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Meditación del día 20 de junio

por Pbro. Luis A. Zazano
Marcos 4,35-41FB

Evangelio según san Marcos 4, 35-41

Al atardecer de ese mismo día, les dijo: “Crucemos a la otra orilla”.
Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya.
Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua.
Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal.
Lo despertaron y le dijeron: “¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?”. Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: “¡Silencio! ¡Cállate!”. El viento se aplacó y sobrevino una gran calma.
Después les dijo: “¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?”.
Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: “¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?”.

Cruza a la otra orilla


1) Crucemos la otra orilla: los misioneros de lo cotidiano, como vos y como yo, estamos llamados a ir más allá, a estar al lado del que nos necesita. No nos podemos estancar en un solo lugar y en una sola persona. Somos pastores de las ovejas y no podemos estar dando exclusividad a una sola oveja, peinándola y despeinándola. ¡No! Hay que cruzar, ir al otro lado; nosotros llegar y no esperar a que el otro venga.
2) Se desató un fuerte vendaval: el cruzar a la otra orilla, el ir al otro, el misionar implica asumir riesgos, el riesgo de incluso perder la estabilidad. La evangelización también corre riesgo porque puede ahogarte y hasta hundirte. Hay que reconocer que muchos evangelizadores se ahogaron y hasta se les movió el piso. El cruzar orillas puede traer crisis, incluso pensar que Dios está como dormido. Por eso el misionero cotidiano debe ser valiente y prudente, pero no miedoso.
3) Vino la calma: en este interrogar a Dios, Él actúa. Dios aprieta pero no ahorca. Porque Dios también te invita a tener fe. La vida cristiana es una constante lucha de fe, en donde vencerás tus crisis desde la fe y la confianza. Por eso Dios, en el transcurso de la vida, te pondrá signos en donde después, con el tiempo, si miras atrás, te recordará que su mano está junto a vos. Cruza la orilla que, aunque entre agua en tu vida para ahogarte, si confías y tenés fe no te pasará nada. Anímate al desafío de cruzar, porque quien no arriesga no gana. ¿Y sabes? Jesús es el Emmanuel, Dios con nosotros.


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