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El sepulcro está vacío, no sabemos quién se llevó el cuerpo del Señor

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¡Aleluya! Demos gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia; ¡Aleluya!

Evangelio según san Juan (20, 1-9)

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaba a Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:

“Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro.  Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro; vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor

Transcripción de La Voz del Pastor del 4 de abril de 2021

Simón Pedro y Juan, reciben un anuncio de las mujeres, de María Magdalena que ha ido al sepulcro muy de madrugada, en el primer día de la semana que es el domingo, a buscar a Jesús a buscar el cadáver, a encontrarse con el amado que ahora estaba sepultado, a llevarle las aromas, a rendirle un homenaje de amistad.  Pero estas mujeres reciben un mensaje que ella no logran interpretar; sin embargo, lo comparten con alegría, van corriendo entre angustia y alegría, van a avisarle a los discípulos: “El sepulcro está vacío, no sabemos quién se llevó el cuerpo del Señor.

Ellas ponen la dinámica a la iglesia, son las mujeres las que invitan a correr a Pedro, el Príncipe de los Apóstoles, a Juan y a los discípulos que van hasta el sepulcro. Juan llega primero al sepulcro, Juan es más joven,  pero espera que entre Pedro el mayor, el que tiene aquella promesa de: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”; llega Pedro y entra al sepulcro, se mete allí donde estuvo el cadáver de Jesús, donde estuvo el cuerpo después de bajarlo de la cruz y no encuentra al Maestro; encuentra los signos de la presencia de Jesús allí, pero no está Jesús allí y ellos en ese momento pasan de la duda a la certeza; ¡RESUCITÓ! ahora lo comprendemos todo, porque Jesús en el trámite de su vida, les había comentado varias veces: “tengo que ir a Jerusalén, tengo que padecer mucho, tengo que ser condenado a muerte, tengo que ser crucificado, sepultado, pero al tercer día voy a resucitar”

Ese tercer día significa que su cuerpo no se descompuso; para la mentalidad del pueblo de Israel la descomposición, la corrupción del cuerpo empezaba en el cuarto día; pero Jesús en el tercer día, el primer día de la semana, resucita, triunfa sobre la muerte, ya no está en el sepulcro, ya está libre y se va a encontrar con los discípulos y se desencadena una experiencia de vida nueva, en estos pescadores de Galilea;  ellos van a pasar de la duda a la certeza, van a pasar del encierro a la misión; Jesús les va a mostrar las heridas, los va a saludar, les va a dar la paz y los va a enviar. Se está cumpliendo la promesa de Jesús, Él va a resucitar de entre los muertos; eso no lo comprendían, pero cuando van al sepulcro vacío, no basta que sea el sepulcro, es que ellos empiezan a entender toda la historia, todo lo que habían caminado con Jesús, toda la experiencia que habían vivido con el hombre de Galilea, con el Maestro que los llamó un día cuando estaban allí en la pesca, van a entender la experiencia de encuentro con Jesús y van a entender lo que va a pasar ahora con ellos.

Tienen miedo y pueden tener miedo, porque nadie más había resucitado; pero poco a poco la comunidad de los creyentes va a experimentar la presencia del resucitado, Él se va a aparecer.

Durante la Pascua, nosotros celebramos durante 50 días las apariciones de Jesús, la presencia de Jesús y vamos a leer en el libro de los Hechos de los Apóstoles, cómo nace una comunidad de discípulos, de hombres y mujeres presididos por Pedro, por Santiago, por Juan, por los Doce Apóstoles que ponen en camino un anuncio, el anuncio del kerigma, de la buena nueva, de la Resurrección del Señor.

Esa es la tarea de todos nosotros los bautizados, anunciar que la vida es más grande que la guerra, que la violencia, que la muerte.  Pasar del luto a la danza, pasar del lamento al canto, al aleluya y lo necesita la humanidad entera; necesita ese anuncio de esperanza y de vida y esa es la Resurrección que vamos a celebrar durante la cincuentena de Pascua y todos los domingos serán día de Resurrección para que la vida de nuestras familias y de la humanidad entera vaya tocada, vaya impulsada, vaya iluminada, y motivada por el resucitado.

Que el Señor le permita a su familia llenarse de esperanza y de vida nueva.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.  Amén

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