Cuba, y que continúa en el empeño para que la historia por construir sea igual de digna y hermosa.

«Advertí la urgencia y la conveniencia de compartir con todos cuánto precisamos de una visión integradora de las diferencias. Al mismo tiempo era lo que estaba contemplando allí, en el aula. 

La Habana 3

— ¿Cuáles son, exactamente, las labores que Ud desempeña ahora?

—Ayer una persona me preguntó cuántos años tenía y me acordé de cómo José Saramago había contestado a esta misma pregunta: “¡No quiero pensar en eso!, tengo la edad en que las cosas se miran con más calma… pero con interés de seguir creciendo… Qué importa cuántos años tengo o cuántos espero, si con los años que tengo, ¡aprendí a querer lo necesario y a tomar, solo lo bueno!”.

«Mi misión hoy es vivir con lucidez esta hora y cerrar bien una etapa muy importante de mi vida. A los 85 años me encuentro dando el paso desde el trabajar y el mucho hacer al dejar de hacer, dejar hacer y como creyente, dejarle a Dios hacer su obra en mí. Siento la llamada a escucharme, recogiéndome en mí mismo, para ser cada día mejor persona.

«Solo así puedo ofrecer el servicio de la escucha gratuita, respetuosa y accesible para todos. Cuánto se aprende en esta tarea, que posibilita la empatía, el diálogo, el reconocimiento del otro más allá de sus condicionamientos culturales o ideológicos. ¡Le haría un monumento al estetoscopio!

«Escuchar me compromete a acompañar a las personas en su propio camino humano y espiritual. Caminar cerca de todos, aprendiendo el lenguaje de los más jóvenes que me ayudan a no envejecer demasiado pronto; de los más débiles, que me enseñan a ser agradecido; de los no creyentes, que me muestran lo imprescindible que es ser creíbles. 

«Mi misión de hoy no es retroceder al pasado para autocomplacerme sino continuar dando lo mejor de mí mismo. Es tiempo de abandonarme en las manos de Dios Padre que me creó y me recrea cada día. Es la hora de ser como el pan bueno que se parte, se reparte y se comparte sin prisas, sembrando la esperanza».

Autora: MARINA MENÉNDEZ QUINTERO

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