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Meditación de día 27 de marzo

por Pbro. Luis A. Zazano
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Evangelio según san Lucas 15,1-3. 11-32

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”.
Jesús les dijo entonces esta parábola:
Jesús dijo también: “Un hombre tenía dos hijos.
El menor de ellos dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de herencia que me corresponde’. Y el padre les repartió sus bienes.
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.
El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
Entonces recapacitó y dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’.
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
El joven le dijo: ‘Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo’.
Pero el padre dijo a sus servidores: ‘Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado’. Y comenzó la fiesta.
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.
El le respondió: ‘Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo’.
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,
pero él le respondió: ‘Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!’.
Pero el padre le dijo: ‘Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado’”.

Estaba muerto y ahora vive

1) Dame mi parte: Cuando uno en la vida se cree en plenitud siente que todo es suyo. Esto te pasa a vos y a mí, con la vida, proyectamos como si fuéramos eternos. Incluso le arrebatamos al mismo Dios de la mano la vida. Y ya no lo hacemos partícipe de ella, porque ya es “mi vida”, Él ya no puede entrar. Solo dejo entrar al disfrute y al goce. Pero eso en la vida es temporal, el problema es que vos lo consideras como algo eterno. Cuando estás en abundancia de salud, de placer y de cosas materiales te sentís invencible e imprescindible. Pero es el tiempo quien te demostrará que todo tiene un fin en esta vida, y ahí viene tu mayor golpe.

2) Recapacitó: La necesidad te lleva a ver dentro de vos, a escucharte, a pensar y mirar tu historia. Es esto de darte cuenta que no sos eterno, que todo tiene un fin. Que en la vida no podés hacer lo que se te da la gana, que en esta vida todo lo que hagas tiene consecuencia, incluso sabiéndote dueño del poder podés terminar solo, y son nada en vos. Ya no tenía dignidad este muchacho, fíjate si vos no perdiste la dignidad.

3) Le diré: Es la etapa de volver. De encontrar a este Dios que está a la espera. Es poder meterte en la cabeza que Dios te está esperando, para que vuelvas a vivir con Él esta vida. Y que puedas recuperar lo mayor que perdiste, “la libertad”. () El mayor don que tenés es poder elegir, esto es clave desde tu Padre Dios. La Iglesia tiene que hacer fiesta por tantos que volvieron a Dios por tu ayuda. Ayudemos a que muchos vuelvan a vivir la vida, como es y no como ellos creen que es. Siempre hay tiempo para volver. Hasta el cielo no paramos.


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