Según palabras del poeta portugués Fernando Pessoa (1888-1935) el monumento más valioso y atractivo de Lisboa es sin duda el Monasterio de los Jerónimos.
Para comprender la grandeza de este monasterio debemos situarnos a finales del siglo XV, época de los grandes descubrimientos portugueses (Brasil – Cabo de Buena Esperanza), cuando este país, gracias a que tenía el monopolio de las rutas marítimas del Océano Índico y el Golfo Pérsico, era una gran potencia económica.
Historia
Hoy toda esta zona es tierra firme, pero entonces el mar se acercaba mucho a los muros del monasterio. Lo dejan bien claro las antiguas pinturas y grabados del lugar. Las embarcaciones llegaban a la playa de Restelo, que le daba nombre a la vieja ermita Ermida do Restelo. Esta ermita fundada por Enrique el Navegante, y en ella Vasco de Gama y sus hombres pasaron la noche en oración antes de partir para lo que sería el descubrimiento de la ruta hasta las Indias (el sueño de Colón).
Allí hubo antes una ermita y después una iglesia parroquial (Santa María de Belem), fundada por el infante Enrique el Navegante y que dejó al cuidado de los monjes de la Orden de Cristo.
Sobre este sagrado lugar Manuel I, en 1495, ideó levantar este magnífico monasterio, con la idea de hacer aquí el panteón dinástico de la Casa de Avís-Beja.
Manuel I consigue la bula papal para la futura iglesia del monasterio por parte de Alejandro VI en 1496. A cambio debían celebrarse misas diarias «por el alma del Infante don Enrique, primer fundador de este lugar (la iglesia anterior), y por la de dicho señor rey don Manuel, y de sus sucesores», además de facilitar a navegantes y peregrinos la posibilidad de confesar y comulgar. Concesiones que le otorgó el Papa a los monjes haciendo una excepción, pues éstas eran funciones de las parroquias y de las órdenes mendicantes.
De esta manera podían atender a aquellos hombres que marchaban al mar para formar parte de aventuras de las que no sabían si volverían con vida. Esto explica que haya a lo largo del costado norte de la iglesia, al que está adosado el claustro, una serie de confesionarios vaciados en el muro, a los que accedía el pecador desde la iglesia y el fraile desde el claustro.
La construcción comienza con Manuel I y termina con su hijo Juan III; aunque, a la muerte del rey Manuel (1520) las obras se paralizaron hasta su reinicio en 1544.
El monasterio fue confiado a los jerónimos, que estuvieron en él hasta 1833 en que fueron expulsados por la autoridad civil.
Ha sufrido reformas y ampliaciones, algunas poco afortunadas, hasta prácticamente el siglo XX. Nos referimos al largo cuerpo de lo que fue el dormitorio que tenía un magnífico pórtico de unos veintiocho arcos. Fue concebido como pórtico abierto, el célebre «alpendre». Sobre él se construyeron las celdas de los jerónimos, que miraban al mar. Se dice que el susurro del agua se escuchaba en los dormitorios de los cien monjes que habitaban el convento.
Aunque el Monasterio de los Jerónimos de Belem fue fundado en 1501, la primera piedra se colocó el 6 de enero de 1502, festividad de los Reyes Magos, con la clara intención de vincular a la monarquía reinante con la Biblia, es decir con la divinidad. Esto era algo habitual en las mentalidades de la época.
Descripción
Está considerado como la joya del estilo Manuelino.
El Manuelino, es el estilo artístico con el que se “bordó” el monasterio convirtiéndose en un programa propagandístico con el que Manuel I demostró su prestigio. Este estilo es la manera portuguesa de entender el gótico final con la mirada puesta en el Renacimiento. Su ornamenta combina imágenes religiosas con imágenes de mares (como algas, corales), así como gárgolas, laureles, barcos, cuerdas, nudos marineros, etc.
El proyecto inicial se debe al arquitecto francés Diego Boytac, que llevó las obras hasta que en 1516 le sucedió el español Juan del Castillo (Joáo de Castilho), quien introdujo cambios importantes, para seguirle después el escultor y arquitecto Diogo de Torralva.
Las dimensiones de la fachada principal pasan de los trescientos metros, donde existían las antiguas celdas monásticas que miran al exterior.
La portada sur, que es el acceso principal a la iglesia del monasterio, es de estilo tardogótico. Está flanqueada por dos vanos alargados con arcos de medio punto que están bordados literalmente con un encaje ornamental que festeja el derroche artístico de esta portada, dividida verticalmente en dos cuerpos.
La parte superior se cierra con una ventana de arco de medio punto rodeada de columnas que llegan hasta el suelo, adornadas con esculturas de apóstoles y santos. En la columna central, coronando la puerta, aparece el arcángel San Miguel, ángel custodio y protector de Portugal.
El cuerpo inferior lo cubre un arco conopial bajo el que hay dos puertas de madera separadas por una columna sostenida por dos leones (símbolo de la fuerza de san Jerónimo) y sobre ella aparece Enrique el Navegante ataviado como un guerrero.
El tímpano está decorado con bajorrelieves que representan escenas de la vida de san Jerónimo y el escudo de armas de Manuel I.
La puerta está cubierta con motivos manuelinos y en el centro del arco conopial, centrada sobre la ventana del segundo cuerpo, aparece una imagen de la Virgen de Belem.
A la izquierda de la puerta sur está el acceso a la iglesia de Nuestra Señora de Belem, claro exponente del viaje del gótico al renacimiento.
El simbolismo de esta portada está relacionado con la fecha del arranque de las obras (un 6 de enero). Por ello está coronada con el nacimiento de Jesús y tiene a su derecha la visita de los Reyes Magos y a la izquierda la Anunciación. Estos motivos no son gratuitos. Por debajo de estas imágenes, a ambos lados de la portada aparecen los Reyes Manuel I y María de Aragón. A él lo acompaña san Jerónimo, a ella san Juan Bautista. Son considerados retratos realistas de los reyes, con clara intención de relacionar la monarquía con la familia de Cristo.
Al acceder a la iglesia de Santa María de Belem se encuentra la grandiosa bóveda, cuyas nervaduras parecen una tela de araña. A la izquierda descansa Vasco de Gama y a la derecha el héroe de las letras Luís Vaz de Camões, quien vivió durante la época de los descubrimientos y epopeyas, escribiendo la obra cumbre de la literatura portuguesa “Os Lusíadas”, versos que describen el viaje de Vasco da Gama hasta llegar a la India.
El altar mayor es de estilo renacentista. El retablo lo adornan una serie de pinturas y un monumental sagrario del siglo XVII.
En la parte central y de espaldas al retablo mayor se encuentra la imagen de Cristo crucificado.
En los laterales del altar mayor se encuentran, apoyadas sobre elefantes, las tumbas del rey Manuel I y su esposa María de Aragón, su hijo Juan III y la esposa de este Catalina de Austria. Y, repartidos entre los altares del transepto, reposan el hermano de don Manuel, Enrique I y su bisnieto Sebastián I, reyes de Portugal.
El claustro del Monasterio de los Jerónimos de Belem es considerado una obra cumbre de la arquitectura portuguesa, por su originalidad y la belleza de sus esculturas y de los relieves de piedra, que prácticamente cubren la totalidad de los muros.
En una de las galerías de este magnífico claustro está enterrado Fernando Pessoa. Este poeta nació en Lisboa en 1888 y murió en 1935. Después de numerosos movimientos sus restos fueron llevados hasta este claustro en 1985. Escribió un gran poema alusivo al tema de los descubrimientos llamado Mensagem.


























La visita
El monasterio está en muchas de las fotos de Lisboa y diría que en todas las de Belem. Esta ciudad es prácticamente un barrio de Lisboa. Hay transporte público que une ambas ciudades, y, a rigor de verdad, no se sabe dónde comienza una y finaliza la otra.
Por ello, entusiasmados por las fotos y por conocer el templo, uno de los más bellos de Europa y seguramente el más bello de Portugal, nos dirigimos una mañana a conocerlo.
Llegamos muy temprano, tanto que aún no había siquiera fila de espera para el ingreso. Entonces, pasamos por la famosa casa de los Pasteis de Belem a desayunar. Definitivamente esto es algo que hay que hacer ya que los pasteles, creados con una receta secreta de los monjes y que fue cedida a los dueños de esta cafetería, son únicos.
Tras desayunar nos dirigimos hacia el acceso. Lo primero que encontramos es que la fila de ingreso, al menos en ese momento, se realizaba sobre la pared desde donde años atrás los navegantes se confesaban a través de las ventanas con los monjes de clausura que estaban detrás de los muros.
El ingreso propiamente dicho al Monasterio se realiza frente a la entrada de la iglesia. Entonces, antes de ingresar al monasterio, ingresamos al templo, que nos pareció oscuro. Sin duda nos llamaron la atención las lápidas famosas, pero al subir al coro, nos encontramos con la cruz y el Señor crucificado que parecía casi elevarse desde el piso hacia el cielo. Es un efecto muy particular que da el hecho de que la cruz está sostenida por arriba y uno se la encuentra desde el coro (piso elevado) frente a frente.
Allí el cuerpo se hinca, casi sin pensarlo, y la oración fluye desde el alma; el silencio, a pesar de los muchos turistas que había, parece ganar espacio. La reflexión y el agradecimiento dominan por completo el pensamiento.
Tras unos minutos en ese lugar decidimos bajar y comenzar nuestro recorrido por el monasterio, ya que al templo se accede desde fuera.
Al ingresar nos encontramos con el claustro, que nos dejó sin aliento.
Los arcos, las galerías, los ventanales, los azulejos son muy bellos, tanto en la planta baja como en la planta alta, desde donde se ven las hermosas y adornadas torres.
Finalizamos nuestra visita, aun con la sensación de gratitud que nos dio la imagen de Jesús crucificado que vimos en la iglesia, y con la idea de cómo el hombre, a partir de su arte, con el pasar de los siglos, buscó la forma de alabar a Dios, en este caso con un monasterio muy bello.
Tips de viajero:
- Dirección: Praça do Império 1400-206 Belem, Portugal.
- Horarios de misa:
- Lunes a viernes 09:30 – 19:00h.
- Sábados 10:30 – 19:00h.
- Domingos 09:00 – 10:30 – 12:00 – 19:00h.
- Horarios de visita: 10:00 – 17:30 h.
- Valor de la entrada: 10 euros.
- No dejen de probar los Pasteis de Belem, en la casa donde mantienen la receta original de los monjes.
- Visiten la Torre de Belem y el monumento a los descubridores.
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