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«Servir para anunciar el Reino de Dios»

por Mons. Luis José Rueda Aparicio
Sembrado Mc_4-26_34

“Es bueno dar gracias al Señor y cantar para tu gloria; ¡Oh Altísimo!, proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad”

Evangelio según san Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, Jesús decía al gentío:

“El Reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra.

Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.  La tierra va produciendo frutos sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega”.

Dijo también:

“¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra en la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echas ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra”.

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Palabra del Señor

Transcripción de La Voz del Pastor del 13 de junio de 2021

Estamos en el domingo, día del Señor y nos encontramos con Él, con el Maestro de maestros, en el capítulo 4 del Evangelio de san Marcos, que nos propone dos parábolas para explicarnos el Reino de los Cielos; recuerde que Jesús encuentra en las parábolas la manera de explicarnos y de explicar en todos los tiempos, lo que es el reinado de Dios, el Reino de Dios entre nosotros, en la historia, en la humanidad. Y en estas dos parábolas del capítulo 4 de san Marcos, nos encontramos con que hay una sola imagen protagonista, tanto en la primera, como en la segunda parábola; es la semilla, una semillita es la protagonista hoy y Jesús usa la imagen de la semilla para decir, que el Reino de los Cielos, que el Reino de Dios, que el reino de la justicia, de la vida y de la paz; del amor y de la verdad, se parece a una semillita. Eso tiene un gran valor porque la semilla es pequeña, el Reino de Dios son cosas pequeñas, son cosas cotidianas; ahí en su casa, en su lugar de trabajo, en su corazón, escuchando una canción, practicando un deporte, leyendo un libro, haciendo un momento de oración, en un trabajo manual, en una visita, en el encuentro con una persona, en las cosas pequeñas, cotidianas de la vida como una semillita, está la presencia de Dios. No es un Dios que se vale de lo espectacular, de lo sonoro, de lo que hace ruido, de aquello que tiene mucho colorido. Pasa a veces desapercibida esa semillita, es muy pequeña; pero dentro de cada semilla hay abundante vida.

Jesús había dicho en el capítulo 12 del Evangelio de san Juan, que el granito, que el grano de trigo si cae en la tierra, muere, se rompe, se descompone, da mucho fruto. Así es el Reino de Dios, es un reino que cae en la tierra, que hace contacto con la tierra y usted dirá: ¿Con cuál tierra? Con la tierra de su corazón, con la tierra de su conciencia, con la tierra de su familia, con la tierra de todo ser humano, hombre o mujer que quiere recibir esa semilla, que quiere acogerla, porque la semilla sin tierra no tendrían escenario para ser construido. Dios planta la semilla, nosotros somos el terreno, pero en esa pequeña semillita viene la presencia de santidad, de verdad, de alegría, de paz, para cada uno de nosotros; viene el Reino de Dios y ese reino va creciendo y es necesario que los evangelizadores hombres y mujeres; un catequista, un padre de familia, un párroco, una religiosa, alguien que quiera servir para anunciar el Reino de Dios, sepa que debe ser un terreno que recibe la semilla y que esa semilla va creciendo en su corazón.

No se vayan a preocupar queridos misioneros; hombres y mujeres; sacerdotes y laicos; no se preocupen si no ven los frutos, a nosotros nos corresponde sembrar la semilla, puede ser que nos sorprenda la hermana muerte sembrando. Seremos sembradores del Reino, seremos portadores del reino en los distintos ambientes; pero otros recogerán el fruto, otros han preparado el terreno, otros van a cultivar, van a cosechar después, frutos abundantes.  Es un proceso casi invisible, secreto, sutil, así es el Reino de Dios.

Hoy el Señor está sembrando en su corazón la semilla y usted la va a regar con su comportamiento, con su palabra, con su trabajo, con su descanso, con su oración, en todos los momentos de su vida.

Que usted sea un sembrador de la semilla del Reino, que el reino tenga vida abundante para usted y que usted además sea un terreno que recibe la semilla que Dios envía todos los días para el bien de su vida.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

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